Noticias14 de agosto de 2026·4 min de lectura

El jueves pasado, Vladímir Putin comió huevas de pescado en una planta de procesamiento en Iturup, visitó un hospital local y charló con alumnos de una escuela secundaria. Fue, también, la primera vez en sus más de dos décadas en el poder que el presidente ruso pisó el archipiélago de las Kuriles en persona. Un viaje de pocas horas con un peso simbólico enorme: Japón tardó minutos en reaccionar.

La primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, convocó una rueda de prensa de urgencia desde su residencia oficial en Tokio. Calificó la visita de «absolutamente inaceptable» y aseguró que «hiere los sentimientos del pueblo japonés». Horas después, el Ministerio de Asuntos Exteriores citaba al embajador ruso, Nikolái Nozdrév, para transmitirle la protesta oficial. Moscú respondió sin rodeos: la visita es una «decisión exclusivamente soberana» del Kremlin, y la protesta japonesa, «infundada».

Las islas que Rusia y Japón llevan 80 años disputando

El conflicto por las Kuriles tiene fecha de origen: 1945. Al final de la Segunda Guerra Mundial, la Unión Soviética ocupó el archipiélago, que había estado bajo control japonés. Desde entonces, Japón reclama las cuatro islas más meridionales —Etorofu (Iturup), Kunashiri, Shikotan y Habomai— bajo el nombre de Territorios del Norte. La disputa tiene una consecuencia práctica singular: Rusia y Japón nunca firmaron un tratado de paz tras la Segunda Guerra Mundial. Son, técnicamente, una anomalía histórica que se perpetúa desde hace ocho décadas.

Moscú defiende que su soberanía sobre el archipiélago es «indiscutible» y está respaldada por documentos internacionales. Tokio alega que las islas son «parte inherente» de su territorio, tanto históricamente como en virtud del derecho internacional. Ninguna de las dos partes ha cedido.

La visita del jueves es la primera de Putin al archipiélago, pero no la primera de un líder ruso: es la sexta vez que un jefe de Estado o de Gobierno de Rusia acude a las islas. Antes de ir a Iturup, Putin supervisó unas maniobras de la Flota del Pacífico desde la vecina isla de Sajalín, donde subrayó que la «realidad» de las Kuriles «está recogida en documentos internacionales».

La reacción de Tokio: embajador convocado y visita inaceptable

La respuesta diplomática fue rápida y articulada. Takaichi recordó que, desde que en enero de 2024 se supo que Putin tenía previsto visitar el archipiélago, Japón le había instado en varias ocasiones a no hacerlo. El viaje es, en su valoración, «incompatible» con la postura oficial de Tokio. Añadió que la visita «agrava todavía más el sentimiento antirruso en el país y dificulta la restauración de las relaciones a medio y largo plazo».

El ministro de Exteriores japonés, Toshimitsu Motegi, fue en la misma línea: los Territorios del Norte «son territorio inherente de Japón, tanto históricamente como según el derecho internacional», y Tokio «protesta enérgicamente por esta visita». La convocatoria del embajador ruso, Nozdrév, fue la primera medida concreta.

«Esta visita agrava todavía más el sentimiento antirruso en Japón y dificulta la restauración de las relaciones a medio y largo plazo.» — Sanae Takaichi, primera ministra de Japón

Un gesto calculado: qué mensaje envía Putin con este viaje

El viaje no ocurre en un vacío. Las relaciones entre Rusia y Japón se han deteriorado con fuerza desde la invasión rusa de Ucrania en 2022: Tokio se sumó a las sanciones occidentales contra Moscú e intensificó sus maniobras militares conjuntas con Estados Unidos en el Pacífico. Al mismo tiempo, Rusia ha profundizado sus lazos con China y Corea del Norte. El espacio para el diálogo bilateral se ha reducido al mínimo.

En ese contexto, la visita a Iturup tiene una lectura clara: Putin envía una señal de que no tiene intención de ceder terreno, ni literal ni diplomáticamente, en el conflicto por las Kuriles. Lo hace desde las propias islas, frente a la cámara, comiendo caviar en una planta de pesca local. Es un mensaje a Tokio, pero también al resto del mundo: estas islas son rusas, y así seguirán siendo.

Para saber más: La disputa por las Kuriles es uno de los últimos conflictos territoriales sin resolver de la Segunda Guerra Mundial en Asia. Su resolución exigiría un tratado de paz que llevaría 80 años de retraso.

Para la comunidad rusa y ucraniana en España, este tipo de movimientos de Putin son un recordatorio del peso del aislamiento internacional que Moscú acumula desde 2022. Cada gesto de este tipo estrecha el cerco diplomático y económico que afecta también a quienes viven fuera de Rusia y mantienen vínculos con el país.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *