Durante cuatro años, la palabra «paz» ha sido tabú en la política rusa oficial. Quien la pronunciaba en público corría el riesgo de acabar en la cárcel o ser tachado de «agente extranjero». Por eso el anuncio de esta semana resulta, cuanto menos, sorprendente: el único partido que se atreve a pedirla abiertamente podrá presentarse a las elecciones legislativas rusas del 18 al 20 de septiembre.
El único voto posible por la paz en Rusia
La Comisión Electoral Central (CEC) aprobó, por unanimidad, las listas del partido liberal Yábloko para concurrir a las elecciones a la Duma Estatal. Es un hecho notable: Yábloko es la única formación legal en Rusia que aboga, sin eufemismos, por el fin de la guerra en Ucrania y la negociación de un alto el fuego. Su lema para estos comicios lo resume con claridad: «Por la paz y la libertad. Por una vida sin miedo».
«Por primera vez en cinco años, los ciudadanos rusos tienen una oportunidad real de votar por la paz y la libertad, de apoyar legal y de forma segura un acuerdo de alto el fuego.» — Nikolái Ribakov, presidente de Yábloko
Ribakov afirma que, con el apoyo de al menos 50 millones de rusos según su propia estimación, la paz negociada no es una quimera. El resto de partidos con representación en la Duma —el Partido Comunista, Rusia Justa, Gente Nueva y el Partido Liberal-Demócrata— han evitado toda crítica al Kremlin y han respaldado activamente las leyes en tiempos de guerra impulsadas por Rusia Unida, el partido de Vladímir Putin.
269 candidatos bajo presión sistemática
El camino hasta las papeletas ha sido largo y lleno de obstáculos. La CEC registró una lista federal con 269 candidatos de Yábloko, a los que se suman otros 135 que competirán en circunscripciones uninominales. Pero el partido opera en un entorno hostil: hasta 40 de sus miembros más destacados han sido inhabilitados al ser declarados «agentes extranjeros», imputados en causas penales o multados por «mostrar símbolos extremistas».
El propio Ribakov fue multado el año pasado. Algunos líderes del partido cumplen penas de cárcel por criticar la guerra. En tres regiones —entre ellas San Petersburgo, segunda ciudad del país y tradicional granero electoral de Yábloko— las comisiones locales rechazaron sus listas alegando defectos de forma. El partido denuncia, en cambio, motivaciones políticas.
El partido rival Ródina llegó incluso a pedir al Tribunal Supremo de la región de Carelia que bloqueara la participación de Yábloko. No lo consiguió. Y el opositor pacifista Borís Nadezhdin, que ya desafió a Putin en las presidenciales de 2024, fue declarado «agente extranjero» en julio, lo que le impidió registrar su propio partido a tiempo.
Lo que significa para los rusos fuera de Rusia
Para los más de 150.000 ciudadanos de habla rusa que viven en España, las elecciones rusas tienen una dimensión especial. Muchos de los que salieron del país lo hicieron precisamente por su rechazo a la guerra — que no da señales de acercarse a su fin: Zelenski denunció en julio que Rusia ha pedido 30.000 soldados adicionales a Corea del Norte. La posibilidad de votar por un partido que pide la paz —incluso desde el exterior, si se mantiene la ciudadanía rusa— es, para algunos, la primera señal política coherente con su posición en años.
No es que las expectativas sean altas. El sistema electoral ruso está diseñado para perpetuar los resultados. La última encuesta del centro de sondeos VTsIOM sitúa a Rusia Unida en el 32,7% de intención de voto, seguida del Partido Comunista (11,9%), Gente Nueva (10,5%), el Partido Liberal-Demócrata (9,6%) y Rusia Justa (5,4%). Yábloko necesita el 5% para entrar en la Duma, y las encuestas no le dan esa cifra.
Sin ilusiones, pero con esperanza
El propio partido lo reconoce: «No nos hacemos ilusiones, pero tenemos esperanzas». La presencia de Yábloko en las papeletas cumple, aunque sea involuntariamente, una función para el Kremlin: ofrecer una apariencia de pluralismo en unas elecciones sin competencia real. Algunos analistas sugieren que las autoridades necesitan un canal donde el voto protesta se concentre sin beneficiar al Partido Comunista o a Gente Nueva, sus principales rivales dentro del sistema.
Pero incluso como señal simbólica, Yábloko tiene peso. En un país donde pronunciar «paz» en público puede suponer una multa o la cárcel, que un partido llegue a las elecciones a la Duma con ese nombre en el lema es, como mínimo, un dato. Las urnas se abrirán del 18 al 20 de septiembre. Y por primera vez en mucho tiempo, habrá una opción con ese nombre en la papeleta.

