Treinta euros por un plataformas 3D español con 15 horas de contenido, demo gratuita ya disponible y estética que mezcla Kingdom Hearts con Jak & Daxter. Eso es Duskfade en números. El juego llegó el 13 de agosto de 2026 a PS5, Nintendo Switch 2, Xbox Series X|S y PC, y los primeros análisis le dan una nota media cercana al 74 sobre 100. Sólido, nostálgico, con alguna pega.
Detrás está Weird Beluga, el estudio español responsable de Clid the Snail. Con Duskfade apuntan a un público más amplio y con ambiciones claras: crear un tributo de trazo grueso a la era dorada de PS2. Las referencias a Kingdom Hearts, Jak & Daxter y Ratchet & Clank no se esconden; se asumen como punto de partida, no como copia. Es nostalgia con firma española.
Un mundo clockpunk hecho en España
Zirian es el protagonista: un joven aprendiz de relojero cuya hermana Allira ha quedado atrapada en una misteriosa torre del reloj que sumió al reino de Tick Town en una noche eterna. Junto a su autómata Cuco —un pequeño robot con ecos de Clank—, deberá romper cuatro grandes sellos para liberarla. La trama es sencilla pero funciona: hay flashbacks que añaden algo de peso emocional y un villano que da suficientes pistas sobre su origen si se presta atención a los detalles del guion.
El universo del juego gira en torno a la estética clockpunk: engranajes barrocos, agujas de reloj y mecanismos dorados que impregnan cada zona, desde bosques etéreos hasta reinos subacuáticos y alturas entre nubes. Los cuatro mundos duran unas dos horas cada uno y están llenos de coleccionables escondidos en rincones bien pensados. La distribución de secretos premia la exploración sin castigar a quien va directo al objetivo, y el backtracking tiene sentido porque desbloquea trajes, tintes y cartas que amplían las opciones de personalización de Zirian.
El diseño artístico es el gran acierto de Weird Beluga: colores saturados con mucho criterio, personajes cartoon reconocibles y zonas que se quedan en la memoria después de completarlas. Para ser un indie español de presupuesto moderado, la escala sorprende.
El plataformeo funciona; el combate, menos
En la parte de moverse y saltar, Duskfade cumple con creces. Los controles son fluidos, con una fisonomía de salto y doble salto que se aprende en los primeros diez minutos y aguanta bien durante toda la aventura. Los biomas varían lo suficiente como para que ningún mundo se sienta repetición del anterior, y hay fases sobre raíles en los tramos finales que rompen el ritmo en el momento justo. El diseño de niveles es la baza más fuerte del juego.
El combate es otro asunto. Zirian usa el Minutero —su espada con forma de aguja de reloj— para enfrentarse a enemigos, pero la mecánica resulta escasa durante los primeros dos mundos: golpes sin contundencia, combos que se vuelven repetitivos y un sistema de fijado que desorienta cuando hay varios enemigos en pantalla. El juego va desbloqueando habilidades como el péndulo o minas de cooldown, pero no terminan de despegar en combate ordinario. Los jefes son más interesantes y añaden fases de plataformeo entre sus ataques, que es donde el juego luce mejor.
«Su mayor virtud es saber llevarnos a otra época. Cumple con su objetivo primordial: consigue que se pasen las horas volando.» — Eurogamer.es
29,99€ con demo gratis: ¿merece la pena?
A ese precio, con 15 horas de duración media y demo descargable en todas las plataformas sin coste adicional, Duskfade es una propuesta honesta. No compite con Astro Bot ni con Kena: Bridge of Spirits en presupuesto de producción ni en refinamiento de mecánicas. Compite en otro carril: el de los juegos que te recuerdan por qué ibas al videoclub de pequeño y salías con algo en la mano que no sabías exactamente qué era pero te emocionaba.
Weird Beluga ha demostrado saber gestionar sus recursos y no sobrepasar sus límites. Duskfade no hace nada revolucionario, pero hace bien lo que se propone: transportarte durante 15 horas a un tipo de juego que escasea en 2026. Si tienes Switch 2, PS5 o PC y los plataformas 3D de los años 2000 forman parte de tu dieta, descarga la demo. Es gratuita. Y si te engancha, 29,99 euros por un indie español de esta ambición es un precio razonable.

