Noticias3 de agosto de 2026·4 min de lectura

No es una sola instalación en llamas. Es una campaña sistemática. En menos de dos semanas, más de catorce centros logísticos del mayor minorista de Rusia han ardido o sufrido daños graves tras impactos de drones ucranianos. El objetivo: Wildberries, la plataforma que mueve siete millones de pedidos al día y que muchos en Rusia —y en la comunidad rusa en España— conocen tan bien como cualquier Amazon o Zalando occidental.

Una campaña de dos semanas contra el Amazon ruso

El último ataque registrado tuvo lugar el domingo 2 de agosto en la región de Samara, a unos 800 kilómetros de la frontera ruso-ucraniana. Un almacén de Wildberries ardió sin causar víctimas, según el gobernador local. La empresa informó de que había reorganizado sus cadenas logísticas para seguir operando desde otras instalaciones.

Pero la imagen de Samara no es un episodio aislado. La campaña ucraniana contra Wildberries comenzó el 18 de julio con ataques simultáneos en Elektrostal —al este de Moscú— y en la región de Tambov. Desde entonces, los drones han alcanzado almacenes en San Petersburgo, Penza, Udmurtia, Perm, Riazán, Crimea y ahora Samara. En total, al menos nueve personas han muerto y decenas han resultado heridas en el conjunto de la ofensiva. Según estimaciones de fuentes abiertas, los ataques han destruido cerca del 10% de la capacidad logística total de Wildberries — más de 550.000 metros cuadrados de espacio de almacenamiento.

Campaña en cifras: 14+ almacenes atacados · 9 muertos · 10% de la capacidad logística destruida · 550.000 m² fuera de servicio

¿Por qué Wildberries? La conexión militar

La justificación oficial de Kyiv parte del presidente Volodímir Zelenski: Wildberries estaría suministrando al ejército ruso piezas para drones y equipos de navegación, algo que la empresa desmiente. El think tank británico Chatham House añade que almacenes de la compañía habrían sido utilizados para guardar material militar, incluidos componentes de aeronaves no tripuladas.

Hay, además, un vínculo financiero. Fire Point, la empresa ucraniana detrás de los drones de largo alcance FP-1 empleados en la campaña, ha señalado que Wildberries está en el punto de mira por su asociación con el banco VTB, entidad controlada por el Estado ruso. La campaña tiene también un componente de presión económica: provocar pérdidas directas a decenas de miles de pequeñas empresas rusas que operan a través de la plataforma, y hacer que la población civil sienta el coste de la guerra en su vida cotidiana.

El gigante que viste a 110 millones de rusos

Para entender por qué los ataques tienen tal impacto simbólico, hay que saber quién es Wildberries. La fundó en 2004 Tatyana Kim, antigua profesora de inglés y madre de siete hijos, que construyó desde cero el mayor negocio de comercio electrónico de Rusia. Hoy figura como la mujer más rica del país, con un patrimonio estimado en 8.100 millones de dólares según Forbes.

La plataforma procesa más de siete millones de pedidos diarios, cuenta con más de 110 millones de usuarios activos y mueve un volumen de negocio equivalente a 66.800 millones de euros al año. Vende de todo: ropa, electrónica, herramientas, cosméticos. También ofrece reservas de vuelos y hoteles. Es, en todos los sentidos prácticos, el Amazon de Rusia — y en algunos mercados, también de Bielorrusia y Kazajistán.

Qué cambia para los rusos en España

Entre los más de 150.000 ciudadanos de habla rusa que residen en España, Wildberries es una referencia familiar. Muchos siguen usándola para pedidos a familiares en Rusia, o la conocen de primera mano por haber vivido con ella antes de emigrar. Los ataques contra sus almacenes no son, para esta comunidad, noticias sobre una empresa cualquiera — son golpes a algo tan cotidiano como el supermercado o el correo.

La campaña ucraniana continúa. Zelenski ha insistido en mantener la presión sobre la retaguardia rusa, y los drones de largo alcance siguen siendo la herramienta elegida. Mientras Wildberries reorganiza sus rutas logísticas desde instalaciones alternativas, la pregunta que queda abierta es cuántos almacenes más puede perder antes de que el impacto en la cadena de suministro se vuelva irreversible.

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