«Primero hablábamos de cientos, luego de miles. Ahora se ha tomado la decisión de que entre 30.000 y 50.000 norcoreanos serán desplazados a territorio ruso.» Las palabras de Volodímir Zelenski el sábado 9 de agosto, en una entrevista con United News Telethon, no son solo un dato de inteligencia: son la descripción de una alianza militar entre Rusia y Corea del Norte que ha escalado más allá de lo que cualquier capital occidental había anticipado.
De cientos a miles a 50.000: la cronología del despliegue
La implicación norcoreana en la guerra empezó discretamente en 2024. Según datos de las autoridades de Corea del Sur, Pyongyang envió en torno a 14.000 efectivos a la región rusa de Kursk para ayudar a contener la incursión ucraniana. El precio pagado fue alto: se estima que unos 2.000 soldados norcoreanos murieron en combate. En abril de 2026, Kim Jong-un inauguró un museo en Pyongyang en honor a los soldados fallecidos luchando por Rusia — un reconocimiento oficial de un despliegue que ambos países habían negado sistemáticamente.
En julio de 2026, Zelenski advirtió de que Rusia había pedido a Pyongyang 30.000 soldados adicionales. Los preparativos en la región de Vorónezh comenzaron en junio. El domingo, la cifra se actualizó al alza: entre 30.000 y 50.000 en la próxima oleada. Ni Rusia ni Corea del Norte han confirmado estos números, y no existen verificaciones independientes, pero el patrón es coherente: el número de norcoreanos en territorio ruso no ha hecho más que aumentar desde que empezó a filtrarse información.
Para qué sirven los soldados norcoreanos en Rusia
La respuesta más directa es la aritmética de las bajas rusas. Según las propias cifras difundidas por Zelenski, Rusia sufrió casi 225.500 bajas militares en los siete primeros meses de 2026: 131.000 muertos y casi 93.000 heridos. Un ritmo que supera el ritmo de reclutamiento ruso en el mismo periodo. Los norcoreanos no cubren ese déficit — son demasiado pocos —, pero tienen valor como fuerza de choque y como masa de maniobra para operaciones específicas.
Ucrania también ha encontrado misiles norcoreanos en su territorio, lo que confirma que el apoyo de Pyongyang no se limita a tropas. La inteligencia ucraniana detectó hace semanas una unidad especializada en misiles balísticos, de unos 90 militares norcoreanos, operando junto a unos 120 misiles balísticos y varios lanzadores dentro de Rusia.
«Está absolutamente claro que Corea del Norte seguirá adquiriendo experiencia en la guerra moderna, obtendrá licencias de Rusia y recibirá todo tipo de equipamiento militar.» — Volodímir Zelenski
La amenaza que va más allá de Ucrania
El ángulo que más preocupa a los aliados occidentales — y al que Zelenski dedicó más tiempo en su entrevista — no es cuántos norcoreanos hay en Rusia, sino qué aprenden mientras están allí. «Si hablamos de crisis y escaladas en otras regiones, como el Pacífico, que pueden representar una amenaza para otros países asiáticos, Corea del Norte sin duda acumulará experiencias en Rusia sobre formas modernas de hacer la guerra», afirmó el presidente ucraniano.
Corea del Norte tiene misiles balísticos intercontinentales y armas nucleares. Ahora tiene también miles de soldados con experiencia real en combate moderno: drones, guerra electrónica, misiles de precisión, coordinación en campo de batalla de gran escala. Para Japón, Corea del Sur y Taiwán — todos ellos socios o aliados de los miembros europeos de la OTAN — esa combinación representa una amenaza cualitativamente diferente. Zelenski pidió explícitamente a Seúl que refuerce la defensa aérea ucraniana; es decir, que entienda su seguridad propia como ligada a la de Ucrania.
El intercambio entre Moscú y Pyongyang funciona en los dos sentidos: soldados y munición norcoreanos por tecnología militar rusa, licencias y legitimación geopolítica. El resultado es una coalición entre dos países aislados internacionalmente que se refuerzan mutuamente. La cobertura de la guerra en Ucrania y sus ramificaciones globales continúa en RusiaHoy.

