Noticias17 de agosto de 2026·4 min de lectura

¿Puede un país ganar una guerra destruyendo los almacenes de comercio electrónico del enemigo? Ucrania está demostrando que sí, o al menos que puede hacer la vida radicalmente más difícil a millones de rusos sin disparar un solo misil balístico. Desde mediados de julio, los drones ucranianos han transformado el mapa económico de Rusia: el 40% de la capacidad de refinamiento está fuera de servicio, siete de los diez mayores centros logísticos de Wildberries están inutilizados, y las colas en las gasolineras de Moscú y San Petersburgo se han vuelto habituales.

En el quinto año de guerra, con el frente de batalla atascado, Kiev ha apostado por una estrategia diferente: destruir la economía rusa desde dentro. No con un gran golpe, sino con cientos de drones baratos, noche tras noche.

Drones baratos contra misiles caros: la asimetría que cambia la guerra

La diferencia entre las dos estrategias es brutal. Rusia usa misiles balísticos Iskander —y los KN23 suministrados por Corea del Norte— que cuestan cientos de miles de dólares cada uno y son difíciles de interceptar. Ucrania responde con drones Lyuti de largo alcance, similares a los Shahed rusos pero producidos en masa por la industria ucraniana a un coste mucho menor. La lógica es la misma que inventó Rusia: saturar las defensas con enjambres, no con proyectiles individuales de alto coste.

El resultado es una asimetría que favorece a Kiev. Rusia fabrica entre 150 y 300 drones Shahed al mes. Ucrania ya lanza cerca de 300 o 400 cada noche. Las defensas rusas, concentradas en blindar Moscú, dejan enormes zonas del país —Rusia es el país más grande del mundo— sin cobertura real. Y Kiev lo aprovecha.

Boris Aronstein, analista independiente de petróleo y gas, lo resume de forma directa: «Los ataques con drones ucranianos han causado la crisis más grave de los últimos años, porque el tamaño, la coordinación y las oleadas repetidas de drones impiden a Rusia reparar las refinerías antes de que se produzca el siguiente ataque».

El 40% del refino ruso destruido: gasolineras vacías en Moscú

La campaña contra las refinerías empezó antes que la de Wildberries, y su impacto se siente en lo más cotidiano. Cada semana, los drones ucranianos destruyen alguna nueva refinería o vuelven a atacar una ya reparada. El resultado acumulado: cerca del 40% de la capacidad de refinamiento de la Federación Rusa está fuera de servicio. En un país que depende del petróleo tanto para la economía civil como para la maquinaria de guerra, eso son colas kilométricas en las gasolineras de las principales ciudades.

Para las pequeñas empresas rusas, ya golpeadas por los aumentos de impuestos y las restricciones regulatorias derivadas de la economía de guerra, la crisis del combustible es un golpe adicional. Elina Ribakova, del Peterson Institute for International Economics, advierte que «la economía rusa se ha estancado: crecimiento cero este año, contracción en el primer trimestre, y desaceleración del sector de defensa». Una economía que frena es una máquina de guerra que empieza a notar el agotamiento.

Wildberries y las pequeñas empresas: cuando la guerra llega a la economía cotidiana

La campaña contra Wildberries suma una dimensión nueva: atacar no la infraestructura de defensa, sino la economía cotidiana de los rusos. La plataforma concentra el 45% de todo el comercio electrónico de la Federación Rusa y funciona como herramienta de supervivencia económica para más de 400.000 vendedores independientes. En apenas un mes de ataques con drones ucranianos, la empresa ha perdido hasta el 27% de su capacidad de almacenamiento: más de 1,5 millones de metros cuadrados de superficie logística destruida o inutilizada.

Los daños económicos directos superan los 100.000 millones de rublos (más de 1.200 millones de dólares), y en un escenario pesimista podrían llegar a los 6.000 millones de dólares. Wildberries arrastra además una deuda de 1,3 billones de rublos con bancos estatales como VTB. Si la empresa entra en crisis financiera grave, el golpe se trasladaría al sistema bancario ruso.

Perspectiva: Chatham House señala que «los ataques a Wildberries están acercando la guerra a la población rusa. Las opciones para mitigar estos costes parecen limitadas: una desgravación fiscal supondría presión adicional sobre el presupuesto federal, y trasladar los centros logísticos a los Urales o Siberia sería muy costoso».

Para los rusos y ucranianos que viven en España, la imagen tiene un eco familiar: muchos mantienen contacto con familiares que dependían de Wildberries para sus compras diarias, o que trabajan en las pequeñas empresas que vendían en la plataforma. El ataque masivo del 16 de agosto, con 600 drones hacia Moscú y siete de los diez mayores centros del Amazon ruso paralizados, no es solo una noticia de guerra: es el colapso de una rutina cotidiana para millones de personas.

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