En la sala del Tribunal Supremo de Moscú, el lunes 10 de agosto, la audiencia duró más de nueve horas. Al salir, el presidente de Yábloko, Nikolái Ribakov, anunció lo inevitable: el partido apelaría. Pero el fallo ya estaba dictado. La única formación política rusa que pedía abiertamente el fin de la guerra en Ucrania quedaba fuera de las elecciones legislativas del 18-20 de septiembre.
Nueve horas para cerrar el último resquicio electoral
La demanda llegó el 7 de agosto, interpuesta por Ródina —partido ultranacionalista alineado con el Kremlin— ante el Tribunal Supremo de la Federación Rusa. Los cargos: financiación extranjera, infracciones de derechos de autor y actos de «extremismo». El juez Viacheslav Kirílov los aceptó todos.
Durante la vista, un representante de la Comisión Electoral Central (CEC) citó a la Rosfinmonitoring —la inteligencia financiera rusa— para señalar que candidatos de Yábloko habrían recibido fondos del exterior entre julio y agosto de 2026. Paradoja: la propia CEC había aprobado por unanimidad la lista federal del partido el 29 de julio, con 269 candidatos en lista federal y otros 135 en circunscripciones uninominales.
«Todos los documentos fueron revisados por la Comisión Electoral Central y la decisión de admitirlo se tomó por unanimidad», declaró Ribakov. «No hay ningún motivo para retirar al partido de las elecciones.»
Ribakov anunció que Yábloko recurrirá el fallo, con un plazo de cinco días para hacerlo. Su situación personal es ya muy comprometida: está inhabilitado por «delitos de extremismo» —haber expresado condolencias públicas por la muerte del opositor Alexéi Navalni.
Por la paz y la libertad: qué era Yábloko
Apenas dos semanas antes, Yábloko había conseguido lo que parecía imposible: que la CEC registrara su candidatura con el lema «Por la paz y la libertad. Por una vida sin miedo». Es un partido de orientación socialiberal, fundado en 1993, que lleva décadas en la oposición rusa pero que nunca antes había enfrentado una exclusión federal de esta magnitud.
Su programa electoral —apenas 43 palabras— pedía un alto el fuego inmediato, diplomacia y negociaciones de paz con Kiev, además de la liberación de más de 1.750 presos políticos. Para muchos rusos en el exterior, era la única opción que les permitía votar sin renunciar a su conciencia.
Comunidad rusa en España: Más de 70.000 ciudadanos rusos residen oficialmente en España, aunque la cifra real puede superar los 150.000 si se cuentan quienes llegaron tras la invasión de Ucrania en 2022. Para esta comunidad, las elecciones rusas tienen una dimensión muy concreta: quién puede representar su voz desde Moscú.
La unanimidad del silencio: cuando todos cargan contra el disidente
La exclusión de Yábloko no llegó sola. El mismo lunes, los líderes de los tres principales partidos pro-gubernamentales se sumaron al ataque. Guennadi Ziugánov, del Partido Comunista de la Federación Rusa, reprochó a Yábloko no haber «condenado ni una sola vez» las acciones de las autoridades ucranianas. Leonid Slutski, del Partido Liberal Demócrata, fue más directo: pidió que Yábloko fuera declarado organización indeseable. Serguéi Mirónov, de Rusia Justa, exigió que el Ministerio de Justicia y la Fiscalía General «examinen atentamente» a la formación.
Frente al Tribunal Supremo en Moscú, decenas de personas se congregaron para apoyar a Yábloko. Fue uno de los pocos gestos de resistencia pública visibles en la capital rusa.
Una Duma sin ninguna voz contraria a la guerra
Si la apelación fracasa —y pocos dan posibilidades reales al recurso—, el parlamento que emerja de las elecciones del 18-20 de septiembre quedará compuesto exclusivamente por partidos que respaldan la continuidad de la guerra. Será la primera vez desde 2022 que la Duma Estatal no tenga ni un solo diputado que pida formalmente la paz.
Para la oposición rusa en el exterior —incluida la que opera desde Madrid, Berlín o París—, el fallo es otra señal de que el espacio institucional para la disidencia dentro de Rusia se ha cerrado del todo. La pregunta que queda abierta es cuándo y cómo podrá volver a existir.

