Noticias12 de agosto de 2026·4 min de lectura

La foto lo dice todo: Robert Gilman, de 32 años, aparece delgado, pálido, envuelto en una bandera estadounidense a bordo del avión que lo sacó de Rusia. A su lado, su madre. Después de cuatro años, el exmarine volvía por fin a casa.

Este martes, la Administración de Donald Trump confirmó la liberación de Gilman por parte de las autoridades rusas, sin intercambio de prisioneros y sin concesiones. Vladimir Putin aceptó indultarle «principalmente por razones humanitarias». «Me enorgullece anunciar que el ciudadano estadounidense Robert Gilman, exmarine de Estados Unidos, ¡regresa a casa!», escribió Trump en Truth Social.

Cuatro años de prisión en Vorónezh: de un altercado en tren a diez años de condena

Gilman, oriundo de Massachusetts y veterano del Cuerpo de Marines entre 2019 y 2020, fue detenido en enero de 2022 mientras viajaba en tren por Vorónezh, ciudad industrial del oeste de Rusia, a unos 550 kilómetros al sur de Moscú. Las autoridades le acusaron de agredir a un agente de policía durante el trayecto.

La condena inicial fue de tres años y medio. Con el tiempo, el expediente fue engordándose: se añadieron cargos por supuestas agresiones al personal penitenciario, lo que elevó la pena hasta los diez años. A la familia le resultaba casi imposible comunicarse con él. El Departamento de Estado terminó determinando que su detención era «injusta» —una categorización formal que desencadena distintas vías diplomáticas—. La organización Global Reach, que llevaba su caso, trabajó durante años para lograr su liberación y fue quien alertó al mundo sobre el grave deterioro de su salud en los últimos meses.

47 días en estado disociativo: el deterioro que forzó el indulto

Antes de ser trasladado fuera de Rusia, Gilman había pasado 47 días en un «estado de estupor disociativo» causado por los abusos sufridos durante su encarcelamiento, según Eric Lebson, director de estrategia de Global Reach. Los informes hospitalarios describen su condición como «grave y potencialmente mortal».

«El estado de Gilman era grave y potencialmente mortal, lo que impulsó al Gobierno estadounidense a actuar y condujo a una liberación humanitaria unilateral por parte de las autoridades rusas.» — Eric Lebson, Global Reach

Cuatro médicos le acompañaron en el vuelo de regreso. Su destino final es un centro de rehabilitación en San Antonio, Texas, donde recibirá atención médica y psicológica. El enviado especial de Trump, Steve Witkoff, participó directamente en las negociaciones. El Departamento de Estado subrayó que «no se le ofreció nada a cambio; no hubo intercambio alguno».

Presionado para combatir en Ucrania dentro de la cárcel

Uno de los detalles más perturbadores del caso es que, durante su encarcelamiento, las autoridades penitenciarias rusas intentaron reclutar a Gilman para enviarle al frente de Ucrania. Según Global Reach, fue presionado activamente para combatir. Se negó.

Esta práctica no es nueva en las cárceles rusas. Desde el inicio de la guerra, distintas organizaciones de derechos humanos han documentado cómo a presos —rusos y extranjeros— se les ofrece reducción de condenas a cambio de participar en el conflicto. El caso de Gilman la saca a la luz con un ciudadano extranjero de por medio, lo que amplifica su repercusión internacional. Los testimonios de soldados ucranianos liberados de cautiverio ruso apuntan ya a un sistema de brutalidad y presiones sistemáticas documentado en múltiples instalaciones.

Dato: Con la liberación de Gilman, más de un centenar de ciudadanos estadounidenses considerados detenidos injustamente en el extranjero han recuperado la libertad desde que Trump asumió la presidencia, según el Departamento de Estado.

De Andrews a Texas, y una hamburguesa con queso de por medio

Gilman aterrizó en la Base Conjunta Andrews, en las afueras de Washington, donde fue recibido por miembros del Gobierno. Según fuentes estadounidenses, puede hablar aunque tiene dificultades para caminar por sí mismo. Después fue trasladado al centro de rehabilitación en San Antonio, Texas.

Trump añadió un detalle que contrasta con el drama de los cuatro últimos años: Gilman le pidió una hamburguesa con queso para cuando aterrizara. Un gesto cotidiano que condensa, de algún modo, el peso de volver a ser libre.

La liberación de Gilman llega mientras las relaciones entre Moscú y Washington siguen marcadas por la guerra en Ucrania. Que el acuerdo se haya producido sin ningún tipo de intercambio formal es inusual en la diplomacia rusa, y genera preguntas sobre qué cálculos maneja el Kremlin de cara a los próximos meses.

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