Trump, Zelenski y Netanyahu despidieron a Lindsey Graham, el senador que quería sancionar a Rusia hasta el último momento de su vida.
Trump, Zelenski y Netanyahu despidieron a Lindsey Graham, el senador que quería sancionar a Rusia hasta el último momento de su vida.
«No puedo morir ahora.» Esas, según quienes lo conocían, fueron algunas de las últimas palabras de Lindsey Graham en una llamada telefónica horas antes de su muerte. «Todavía necesito imponer sanciones a Rusia, solucionar el problema con Irán y lograr la normalización de las relaciones entre Israel y Arabia Saudita.»
No pudo. El 11 de julio, el senador republicano por Carolina del Sur murió en su casa de Washington a los 71 años, una emergencia cardíaca que se llevó al político que durante tres décadas no dejó pasar ni una crisis exterior sin tener algo que decir al respecto. Esta semana, en la Catedral Nacional de Washington, Trump, Zelenski y Netanyahu vinieron a despedirse de él.
Trump recordó a su aliado con la mezcla de afecto y honestidad que caracteriza sus discursos fúnebres: «Os lo aseguro, nunca vio una guerra que no le gustara.» No era un insulto. Era un elogio en el código del trumpismo.
Graham llegó a ser uno de los críticos más duros de Trump durante las primarias de 2016 antes de convertirse en uno de sus aliados más cercanos. Jugaban al golf. Muchos líderes extranjeros lo consideraban el canal más directo hacia el Despacho Oval. Durante 30 años sirvió en el Senado centrado en política exterior: defensa del intervencionismo, apoyo a Israel, apoyo a Ucrania y sanciones contra Rusia. Lo que algunos llamaban belicismo él lo llamaba responsabilidad.
Trump describió al senador como un «querido amigo», un «respetado estadista» y alguien «único e inigualable». «Durante más de 30 años, nada de importancia ocurrió en esta capital sin que Lindsey Graham lo supiera», dijo.
«Nada significativo sucedió en ningún lugar del mundo sin que Lindsey Graham tuviera algo que decir al respecto.» — Donald Trump, funeral de estado, Washington, julio 2026
Graham murió el día después de regresar de Ucrania. Era su décima visita a Kyiv desde el inicio de la invasión rusa en 2022. En esa última reunión con Zelenski, reveló que había alcanzado un acuerdo bipartidista en el Senado para aumentar la presión sobre Rusia con nuevas sanciones a su petróleo. Era exactamente el tipo de trabajo que él nunca delegaba: relaciones personales, viajes, llamadas, presión constante.
Su presencia en el funeral no fue solo protocolaria. Zelenski viajó a Washington específicamente para rendir tributo a Graham, y aprovechó para reunirse con Trump en el Despacho Oval —una reunión que la Casa Blanca calificó de «positiva y productiva». De esa reunión salió el acuerdo sobre las licencias Patriot que horas después quedaría en contexto trágico cuando los misiles rusos golpearon Krivi Rig y Leópolis.
Netanyahu hizo lo mismo. Ambos líderes encontraron en el funeral del senador el pretexto diplomático para un encuentro que en cualquier otro momento habría requerido semanas de preparación.
Dato: La hermana de Graham, Darline Graham, fue designada senadora interina y ha anunciado su intención de disputar el escaño en las elecciones de noviembre. La base militar de Charleston, Carolina del Sur, será rebautizada en su honor.
Esa es la pregunta que muchos en Kyiv y en los círculos diplomáticos europeos llevan semanas haciéndose. Graham era el puente entre el trumpismo y el internacionalismo clásico. Sabía hablarle a Trump de una manera que pocos congresistas dominaban, y ese talento lo usó repetidamente para garantizar paquetes de ayuda a Ucrania que de otro modo habrían muerto en comités republicanos cada vez más inclinados hacia el aislacionismo.
Su muerte llega en el peor momento posible: con las elecciones legislativas de noviembre acercándose y con el ala más aislacionista del Partido Republicano ganando peso. Dos guerras —Ucrania y Oriente Medio— pesan sobre las mayorías republicanas en el Capitolio. Sin Graham para tender puentes, el apoyo puede volverse más volátil.
Para la comunidad de habla rusa en España, que sigue la guerra de Ucrania con la intensidad de quien tiene familia en el frente, la muerte de Graham es la pérdida de un aliado en las altas esferas. Uno que, en sus últimas horas, seguía pensando en sanciones contra Rusia. Que quería seguir estando.