Yuriy tiene 52 años y vende verduras. La mañana del martes había aparcado su furgoneta blanca en un mercado de agricultores del norte de Jersón, en el sur de Ucrania. «Acabábamos de empezar a colocar las verduras. Solo había montado las sombrillas», contó desde su cama de hospital. Entonces oyó un zumbido. Salió de entre los arbustos, voló muy bajo, y fue directo a él.
Yuriy hizo lo que cualquier persona en su lugar: intentó demostrar que no era un objetivo. «Yo le hacía gestos, como ‘mira, aquí están las verduras’. Tenía ajo en la mano. Si veis el vídeo, estoy sosteniendo dos cabezas de ajo», relató. El dron ruso no paró. Cambió de dirección al ritmo de sus movimientos, bajó bajo las sombrillas para seguirlo y acabó explotando a su lado. Yuriy sobrevivió, con heridas de metralla en la espalda y las piernas, en estado estable.
El ‘safari humano’: una táctica documentada por la ONU como crimen de guerra
La Policía Nacional de Ucrania difundió el vídeo captado por sus cámaras de videovigilancia. Lo que muestran no es un ataque confuso ni un error: un pequeño dron FPV sobrevuela el mercado, localiza a un hombre vestido de oscuro, lo sigue alrededor de la furgoneta, baja para no perderlo de vista entre las toldas y finalmente impacta contra él.
La policía local denomina a esta táctica «ataque tipo safari»: el uso sistemático de drones para perseguir y atacar deliberadamente a civiles en Jersón, una ciudad que lleva meses bajo este tipo de hostigamiento casi diario. Una comisión de derechos humanos de la ONU concluyó en octubre de 2025 que al menos 200 civiles habían muerto y más de 2.000 resultaron heridos por drones rusos en la región, y que existe una alta probabilidad de que las fuerzas armadas rusas sean responsables de crímenes de guerra y de lesa humanidad en esta campaña.
No era la primera vez que a Yuriy le sobrevolaba un dron. «La primera vez iba a casa de mi suegra. Entonces conseguimos escapar», confesó. Esta vez no tuvo salida.
Zelenski comparte el vídeo: «caza de civiles sin el más mínimo remordimiento»
El presidente ucraniano Volodímir Zelenski compartió la grabación en X el mismo martes. «Hoy, otro vídeo del ‘safari’ de drones que los rusos llevan a cabo contra civiles en Jersón ha conmocionado a muchos», escribió. Señaló que las fuerzas rusas «habían admitido el crimen, sin mostrar el más mínimo remordimiento y jactándose abiertamente de atormentar a la gente».
El ministro de Asuntos Exteriores de Ucrania, Andrii Sybiha, calificó el ataque de «crimen de guerra bárbaro». «El sádico que manejaba el dron sabía perfectamente que estaba atacando a un civil», afirmó. Sybiha describió el episodio como parte de una «campaña rusa deliberada y sistemática para intimidar a la población civil» y exigió una condena internacional.
«El mundo debe mirar sin apartar la vista»
Dmytro Lubinets, defensor del pueblo ucraniano, fue directo: «El vídeo muestra la táctica real de Rusia, perseguir y matar a personas inocentes. El mundo debe mirar sin apartar la vista. Así es como Rusia caza a los civiles». La Fiscalía ucraniana ha abierto una causa por el ataque.
El mercado donde ocurrió el ataque se encuentra en el distrito Tavrisk, en el norte de Jersón, una zona bajo presión constante debido a su proximidad con el territorio ocupado. Las limitaciones de la defensa aérea ucraniana en esa zona hacen casi imposible interceptar los drones FPV antes de que alcancen a la población civil. La Misión de Monitorización de Derechos Humanos de la ONU registró un aumento del 37% en víctimas civiles durante el primer semestre de 2026 respecto al año anterior, con los drones representando una proporción creciente de los muertos y heridos.
Para las familias de la comunidad ucraniana en España que tienen seres queridos en Jersón o en el sur de Ucrania, el vídeo de Yuriy no es solo una noticia. Es el riesgo que corren sus padres, hermanos y vecinos cada vez que salen a comprar, a trabajar o a montar un puesto en el mercado.

