Noticias13 de agosto de 2026·4 min de lectura

Durante años, las cartas de Kim Jong-un a Vladímir Putin comenzaban con el mismo protocolo: «su excelencia». El título honorífico estándar entre líderes de Estado. Pero en 2024 algo cambió. A partir de ese año, el dictador norcoreano empezó a dirigirse al presidente ruso como «el camarada más cercano». No fue un giro de estilo —fue una declaración política.

El año elegido tampoco fue casual: en junio de 2024, Putin viajó a Pyongyang y ambos líderes firmaron un Tratado de Asociación Estratégica Integral que incluye una cláusula de defensa mutua en caso de agresión. Desde entonces, la alianza entre Corea del Norte y Rusia ha dejado de ser retórica para convertirse en una máquina de guerra que opera en Ucrania.

De los misiles al frente: la implicación norcoreana en la guerra

El martes pasado, Rusia empleó un proyectil balístico KN-23 de fabricación norcoreana para bombardear Zaporiyia. Siete trabajadores murieron en una planta siderúrgica. Ucrania cree que Moscú acaba de recibir un nuevo cargamento de al menos 40 de estos misiles, parte del envío de una unidad especializada que se instalará en la región rusa de Voronezh. Los misiles norcoreanos ya se han usado repetidamente en ataques sobre ciudades ucranianas, confirmando que el apoyo de Pyongyang no es simbólico.

La cooperación va más allá del armamento. A finales de 2024, unos 14.000 soldados norcoreanos se desplegaron en la región rusa de Kursk para ayudar a las tropas rusas a contener la incursión ucraniana. El precio fue alto: se estima que alrededor de 2.000 murieron en combate. No estaban preparados para los drones; Moscú los usó como fuerza de choque en un tipo de guerra para el que no habían entrenado. En enero de 2025, Ucrania capturó con vida a dos de ellos —la prueba más tangible de la participación directa de Pyongyang en el conflicto.

Según datos del Instituto para la Estrategia de Seguridad Nacional de Seúl, Corea del Norte ha enviado más de 20.000 contenedores con munición y material militar a Rusia desde 2023. Solo en 2024, los envíos pudieron incluir más de nueve millones de proyectiles de artillería y al menos un centenar de misiles balísticos.

Qué gana Pyongyang con la guerra europea

Kim Jong-un no envía soldados y misiles por altruismo ideológico. La colaboración militar con Moscú le ha reportado a Pyongyang hasta 14.500 millones de dólares, según el mismo instituto surcoreano. Pero el beneficio va más allá del dinero.

«Rusia está ayudando a Corea del Norte a aprender cómo hacer la guerra, mejorar sus armas y ganar experiencia real en combate. Supone una amenaza para cada país asiático dentro del rango de alcance de los misiles norcoreanos.» — Volodímir Zelenski

A cambio de sus tropas y su arsenal, Pyongyang recibe petróleo refinado por encima de los límites fijados por la ONU, tecnología militar avanzada, sistemas de defensa antiaérea y equipos de guerra electrónica. Los soldados norcoreanos que regresan a Corea del Norte se convierten en instructores: transmiten al resto del ejército las lecciones aprendidas en Ucrania en el uso de drones, misiles de precisión y coordinación táctica en campo de batalla de gran escala.

El movimiento de personas también ha crecido: en 2025, Rusia emitió 36.400 visados a ciudadanos norcoreanos, casi cuatro veces más que el año anterior. La nueva alianza tiene una dimensión humana y económica que va más allá del intercambio militar.

30.000-50.000 soldados más: el siguiente escalón

El presidente ucraniano Volodímir Zelenski advirtió el pasado fin de semana de que Pyongyang ha acordado enviar entre 30.000 y 50.000 soldados adicionales a Rusia en los próximos meses. Según Kiev, las instalaciones para acoger a este contingente se construyen desde junio en la región rusa de Vorónezh. La cifra elevaría la presencia norcoreana en el conflicto a una escala sin precedentes en una guerra moderna fuera de Asia.

Para leer en detalle las últimas informaciones sobre este despliegue masivo de norcoreanos en Rusia, incluyendo los preparativos en Vorónezh, la situación es clara: lo que empezó como un acuerdo de suministros se ha convertido en una coalición activa en el frente. Kim Jong-un lo resume bien con su nuevo vocabulario diplomático. Un «camarada más cercano» no manda solo felicitaciones —manda también soldados y misiles.

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