Cuatrocientos drones en una sola noche. Ese es el número que el ejército ucraniano lanzó durante la madrugada del viernes al sábado contra el interior de Rusia, en lo que ya se describe como el segundo mayor ataque aéreo ucraniano desde el inicio de la guerra en 2022. El objetivo: dos refinerías de petróleo en el sur y suroeste del país. Las dos ardieron.
Ucrania lleva semanas intensificando su campaña de drones de largo alcance como parte de su segunda gran ofensiva desde que comenzó la invasión rusa. El ataque de esta madrugada es el más ambicioso en volumen: 400 aparatos no tripulados sobrevolando simultáneamente regiones rusas a cientos de kilómetros del frente. La estrategia ucraniana apunta directo a la economía de guerra de Moscú.
Sizrán e Ilsk: dos refinerías en llamas
El golpe más relevante llegó a la región de Samara, en el suroeste de Rusia, donde los medios ucranianos y el canal independiente ruso Astra confirmaron un incendio en la refinería de Sizrán, propiedad de la estatal Rosneft. Esta instalación procesa aproximadamente 8,9 millones de toneladas de petróleo al año —principalmente combustible para motores y embarcaciones— y ya había sido blanco de varios ataques ucranianos anteriores. El gobernador de la región, Viacheslav Fedoríschev, reconoció los ataques en Telegram aunque evitó especificar qué infraestructuras resultaron dañadas.
En paralelo, en la región de Krasnodar, al sur de Rusia, las autoridades locales confirmaron un incendio en la refinería de Ilsk. Como consecuencia del impacto de los drones ucranianos, cinco personas resultaron heridas y recibieron atención médica. Los equipos de emergencia trabajaron durante horas para controlar las llamas.
Kyiv bajo los misiles: cuatro muertos mientras Ucrania ataca
La misma noche en que los drones ucranianos sobrevolaban el sur de Rusia, el ejército ruso bombardeaba la capital ucraniana. Los ataques sobre Kyiv y su región dejaron cuatro muertos, entre ellos un niño de tres años que falleció junto a sus abuelos cuando varios drones rusos destruyeron su casa en el distrito de Brozar, al noreste de la capital. Otros tres familiares y un vecino que acudió a ayudarles fueron hospitalizados. El ataque redujo la vivienda a escombros y dañó automóviles y dependencias cercanas.
La fuerza aérea ucraniana informó de que durante esa noche derribó o inutilizó 135 de los 151 drones lanzados por Rusia, así como ninguno de los seis misiles balísticos lanzados. El presidente Volodimir Zelenski confirmó al menos otra víctima mortal en ataques contra infraestructura civil y denunció que las debilitadas defensas aéreas de Kyiv luchan cada noche por hacer frente a la lluvia de drones y misiles de Moscú. Es la imagen más descarnada de este conflicto: mientras Ucrania golpea las refinerías rusas, Rusia destruye casas ucranianas.
Cifras de la noche: Ucrania lanzó ~400 drones sobre Rusia · Rusia afirma haber derribado 397 · Rusia lanzó 151 drones sobre Ucrania · Ucrania derribó 135 de ellos.
Una campaña que busca asfixiar la economía de guerra rusa
El ataque de esta madrugada no es un hecho aislado. Desde principios de 2026, las Fuerzas Armadas ucranianas han intensificado una campaña sistemática contra instalaciones energéticas rusas —refinerías de petróleo, depósitos de combustible, almacenes logísticos— gracias al desarrollo de drones de mayor alcance y precisión. La estrategia es clara: reducir la capacidad productiva de Rusia, encarecer el coste de la guerra y presionar la economía de un país que depende del petróleo para financiar el conflicto.
Los efectos empiezan a notarse dentro de Rusia: los repetidos ataques contra la infraestructura petrolera han provocado episodios de escasez de combustible en gasolineras de varias regiones del país. Las autoridades rusas reconocen los ataques pero minimizan el impacto en sus comunicados oficiales. Los canales independientes rusos, sin embargo, documentan colas y desabastecimiento que cuentan otra historia. La pregunta ya no es si la campaña ucraniana afecta a la economía de guerra rusa, sino cuánto tarda Moscú en acusar el golpe.

