Noticias15 de agosto de 2026·4 min de lectura

Había libros de texto para niños, manuales de preparación de exámenes, novelas de ficción y hasta la Constitución de Rusia. Y entre todos ellos, uno que nadie esperaba encontrar entre las llamas: Fahrenheit 451, la novela de Ray Bradbury en la que un bombero del futuro quema libros por encargo del Estado. Más de once millones de ejemplares han ardido en los almacenes de Wildberries, el mayor comercio electrónico de Rusia, como consecuencia de los ataques ucranianos con drones de las últimas semanas.

Once millones de libros reducidos a ceniza

La cifra la ha dado el propio sector editorial ruso: más de once millones de libros destruidos en los centros logísticos de Wildberries en San Petersburgo y otras regiones. El grupo editorial Exmo-AST, uno de los más grandes del país, confirmó la pérdida de tiradas completas de varias obras, entre ellas el popular libro infantil Abecedario de Nadezhda Zhúkova, una nueva edición de la Constitución de Rusia y mapas de autopistas. Las editoriales informaron de las pérdidas al diario económico ruso Védomosti.

Desde mediados de julio, Ucrania ha atacado sistemáticamente las instalaciones de la compañía en lo que el asesor presidencial ucraniano Mikhailo Podoliak describió como un intento de hacer que la población civil sienta el coste de la guerra que sostiene a Putin. Más de veinte centros logísticos han sufrido ataques en este periodo, con daños totales que superan los mil millones de dólares y al menos una decena de trabajadores muertos.

La ironía de Fahrenheit 451 entre las llamas

La imagen tiene algo de parabólica. En la novela de Bradbury, publicada en 1953, los bomberos del futuro no apagan incendios sino que los provocan para quemar libros prohibidos por el Estado. El protagonista, Guy Montag, intenta en secreto salvar algunos títulos de las llamas. Que precisamente ese libro se encuentre entre los once millones de ejemplares destruidos en los almacenes de Wildberries difícilmente podía pasar inadvertido.

Entre las obras destruidas también figuran libros de la propagandista Margarita Simonián, directora del canal RT, y del escritor ultranacionalista Zajar Prilepin, firme defensor de la intervención militar rusa en Ucrania. También ardió una gran cantidad de manuales para los exámenes estatales de fin de bachillerato.

Una guerra de libros entre Rusia y Ucrania

Lo que ocurre en Wildberries no puede entenderse sin su precedente ucraniano. A finales de julio, un ataque ruso en Járkiv redujo a cenizas el almacén de la editorial ucraniana Ranok, destruyendo ocho millones de libros —muchos de ellos infantiles y de texto escolar. La editorial lo calificó de ataque contra la cultura y la educación de Ucrania.

«El fuego sigue activo. El enemigo intenta arrasar con nuestra educación y cultura.» — Editorial Ranok, Járkiv

Los ataques ucranianos contra Wildberries se iniciaron poco después. Kiev justifica la ofensiva alegando que los centros logísticos de la compañía sirven para suministrar componentes de drones y material militar al ejército ruso, y que Wildberries mantiene vínculos financieros con el banco VTB, controlado por el Estado ruso. La empresa lo niega y su fundadora, Tatyana Kim, ha calificado los ataques de «actos de terrorismo».

El golpe económico a las editoriales rusas

Más allá del impacto cultural, el daño económico es cuantificable. Wildberries mueve siete millones de pedidos diarios y controla una parte fundamental del comercio minorista ruso. A diferencia de su competidor Ozon —que opera con una red logística más dispersa—, Wildberries concentra sus inventarios en grandes almacenes, lo que lo convierte en un blanco estratégico eficiente para los drones ucranianos.

Las principales editoriales rusas han suspendido provisionalmente las ventas a través de la plataforma, algo que la compañía desmiente. Para cubrir las pérdidas, Exmo-AST ha ordenado reimpresiones urgentes. La empresa ha respondido al contexto bélico habilitando un seguro para las mercancías frente a ataques de drones, con una cobertura máxima de 50.000 rublos por artículo —unos 610 euros.

Para muchos rusos y para la comunidad rusa en España, que sigue vinculada a familiares en las ciudades afectadas, las imágenes de almacenes en llamas no son solo una noticia de guerra. Son la señal de que el conflicto ya no ocurre únicamente en el frente. Más noticias sobre Rusia y Ucrania en RusiaHoy.

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