Gaming16 de agosto de 2026·4 min de lectura

Haley MacLean lleva años revisando contratos de publicación para estudios de videojuegos, desde indies pequeños hasta desarrolladoras AA. Y dice que algo ha cambiado radicalmente en el último año: las cláusulas anti-IA generativa han pasado de ser una rareza a ser tan estándar como las cláusulas de exclusividad o los plazos de entrega. «Si me encontrara con un contrato que no tuviera una cláusula de IA genérica, insistiría en que la incluyeran», afirma MacLean, abogada corporativa y responsable de la práctica de videojuegos en Voyer Law Corporation, en declaraciones a GamesRadar+.

El fenómeno llega a España en un momento en que la industria del videojuego lleva meses procesando los efectos de la inteligencia artificial generativa, desde las controversias con la canción de Stellar Blade Blood Rain hasta las reestructuraciones en estudios internacionales.

De cláusula marginal a boilerplate en doce meses

MacLean explica el proceso con claridad: hace dos o tres años, las cláusulas anti-IA aparecían solo en contratos de las editoras más cautelosas, las que querían posicionarse públicamente en contra de la tecnología. Luego llegó el efecto contagio. «Los grandes lo hacen, nosotros también deberíamos hacerlo», resume MacLean el razonamiento que escucha ahora de estudios de todos los tamaños.

El resultado es que hoy una cláusula anti-IA generativa es boilerplate, término legal para las cláusulas estándar que se incluyen por defecto sin negociación especial. La protección va en ambas direcciones: los desarrolladores quieren evitar que la editora use IA generativa en el marketing, el porting o el control de calidad del juego; y las editoras quieren garantías de que los assets del juego no fueron creados con generadores de imágenes o texto automático.

«Ahora es solo una cláusula estándar. Si me encontrara con un contrato sin ella, diría que hay que insistir en incluirla.» — Haley MacLean, Voyer Law Corporation

Qué dice exactamente una cláusula anti-IA en un contrato de videojuego

MacLean compartió un ejemplo real anonimizado de cómo se redactan estas cláusulas en la práctica:

«[La parte] desea evitar el uso de sistemas de IA generativa siempre que sea posible. [La parte] no utilizará tecnologías de IA generativa en la creación del producto; ni insertará el producto en bibliotecas o bases de datos de sistemas de IA sin consentimiento previo por escrito. La violación de esta sección constituirá un incumplimiento material del acuerdo.»

La clave está en la definición de «IA generativa»: el texto se refiere a sistemas que crean activamente un asset, no al uso pasivo o accidental de herramientas que incorporan IA (como resultados de búsqueda con IA o correctores automáticos). Esto da cierta flexibilidad operativa sin abrir la puerta a los casos problemáticos.

Por qué la industria teme la IA generativa: copyright y reputación

MacLean identifica dos razones principales para esta huida hacia adelante. La primera es legal: la IA generativa es, según sus palabras, una «mina de copyright». Los modelos de imagen y texto se entrenaron con millones de obras protegidas sin permiso explícito, y las demandas están llegando. «Creo que vamos a ver lawsuits», advierte la abogada. Firmar un contrato que incluye assets generados por IA es asumir una exposición legal que ningún estudio ni editora quiere cargar.

La segunda razón es reputacional. Stellar Blade es el ejemplo reciente más visible: cuando el estudio Shift Up publicó un videoclip de la canción Blood Rain hecho con IA generativa, la reacción de los fans fue inmediata y dura. Los jugadores son un público particularmente sensible al uso de IA en contenidos creativos, y los estudios lo saben. Incluir una cláusula anti-IA en el contrato es también una señal hacia la comunidad.

La industria del videojuego ha tardado en regularse a sí misma en muchos frentes —las loot boxes, los micropagos, la crunch culture— pero en este caso el movimiento está siendo rápido. Si MacLean tiene razón, los contratos que no incluyan una cláusula de IA generativa serán pronto la excepción, no la norma.

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