Noticias1 de agosto de 2026·4 min de lectura

¿Cuánto dura una promesa de Trump? Ucrania ya conoce la respuesta: veintidós días.

El 8 de julio, en la cumbre de la OTAN celebrada en Ankara, Donald Trump anunció ante las cámaras que Estados Unidos concedería a Ucrania la licencia para fabricar misiles Patriot en su territorio. El 31 de julio, en Camp David, frente a su gabinete, puso en duda todo lo acordado y dijo que «no creo que esto llegue a suceder». Entre esas dos fechas, Zelenski voló a Washington convencido de que el acuerdo estaba cerrado.

Lo que Trump prometió: la licencia Patriot en julio

La escena en Ankara fue inequívoca. Junto a Volodimir Zelenski en los márgenes de la cumbre de la Alianza Atlántica, Trump declaró: «Os vamos a conceder una licencia para fabricar misiles Patriot». El presidente ucraniano lo interpretó como un compromiso firme y comenzó a negociar con las empresas fabricantes —Lockheed Martin y RTX— para explorar una posible coproducción en territorio ucraniano.

Cuando el 28 de julio Zelenski visitó el Despacho Oval, salió de la reunión con la misma convicción. «Trump aceptó que nos dará licencias», declaró a la prensa. «Hablamos de la producción de misiles interceptores Patriot y de otras ideas». En Kyiv, la noticia se vivió como un avance concreto: por fin, la capital ucraniana tendría acceso a producir los misiles que necesita para frenar los ataques rusos.

Lo que dijo en Camp David: «Podrían usarlos contra nosotros»

Tres días después, la realidad llegó desde Camp David. En una reunión de gabinete, Trump descartó el acuerdo con un argumento que no había mencionado antes: el riesgo de que esa tecnología acabe siendo usada contra Estados Unidos.

Trump en Camp David: «Estas son armas increíbles. Hay personas a las que se les da esa tecnología y que algún día podrían volverse en tu contra. No hemos llegado a un acuerdo. No creo que esto llegue a suceder.»

En una entrevista con el Financial Times ese mismo día, Trump fue algo más matizado pero igualmente negativo: «Lo estamos estudiando», dijo, antes de agregar que «en realidad, no otorgamos licencias para equipos». Su conclusión fue clara: «No busco misiles. Buscamos la paz».

La versión de Zelenski: «Acordamos avanzar»

La contradicción entre ambos mandatarios es llamativa. Mientras Trump descartaba la licencia desde Camp David, Zelenski seguía convencido de que había un acuerdo. El mandatario ucraniano reveló incluso que había tenido reuniones con representantes de las empresas fabricantes. «Espero que podamos hacer una coproducción. Esto es muy importante», declaró.

Kushner y Witkoff, los dos enviados especiales de Trump para la negociación de paz, viajarán próximamente a Ucrania por primera vez. Trump presentó ese viaje como una señal de compromiso, aunque sin comprometerse en nada concreto sobre los Patriot. La distancia entre lo que Kyiv escucha y lo que Washington decide sigue siendo el principal obstáculo diplomático del conflicto.

Sin Patriot propios, Ucrania depende de suministros que se agotan

Los misiles Patriot no son un capricho ucraniano: son la única defensa aérea capaz de interceptar misiles balísticos, el arma que Rusia utiliza cada vez con más frecuencia en sus ataques nocturnos contra Kyiv y otras ciudades. Fabricarlos in situ en Ucrania reduciría la dependencia de suministros externos y permitiría recargar existencias con mayor rapidez.

El sistema Patriot es producido en Estados Unidos por Lockheed Martin y RTX. La demanda global es enorme: la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán ya agotó cerca de un tercio de las reservas mundiales de interceptores. Con menos misiles disponibles y sin licencia para fabricar los suyos, Ucrania entra en agosto con la misma vulnerabilidad con la que salió de junio. La OTAN, cuya cumbre en Ankara generó las promesas que ahora se desvanecen, sigue siendo el marco en el que Kyiv busca soluciones que Washington no acaba de confirmar.

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