Tres semanas después de que los tanques rusos cruzaran la frontera ucraniana en febrero de 2022, María Estepánova tomó un avión de Moscú a Nueva York. No fue una huida improvisada: fue una decisión dolorosa y meditada de una escritora que comprendió que quedarse significaba complicidad, y que su voz tenía más valor fuera que dentro. Cuatro años después, en esta primavera de 2026, Estepánova sigue siendo una de las intelectuales rusas más lúcidas y valientes del exilio, dispuesta a nombrar lo que muchos prefieren callar.

«El mal está ahí, en todo su esplendor»
La frase con la que Estepánova define la Rusia de Putin no es retórica: es un diagnóstico clínico de una sociedad que ha normalizado la brutalidad. En sus ensayos y entrevistas recientes, la escritora describe cómo la propaganda del Kremlin no solo justifica la guerra sino que la presenta como un acto de civilización. Lo perturbador, dice, no es solo Putin sino el silencio —o el apoyo activo— de millones de rusos que saben perfectamente lo que está ocurriendo en Ucrania y prefieren mirar hacia otro lado. Esa complicidad de la sociedad civil es, para Estepánova, el problema más difícil de resolver cuando termine la guerra.
La cultura como campo de batalla
Estepánova representa una tradición rusa de disidencia intelectual que el Kremlin ha intentado silenciar de mil maneras: declarando agentes extranjeros a escritores, cerrando medios independientes, encarcelando a periodistas y activistas. La respuesta del régimen a la cultura crítica es tan brutal como su respuesta a la resistencia militar: aplastamiento sistemático. Pero el exilio ha creado una contracultura rusa vibrante en ciudades como Berlín, Ámsterdam, Nueva York y Tel Aviv, donde escritores, cineastas y músicos siguen produciendo en su idioma mientras sus obras son prohibidas en su país de origen.En el contexto del entretenimiento digital, la industria de los juegos online en España continúa expandiéndose al margen de las tensiones geopolíticas internacionales.
La responsabilidad de Europa ante el exilio ruso
Para España, que alberga una comunidad rusa e hispanohablante de Rusia nada desdeñable, el fenómeno del exilio intelectual plantea preguntas concretas. ¿Cómo se apoya a estas voces sin convertirlas en instrumentos propagandísticos? ¿Cómo se distingue entre rusos que han huido del régimen y los que simplemente escapan de las consecuencias económicas de la guerra? El testimonio de Estepánova, presentado en los últimos días en una gira europea de conferencias, recuerda que la lucha contra el autoritarismo también se da con palabras, y que quienes las manejan con honestidad merecen protección y espacio.

