El canal CNews lleva meses siendo el altavoz en Francia de una periodista rusa acusada de repetir, literal, los mensajes del Kremlin. Es Xenia Fedorova, ex directora de RT France, y el viernes el Gobierno francés decidió que ya era suficiente: le congeló los bienes durante seis meses y sigue tramitando su expulsión del territorio. El caso revela hasta qué punto la propaganda rusa ha logrado penetrar en los grandes medios europeos a través de puertas legales y, en este caso, muy bien pagadas.
Quién es Xenia Fedorova: de RT France a la televisión de Bolloré
Fedorova dirigió la versión francesa de Russia Today hasta 2022, cuando la Unión Europea prohibió el canal por su papel en las operaciones de influencia del Kremlin. Mientras la mayoría de sus colegas volvían a Rusia, ella se quedó en París. Lo que siguió resulta difícil de explicar sin nombrar a Vincent Bolloré: el magnate bretón, dueño del grupo de comunicación que controla CNews, la emisora Europe 1 y el dominical Le Journal du Dimanche, le abrió las puertas de su imperio mediático.
Desde entonces, Fedorova aparece regularmente en CNews —la televisión de mayor audiencia de Francia en el prime time nocturno— con análisis sobre la guerra en Ucrania y la política europea que, según el Gobierno francés, reproducen «palabra por palabra» los relatos de la propaganda rusa. El ministro de Asuntos Exteriores, Jean-Noël Barrot, la calificó en mayo de «propagandista patentada» que «sirve la sopa de Vladímir Putin». Alemania, donde vivió antes de instalarse en París, también le tiene prohibida la entrada en su territorio.
Por qué actúa Francia: propaganda rusa y las elecciones de 2027
El decreto publicado el viernes en el Boletín Oficial francés es explícito sobre las razones: Fedorova «se inscribe como relevo de las campañas de desinformación pilotadas por las autoridades rusas» con el objetivo de «desestabilizar el orden público» y «manipular la opinión pública». El Gobierno de Emmanuel Macron tiene en el horizonte las elecciones presidenciales de 2027 y la presencia de una figura así en los principales platós del país supone un riesgo que no quiere asumir.
El ministro del Interior, Laurent Nuñez, fue directo al explicar la decisión:
«No es una vulneración de la libertad de expresión. Esta persona no es más que el relevo de la propaganda rusa en territorio nacional. Es injerencia pura.»
— Laurent Nuñez, ministro del Interior de Francia
Lo que convierte el caso en especialmente revelador es que el permiso de residencia de Fedorova fue renovado por diez años en 2024, a pesar de que su actividad de propaganda ya era notoria. Que las autoridades francesas tardaran dos años en actuar ante algo que conocían pone de manifiesto la complejidad política de intervenir en la línea editorial de medios de comunicación privados, por más que la información que difundan venga directamente del Kremlin.
Las medidas: bienes congelados, expulsión en trámite, trabajo prohibido
La inmovilización de bienes se aplica durante seis meses, prorrogables. Fedorova está sometida a una obligación de comparecer diariamente ante las autoridades policiales y tiene prohibido trabajar en territorio francés. Sobre ella pesa también la orden de expulsión anunciada el miércoles por el ministro Nuñez, aunque la medida es recurrible. El problema logístico es real: no existen vuelos directos desde Francia a Rusia, lo que complica la ejecución inmediata.
La respuesta de Fedorova: «Un atentado a la libertad de expresión»
El abogado de Fedorova calificó las medidas de ilegales y de «encarnizamiento» del Gobierno francés con su cliente. Según su letrado, la congelación de bienes es «un atentado contra la libertad de expresión». Fedorova puede abandonar voluntariamente Francia, pero ha anunciado que recurrirá tanto el decreto de expulsión como la inmovilización de sus haberes ante los tribunales.
La decisión francesa envía una señal al conjunto de Europa: tolerar la propaganda del Kremlin disfrazada de periodismo no es una opción neutral. Para la comunidad rusa en España —que sigue los medios rusos, tanto los prohibidos como los que aún operan en Occidente— el caso Fedorova plantea una pregunta incómoda: ¿en qué momento la información que consumes dejó de ser periodismo y empezó a ser una operación de influencia diseñada en Moscú?

