Noticias14 de agosto de 2026·4 min de lectura

En marzo de 2014, mientras las fuerzas rusas tomaban el control de Crimea, el capitán de navío ucraniano Robert Shagueyev se encontraba al mando del Zaporiyia, el único submarino operativo de Ucrania, bloqueado en la bahía de Sebastopol. Según las crónicas de la época, prometió resistir «hasta el último hombre». Nueve días después ordenó abrir las escotillas y se pasó al bando ruso con parte de la tripulación.

Este jueves, 12 años más tarde, una bomba escondida en una papelera junto a un banco en el prospecto Stoletovski de Sebastopol mató a un militar del Ministerio de Defensa ruso. El Servicio Federal de Seguridad (FSB) confirmó la muerte y acusó a los servicios de inteligencia ucranianos, pero no reveló el nombre de la víctima. Varios canales de Telegram próximos a las fuerzas de seguridad rusas y el sitio ucraniano Myrotvorets —que mantiene una base de datos de personas acusadas de traición o crímenes de guerra— la identificaron como Shagueyev. La identificación no está confirmada oficialmente.

El capitán que prometió resistir y nueve días después se rindió

Robert Shagueyev nació en Crimea y desarrolló toda su carrera en la Armada ucraniana. En 2011 asumió el mando del Zaporiyia, un submarino de diseño soviético construido en los años setenta que había quedado bajo bandera ucraniana tras la desintegración de la URSS. Era el único sumergible operativo del país.

Cuando en marzo de 2014 las fuerzas rusas rodearon la base naval de Sebastopol, el submarino quedó bloqueado en puerto. La presión fue en aumento. Nueve días después de declarar su intención de resistir, Shagueyev ordenó la rendición: abrió las escotillas del Zaporiyia y se pasó al enemigo junto con parte de su tripulación. Ucrania le declaró desertor y abrió contra él una causa por alta traición.

«Prometió resistir hasta el último hombre. Nueve días después abrió las escotillas del único submarino de Ucrania y se pasó al bando ruso.»

De la Armada ucraniana a los misiles Kalibr contra Ucrania

En Rusia, Shagueyev no quedó en el olvido. Continuó su carrera dentro de la Flota del Mar Negro y con el tiempo ascendió a adjunto del comandante de la 4.ª Brigada de Submarinos. Más tarde asumió el mando del Stary Oskol, uno de los submarinos equipados con misiles de crucero Kalibr que la Armada rusa ha empleado de manera sistemática contra ciudades e infraestructuras ucranianas desde el inicio de la invasión a gran escala en 2022.

En Kiev, esa trayectoria lo convirtió en un objetivo prioritario. Las fuerzas ucranianas lo acusaban directamente de dirigir y coordinar lanzamientos de misiles Kalibr contra territorio ucraniano. La Oficina Estatal de Investigación le había notificado su condición de sospechoso de alta traición.

La bomba en Sebastopol y lo que aún no está confirmado

El artefacto detonó por la mañana en el prospecto Stoletovski, una zona residencial de Sebastopol. Según las primeras informaciones, el explosivo estaba oculto en una papelera junto a un banco. La víctima bajaba unas escaleras acompañada por un amigo cuando estalló. El FSB detuvo ese mismo día a una mujer rusa nacida en 1994, a quien acusa de actuar bajo instrucciones de los servicios de inteligencia de Ucrania. Kiev no ha reivindicado el ataque.

El gobernador de Sebastopol, Mijaíl Razvozháyev, confirmó la explosión y la detención. Añadió, sin embargo, otra noticia igualmente grave: cuatro miembros del cuerpo de zapadores del Ministerio de Emergencias y un guardia de seguridad murieron ese mismo día mientras intentaban desactivar un segundo artefacto explosivo en la ciudad.

Sin confirmación oficial: El nombre de Robert Shagueyev como víctima fue difundido por los canales de Telegram VChK-OGPU y por el bloguero Anatoli Shari. El FSB no reveló su identidad. La base de datos Myrotvorets informó de que Shagueyev había sido «liquidado».

Para quienes siguieron de cerca la historia del Zaporiyia en 2014, el desenlace del jueves tiene un peso simbólico difícil de ignorar. La guerra tiene frentes que no aparecen en los mapas: la Crimea ocupada, donde los leales a Ucrania y los que les dieron la espalda conviven bajo una tensión que, doce años después, sigue cobrando vidas.

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