Noticias16 de agosto de 2026·4 min de lectura

De 2.200 misiles Patriot, quedan 827. De 452 interceptores THAAD, quedan 278. Más de 1.000 misiles Tomahawk disparados en cuarenta días —el mayor uso de esta arma en toda la historia de Estados Unidos— han dejado a la mayor potencia militar del planeta en su momento de mayor vulnerabilidad en décadas.

Esa es la factura estratégica de la operación «Furia Épica», el ataque conjunto de Washington e Israel sobre Irán que duró de finales de febrero a finales de marzo de 2026. Los datos —publicados por el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) de Washington— muestran que EEUU consumió el 60% de sus misiles Patriot y cerca del 80% de sus THAAD durante el conflicto. El análisis de las consecuencias lleva semanas preocupando a analistas, aliados y, especialmente, a Ucrania.

Los números que preocupan al Pentágono

Los interceptores antiaéreos no son munición ordinaria. Cada misil PAC-3 vale varios millones de dólares. Su producción anual —en los mejores escenarios actuales de fabricación acelerada— no supera las 650 unidades al año. El ritmo de consumo durante «Furia Épica» fue incompatible con cualquier previsión de reposición a corto plazo: se dispararon casi cuatro veces la producción anual en un solo conflicto.

Los Tomahawk, el arma ofensiva más utilizada por EEUU en sus últimas intervenciones, sufrieron una reducción de entre el 30% y el 50%. Se dispararon más de 1.000 durante la operación. Los analistas estiman que quedan unos 2.000 ejemplares. Reponerlos —con cadenas industriales que no están diseñadas para incrementos súbitos— puede tardar años.

La brecha de producción: EEUU fabrica unos 650 misiles PAC-3 por año. Ucrania sola necesita 300 para el invierno de 2026-2027. El resto de aliados también tienen sus propias necesidades. El mapa no cierra.

Hay otras consecuencias colaterales: para proteger sus bases durante «Furia Épica», EEUU tuvo que mover unidades de defensa aérea desde Europa y Asia hacia el Golfo Pérsico. El impacto en el mantenimiento del equipo y en la moral de las tropas es difícil de cuantificar, pero real. Y los pedidos de armamento de aliados como Taiwán —que tiene $20.000 millones en órdenes pendientes con Washington— ya no pueden ser abastecidos porque el material simplemente no existe en los almacenes.

Ucrania necesita 300 Patriot para el invierno. No están

El invierno es, en la guerra de Ucrania, la temporada de los misiles balísticos. Rusia los emplea masivamente para atacar la red eléctrica, los hospitales y las ciudades cuando el frío convierte cada apagón en una crisis humanitaria. Los sistemas capaces de interceptar ese tipo de proyectiles son los Patriot. Y Ucrania necesita unos 300 para proteger sus ciudades entre octubre y marzo.

El problema es que esos 300 Patriot no existen. La escasez de interceptores PAC-3 se agravó precisamente cuando comenzó «Furia Épica», y desde entonces la situación no ha mejorado. En julio, Trump prometió en la cumbre de la OTAN de Ankara la licencia para fabricar Patriot en territorio ucraniano, una medida para fabricar misiles interceptores en suelo ucraniano que podría cambiar la ecuación a largo plazo. Pero en menos de cuatro semanas se desmintió a sí mismo. A corto plazo, la situación sigue siendo la misma: Kiev tiene el dinero y la voluntad de comprar los interceptores, pero los almacenes están vacíos.

España donó cinco misiles Patriot a Ucrania a principios de año, una decisión que fue simbólicamente importante pero insuficiente para cambiar la balanza. Como el resto de los aliados europeos, España también está al límite de sus existencias.

Una ventana que Rusia ya está leyendo

La inteligencia occidental advierte de que tanto Rusia como China están «contando municiones». En circunstancias normales, el poderío disuasivo de EEUU es suficiente para hacer inviable cualquier aventura militar contra sus aliados o intereses. Pero los arsenales de Patriot, THAAD y Tomahawk están en su punto más bajo en décadas, y tanto Moscú como Pekín lo saben.

Putin lleva meses escalando la presión sobre el flanco oriental de la OTAN con plena conciencia de este contexto: más drones, más misiles balísticos, más incursiones en espacio aéreo de países miembros. La lógica es simple y brutal: si los aliados no pueden rellenar el escudo de defensa de Ucrania, las ciudades ucranianas quedan más expuestas. Y si los propios aliados están desarmados, la ventana de oportunidad para Moscú se amplía.

Para los ciudadanos de origen ucraniano y ruso que viven en España, este análisis no es abstracto: significa que las personas que dejaron atrás enfrentarán este invierno con menos protección que el anterior, precisamente cuando Rusia acumula más misiles balísticos que en cualquier otro momento desde el inicio de la invasión. La factura de Irán la está pagando Ucrania. Seguiremos cubriendo esta situación en nuestra sección de Noticias.

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