605 drones ucranianos en una sola noche. Dos refinerías alcanzadas a más de 700 kilómetros del frente. Y una frase de Zelenski que cambia el discurso habitual: los ataques de drones no solo debilitan a Rusia militarmente, sino que «fortalecen las perspectivas de la diplomacia». La campaña ucraniana de largo alcance entró el 6 de agosto en una nueva fase.
Bashkortostán y Yaroslavl: los nuevos objetivos
Ucrania confirmó haber alcanzado instalaciones petroleras en dos regiones rusas que, hasta hace poco, se consideraban fuera del alcance real de los drones de Kiev: Bashkortostán, en los Urales, y Yaroslavl, al norte de Moscú. Ambas están situadas a unos 700 kilómetros del frente de combate. El Ministerio de Defensa ruso reconoció que sus defensas antiaéreas derribaron 605 drones ucranianos durante esa noche, el mayor número interceptado en una sola jornada desde el inicio de la guerra.
La elección de los objetivos no es casual. Las refinerías rusas llevan meses bajo presión ucraniana. Según análisis militares independientes, Ucrania ha conseguido neutralizar aproximadamente el 40% de la capacidad de refinación primaria de Rusia desde el inicio de la campaña de ataques en profundidad. Cada instalación destruida o dañada es combustible que no llega a los tanques rusos en el frente ni a las estaciones de servicio del interior del país.
Esta no es la primera ni la más profunda de las incursiones ucranianas. En las últimas semanas, los drones del SBU —el servicio de inteligencia de Ucrania— han alcanzado objetivos a más de 3.000 kilómetros de la frontera, como la ciudad de Omsk, en Siberia. La campaña sistemática contra refinerías, depósitos de combustible y fábricas militares ha generado escasez de gasolina en algunas regiones rusas y ha obligado al Kremlin a reconocer públicamente los problemas logísticos que sufre su retaguardia.
«Nuestros ataques de largo alcance están reforzando las perspectivas de la diplomacia. Rusia debe elegir la paz.» — Volodímir Zelenski, 6 de agosto de 2026
El gobernador de Yaroslavl: el ataque más masivo desde 2022
El gobernador de Yaroslavl, Mikhail Evraev, calificó la ofensiva nocturna como el ataque «más masivo» contra su región desde el inicio de la guerra. Solo en Yaroslavl se derribaron 92 drones ucranianos. Las autoridades rusas confirmaron un incendio en una refinería de la zona, aunque minimizaron los daños. Zelenski publicó en sus redes sociales un vídeo en el que se veía humo negro elevándose sobre una instalación petrolera rusa.
Esa misma noche, Rusia respondió atacando una estación de tren ucraniana y un buque mercante. El intercambio refleja la dinámica actual del conflicto: mientras Ucrania lleva la guerra cada vez más adentro de Rusia, Moscú sigue castigando infraestructuras civiles ucranianas. Es la lógica de una guerra donde las dos partes intentan hacer insoportable la situación para la otra.
Drones como palanca diplomática
Lo más llamativo del mensaje de Zelenski no fue la confirmación de los ataques, sino el marco en que los colocó. Al decir que las ofensivas «fortalecen las perspectivas de la diplomacia», el presidente ucraniano está mandando una señal clara: Ucrania usa la presión militar para crear condiciones favorables a una negociación en sus propios términos, no como señal de rendición.
Esta estrategia tiene precedentes históricos, pero en este conflicto es una novedad. Durante dos años, Ucrania estuvo a la defensiva. Ahora sus ataques de largo alcance alcanzan los Urales, golpean el tejido económico ruso y obligan a Moscú a redistribuir sus defensas antiaéreas. Para la comunidad rusa y ucraniana en España, este cambio en el tono de Zelenski es relevante: la guerra entra en una fase donde la diplomacia y los drones ya no son opuestos, sino parte del mismo tablero. La cuestión es cuánto tiempo podrá Rusia aguantar antes de que su industria de guerra empiece a notar en serio las consecuencias de perder el 40% de su capacidad de refinación.

