Gaming30 de julio de 2026·3 min de lectura

Microsoft acaba de reorganizar ZeniMax para concentrarse en cinco franquicias: Fallout, The Elder Scrolls, DOOM, Quake y Wolfenstein. Entre 1.600 despidos inmediatos y el cierre de varios estudios, MachineGames —los creadores de los últimos Wolfenstein— han sobrevivido. Eso abre la puerta a un Wolfenstein 3 que llevamos años esperando. Es buen momento para recordar cómo llegamos hasta aquí.

Los orígenes: cuando matar nazis era una novedad

La saga empieza en 1981 con Castle Wolfenstein, un juego de infiltración para Apple II en el que B.J. Blazkowicz escapaba de una fortaleza nazi. Era sigilo puro, sin el frenesí que vendría después. En 1983 llegó Beyond Castle Wolfenstein, más de lo mismo pero con más mapa.

El salto definitivo ocurrió en 1992. Wolfenstein 3D, desarrollado por id Software con John Carmack y John Romero al frente, abandonó la infiltración y se convirtió en el shooter en primera persona que definió el género durante años. Corre, dispara, mata al perro nazi, mata a Mecha-Hitler. Sin complicaciones. Una fórmula que aún hoy tiene fans incondicionales.

Durante los noventa y los dos miles, la saga tuvo entregas irregulares —Return to Castle Wolfenstein (2001) fue la más notable— antes de que Bethesda adquiriera la IP y la pusiera en manos de MachineGames, un estudio sueco fundado por ex-miembros de Starbreeze.

La era MachineGames: Blazkowicz vuelve con rabia

En 2014, The New Order redefinió lo que un shooter de Wolfenstein podía ser. No era solo matar nazis: había mundo construido, personajes con profundidad, una historia de resistencia que funcionaba tanto como acción pura como reflexión sobre el fascismo. Blazkowicz dejaba de ser un marine arquetípico para convertirse en un símbolo.

The Old Blood (2015) llegó como precuela independiente, más arcade y menos seria, pero igualmente efectiva. En 2017, The New Colossus subió la apuesta: Blazkowicz es capturado y decapitado en público. Su cabeza sobrevive, se la implantan en un cuerpo biomecánico, y entonces inicia oficialmente la Segunda Revolución Estadounidense contra el régimen nazi.

El discurso de ese juego, el más político de la saga, sigue siendo uno de los momentos más incómodos —y necesarios— de los shooters modernos.

El error de Youngblood y la pregunta sin responder

Después de haber iniciado una revolución global, MachineGames olvidó que tenía que contarla. Wolfenstein: Youngblood (2019) dio un salto temporal a los años 80, centró la historia en las hijas de Blazkowicz y apostó por el cooperativo en París liberada. No era un juego malo, pero sí uno desconcertante: ignoró deliberadamente la continuidad de The New Colossus y dejó sin resolver la revolución que tanto había costado montar.

Desde entonces, silencio. MachineGames trabajó en Indiana Jones y el Gran Círculo, un juego excelente pero ajeno a la saga. Con los recortes de Xbox y la reestructuración de ZeniMax centrada en los cinco pilares del sello, el futuro de la franquicia vuelve a estar sobre la mesa.

¿Qué puede ser Wolfenstein 3?

Las opciones son dos. La primera, continuar donde The New Colossus lo dejó: la revolución mundial, Blazkowicz como figura mítica, el fascismo en retirada. La segunda, ignorar Youngblood por completo y hacer otra precuela ambientada en un mundo donde los nazis ganaron.

Cualquiera de las dos funciona. Lo que no funciona es otro spin-off que evite la pregunta principal. Con MachineGames de vuelta en el radar de ZeniMax, con Wolfenstein dentro de las cinco IPs prioritarias de Microsoft, la saga tiene por primera vez en años una razón estructural para dar el paso. Más nazis. Más Blazkowicz. Ese resumen nunca ha fallado.

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