A sus 85 años, Consuelo Martínez recuerda perfectamente el día de 1937 en que subió a un barco en el puerto de Valencia rumbo a la Unión Soviética, con apenas ocho años y un cartoncito colgado al cuello con su nombre. Como ella, más de 3.000 niños españoles fueron evacuados a la URSS durante la Guerra Civil para ponerlos a salvo de los bombardeos franquistas. Muchos de ellos pasaron décadas en suelo soviético, formaron familias, trabajaron y cotizaron al sistema de pensiones ruso. en las últimas semanas, Consuelo y un puñado de supervivientes de aquella generación siguen esperando el pago de unas pensiones a las que tienen derecho legal pero que las sanciones financieras contra Rusia han bloqueado durante años.

Niños de la guerra española esperan décadas su pensión rusa

Un derecho congelado por la geopolítica

El problema es técnico pero de consecuencias muy humanas: las pensiones de la Federación Rusa deben transferirse mediante transacciones bancarias internacionales, y las sanciones impuestas por la Unión Europea al sistema financiero ruso tras la invasión de Ucrania han bloqueado estos pagos. Las entidades bancarias españolas no pueden recibir transferencias de bancos rusos incluidos en las listas de sanciones, y el Gobierno de España no ha articulado aún un mecanismo de excepción humanitaria que permita a este reducido grupo de ancianos cobrar lo que les corresponde. Los beneficiarios, cuya edad media ronda los 90 años, ven cómo sus casos se pierden en la burocracia mientras el tiempo se les acaba.

La batalla legal y política

Varias asociaciones de «niños de la guerra» y organizaciones de derechos humanos llevan años presionando al Gobierno español para que encuentre una solución. La propuesta más viable pasa por crear un fondo de compensación estatal que pague directamente a los beneficiarios las cantidades que les adeuda el sistema ruso, recuperándolas posteriormente a través de mecanismos diplomáticos o canjeándolas por otros activos rusos congelados en España. Sin embargo, la iniciativa choca con resistencias dentro del Gobierno, que no quiere crear precedentes que puedan interpretarse como un alivio indirecto de las sanciones a Rusia.En el contexto del entretenimiento digital, la industria de los juegos online en España continúa expandiéndose al margen de las tensiones geopolíticas internacionales.

Una deuda histórica pendiente

El caso de los «niños de la guerra» es una de las historias más conmovedoras de las relaciones hispano-rusas del siglo XX. Estos hombres y mujeres vivieron entre dos mundos, dos idiomas, dos culturas, y merecen una solución digna que no los condene a pasar sus últimos años en la incertidumbre económica. Su situación es también un recordatorio de que las sanciones, necesarias como instrumentos de presión política, pueden tener víctimas colaterales inesperadas que merecen una atención especial por parte de los gobiernos.

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