Noticias29 de julio de 2026·4 min de lectura

¿Qué hace falta para que Donald Trump cambie de posición respecto a Ucrania? Según todo lo que ocurrió el martes en Washington, una baraja de cartas geoestratégicas bien elegidas —y saber cuándo jugarlas.

Volodimir Zelenski llegó al Despacho Oval con una agenda clara: más ayuda de defensa aérea y la reactivación de las negociaciones de paz con Rusia. Se fue con algo todavía más concreto: el avance en la licencia que permitirá a Ucrania fabricar sus propios interceptores Patriot. Una victoria diplomática que llega poco más de un año después del momento más tenso entre ambos líderes, cuando Trump llegó a expulsarle de la Casa Blanca ante las cámaras.

Un giro sin precedentes en catorce meses

En febrero de 2025, Trump le dijo a Zelenski que no tenía las «cartas» en su poder. El martes 28 de julio de 2026, esa frase quedó enterrada en el Despacho Oval. El encuentro, de algo más de una hora, se celebró a puerta cerrada con la presencia del secretario de Estado Marco Rubio, el del Tesoro Scott Bessent y el de Guerra Pete Hegseth.

La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, calificó la reunión de «positiva y productiva». Zelenski fue algo más efusivo: «Una buena reunión con el presidente Trump. Gracias por todo lo que hacemos juntos para proteger las vidas de los ucranianos y avanzar hacia la paz», escribió en X. Mencionó también las conversaciones sobre licencias Patriot y la necesidad de reactivar el proceso diplomático.

¿Qué significa fabricar Patriot en Ucrania?

Desde la cumbre de la OTAN de junio, Trump había prometido a Ucrania la licencia para producir interceptores Patriot en su propio territorio. El martes se avanzó en los detalles de ese compromiso. Ucrania se convertiría así en el cuarto país del mundo —junto a Japón, Alemania y Polonia— autorizado para fabricar estos sistemas dentro de sus fronteras.

El acuerdo tiene una lógica de urgencia. Kyiv lleva meses denunciando una escasez crónica de defensas antiaéreas frente a los ataques con misiles balísticos rusos. La semana pasada, la empresa estadounidense Raytheon ya firmó un acuerdo con Ucrania para la producción local de interceptores. Fabricarlos en territorio propio reduciría la dependencia de los suministros externos en uno de los recursos más críticos del conflicto.

Dato: España donó cinco misiles Patriot a Ucrania en 2026, uno de los gestos de apoyo militar más significativos del Gobierno de Pedro Sánchez a Kiev.

El funeral de Graham, telón de fondo de una jornada histórica

La reunión se enmarcó en un día de duelo en Washington. Lindsey Graham, el senador republicano que fue uno de los mayores defensores de Ucrania en el Capitolio, fue enterrado ese mismo martes en la Catedral de Washington. Zelenski viajó expresamente para asistir al funeral de quien, hasta su muerte repentina el 11 de julio a los 71 años, había sido su aliado más influyente en el Senado.

Graham había estado en Kyiv el día anterior a su muerte. En esa visita anunció un acuerdo bipartidista para aumentar las sanciones sobre el petróleo ruso. Fue su último acto político. Para la comunidad ucraniana en España —más de 150.000 personas de origen ruso y ucraniano residen en el país— su pérdida tiene un peso simbólico que va más allá del protocolo diplomático.

Dos guerras entrelazadas y una señal desde el Caspio

Ese mismo martes, Ucrania atacó un barco iraní en el mar Caspio, al que acusó de transportar equipamiento militar entre Teherán y Moscú. Fue el primer ataque directo de Kyiv contra un activo iraní desde el inicio de la guerra entre EE.UU., Israel e Irán hace cinco meses.

El mensaje era claro: Ucrania puede ser un aliado activo en el conflicto con Irán, no solo un receptor pasivo de ayuda occidental. Esa baza —la de convertirse en pieza del tablero estratégico de Washington en Oriente Medio— era exactamente el tipo de «carta» con la que Zelenski llegó al Despacho Oval.

Las negociaciones de paz con Rusia siguen sobre la mesa. Zelenski ha expresado su esperanza de retomar el proceso antes de otoño. Si los Patriot entran en fabricación y la diplomacia avanza en paralelo, el otoño de 2026 podría ser decisivo para el conflicto que más directamente afecta a los cientos de miles de ucranianos y rusos que hoy construyen su vida en España.

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