Rusia acusa al fundador de Telegram de facilitar el terrorismo. Dúrov, exiliado desde 2014, respondió con una foto haciendo la peineta al FSB.
Rusia acusa al fundador de Telegram de facilitar el terrorismo. Dúrov, exiliado desde 2014, respondió con una foto haciendo la peineta al FSB.
Una foto haciendo la peineta. Esa fue la respuesta de Pável Dúrov, fundador de Telegram y hombre con 6.600 millones de dólares de fortuna según Forbes, a la orden de busca y captura internacional emitida por el FSB, el servicio de seguridad ruso, que le acusa de «facilitar el terrorismo». Dúrov la publicó en redes sin comentario adicional. No hacía falta.
Lleva años diciéndole lo mismo al Kremlin.
El FSB declaró este miércoles en busca y captura internacional al empresario ruso Pável Dúrov. La acusación formal es «facilitar el terrorismo»: según las autoridades rusas, Telegram habría permitido que redes terroristas operativas en Rusia utilizaran la plataforma para coordinarse sin que la empresa bloqueara sus canales ni entregara sus datos.
Dúrov ha repetido siempre la misma postura: Telegram es una «plataforma neutral» con las mismas reglas para todos. Si el Kremlin quisiera cerrar un canal terrorista, también tendría que aceptar que la plataforma podría cerrar canales del propio poder. Esa lógica ha sido durante años su escudo y, al mismo tiempo, la raíz de cada conflicto con los gobiernos que buscan controlarlo.
La orden de busca y captura implica que Rusia ha solicitado la detención de Dúrov a través de canales internacionales —probablemente Interpol. El empresario, que lleva exiliado desde 2014, tiene residencia en Dubai y pasaportes de al menos cuatro países: Rusia, Emiratos Árabes Unidos, Francia y San Cristóbal y Nieves. Ninguno de ellos tiene especial urgencia en extraditarlo a Moscú.
Dato: En agosto de 2024, Pável Dúrov fue detenido en Francia por complicidad en el uso criminal de Telegram. Estuvo más de un año bajo arresto domiciliario. El caso judicial francés sigue abierto.
La historia de Dúrov y el poder ruso empieza en 2006, cuando junto a su hermano Nikolái fundó VKontakte, la red social que superó a Facebook en Rusia y le valió el apodo de «el Zuckerberg ruso». En 2011 llegó el primer encontronazo: el FSB le exigió bloquear los grupos que organizaban las protestas contra Putin. Se negó.
En 2013, con la revolución del Maidán en Ucrania, volvieron las presiones. Los manifestantes de Kiev que protestaban contra el presidente prorruso Yanukóvich usaban VKontakte para coordinarse. El FSB quería los datos personales de esos usuarios. Dúrov volvió a negarse, aunque acabó vendiendo forzadamente la red social a un grupo cercano al Kremlin. Anunció que se marchaba de Rusia para no volver.
Ese mismo año, mientras negociaba su salida, él y su hermano lanzaron Telegram. La aplicación creció encriptada, difícil de controlar, y pronto se convirtió en la herramienta de comunicación preferida tanto de opositores al régimen como, paradójicamente, de las propias tropas rusas en el frente. En 2018, cuando un tribunal ruso restringió el acceso a Telegram, miles de personas salieron a las calles en Moscú y San Petersburgo con aviones de papel —el logo de la app— para protestar. Dúrov era ya un símbolo.
Para los más de 150.000 ciudadanos de habla rusa que viven en España, Telegram no es solo una aplicación. Es el canal principal de comunicación con familiares en Rusia, Ucrania y otros países de la antigua Unión Soviética; el lugar donde circulan grupos de expats, noticias en ruso y convocatorias de eventos. La plataforma lleva bloqueada en Rusia desde hace tiempo —los usuarios la esquivan con VPN— pero funciona con normalidad en Europa.
La nueva orden de busca y captura no cambia eso de forma inmediata. Dúrov sigue siendo el CEO de Telegram, la empresa opera desde Dubai y su sede legal está en los Emiratos. Pero la acumulación de presiones —Francia, Rusia, restricciones en Brasil y Países Bajos— plantea una pregunta incómoda: ¿cuánto tiempo puede una empresa mantenerse neutral en un mundo donde cada gobierno quiere su propia llave?
Dúrov, de momento, sigue respondiendo con peinetas. Que dure.