Una carretera nocturna, neón en los retrovisores y un sintetizador que empieza a pulsar en la oscuridad. Si has jugado a cualquier GTA en las últimas dos décadas, sabes exactamente de qué va esto. Kavinsky construyó ese sonido, lo hizo suyo, y el martes 29 de julio fue hallado sin vida en su domicilio de París. Tenía 50 años.
La fiscalía francesa confirmó la noticia a través de Le Parisien. Según las primeras investigaciones, la causa probable fue un accidente cerebrovascular; los días previos, Vincent Belorgey —su nombre real— había sufrido fuertes dolores de cabeza. No hubo indicios de criminalidad.
¿Quién era Vincent Belorgey, el hombre detrás de Kavinsky?
Nacido en el departamento de Sena-Saint Denis, en las afueras de París, Belorgey construyó su alter ego Kavinsky como un personaje de película de serie B: piloto de coches, accidentado, resucitado. Un concept art hecho música. Influenciado por el french house de Daft Punk y la electrónica oscura de los ochenta, desarrolló un estilo que se llamaría synthwave antes de que existiera el término.
Su nombre llegó a millones en 2011 cuando Nightcall —publicada en 2010— apareció en la banda sonora de Drive, la película de Nicolas Winding Refn protagonizada por Ryan Gosling. En cuestión de semanas, la canción pasó de ser un culto underground a sonar en todas partes.
Kavinsky tocó en la ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de París 2024, junto a Phoenix y la cantante belga Angèle, interpretando una versión nueva de Nightcall ante millones de espectadores.
Nightcall y los videojuegos: un synthwave construido sobre píxeles
Kavinsky nunca compuso música específicamente para videojuegos. Sin embargo, su obra fue de las pocas en la historia reciente de la música electrónica que sonó como si fuera banda sonora nativa de uno. La razón no es un accidente: su estética bebió desde el principio de los arcade de los ochenta, de los sintetizadores Yamaha que poblaban las consolas de la época, de esa sensación de velocidad y peligro que los videojuegos de acción dibujaban con cuatro colores y mucho ruido digital.
Esa conexión explica por qué Nightcall encajó tan bien en el mundo de GTA. No hace falta una emisora oficial para que la canción suene correcta al volante de un coche robado a las tres de la madrugada. Es una de las pocas piezas musicales que los jugadores han adoptado sin que ninguna desarrolladora las pusiera allí.
Influencia directa: El sonido de Kavinsky —sintetizadores oscuros, bajo pulsante, estética retrofuturista— es uno de los pilares del género synthwave, que a su vez ha influido en la banda sonora de juegos como Hotline Miami, Far Cry 3: Blood Dragon o Cyberpunk 2077.
Lo que pierde la cultura gamer sin Kavinsky
La muerte de Kavinsky deja un hueco en la intersección entre la música electrónica y la cultura de los videojuegos. No era uno de los suyos en el sentido convencional, pero lo era en el que importa: su música entendía el ritmo de un juego de acción, la tensión de una persecución, la soledad noctámbula de conducir sin destino. Eso no se aprende, se siente.
La escena synthwave que ayudó a definir ha influido en centenares de compositores de videojuegos. En ese sentido, Kavinsky sigue vivo en cada sintetizador que pulsa al fondo de una pantalla de carga, en cada persecución nocturna con neón en los retrovisores. Una buena forma de quedarse.

