El Elbrús te da una falsa confianza. Con sus laderas suaves y sus teleféricos que suben hasta los 3.847 metros, parece más accesible que el Everest, más razonable que el K2. Pero sus 5.642 metros sobre el nivel del mar esconden una trampa: el tiempo cambia en minutos, el viento puede alcanzar los 70 kilómetros por hora sin previo aviso y el frío cierra el paso sin que nadie te lo anuncie. El pasado fin de semana, ese engaño mató a cinco alpinistas de Bosnia-Herzegovina.
El grupo de siete montañeros partió el viernes 24 de julio desde la ciudad de Zenica, en el centro del país. Incluía a una pareja, Alma y Denis Okanović, y a una médica del hospital local. Nunca llegaron a casa.
Cómo los venció la montaña
El sábado, los escaladores quedaron atrapados a 5.100 metros de altitud. Las condiciones, que al inicio parecían favorables, se deterioraron con rapidez. El viento pasó de 45 a 70 kilómetros por hora —umbral crítico para intentar el asalto a la cima. Uno de los miembros del grupo logró descender para dar la alarma: dos compañeros estaban enfermos y el equipo no podía bajar por sus propios medios.
El Ministerio de Situaciones de Emergencia de Rusia envió ocho rescatistas. No llegaron a tiempo. Cuando alcanzaron la posición del grupo, cinco de los siete expedicionarios habían fallecido. Los dos supervivientes fueron hospitalizados con lesiones graves. En días siguientes, los equipos de rescate recuperaron los cuerpos de los cinco fallecidos, aunque las malas condiciones meteorológicas impidieron bajarlos a todos de inmediato.
«El pronóstico meteorológico era incorrecto y las condiciones naturales fueron más serias de lo que esperábamos. El equipo estaba bien entrenado.» — Haris Adilovich, superviviente
El Elbrús: 5.642 metros de engaño
El Cáucaso ruso es uno de los destinos más buscados por montañeros del este de Europa. Muchos miembros de la comunidad rusa, ucraniana y de los Balcanes que viven en Europa occidental guardan el Elbrús en su lista de sueños pendientes: la cumbre más alta del continente, la joya de la cordillera caucásica. Más de 10.000 personas intentan subir cada año. El pico más alto de Europa forma parte de la ruta de las «siete cumbres» —los techos de cada continente— y su fama de escalada técnicamente asequible lo convierte en destino habitual para montañeros con experiencia pero sin expediciones de altitud extrema.
Ese es precisamente el problema. La accesibilidad percibida lleva a equipos bien entrenados a subestimar la montaña. Entre 15 y 30 personas mueren en el Elbrús cada año. Este verano, antes de la tragedia bosnia, ya habían fallecido tres personas más, entre ellas un niño de 11 años que descendía con su padre tras alcanzar la cima.
Alexánder Yakovenko, presidente de la comisión de alpinismo clásico de la Federación Rusa de Montañismo, señaló que el grupo bosnio no valoró correctamente el pronóstico negativo y no respondió adecuadamente cuando las condiciones empeoraron. El equipo no llevaba guía local.
¿Por qué sigue ocurriendo?
Las muertes en el Elbrús no son accidentes dispersos ni casos aislados de mala suerte. Siguen un patrón: equipos competentes, sin experiencia específica en la montaña, que confían en previsiones meteorológicas que esta cumbre invalida con frecuencia. El viento en el Cáucaso puede triplicar su velocidad en pocas horas. Nadie que no lo haya vivido lo anticipa bien. Los rescatistas del Ministerio de Emergencias rusos están entrenados para este tipo de operaciones, pero incluso ellos dependen del clima para ejecutarlas. El domingo pudieron bajar solo dos de los cuerpos bosnios. Los otros tres y el ciudadano ruso fallecido tuvieron que esperar en la montaña hasta que el tiempo dio un respiro.
La tragedia de Zenica plantea una pregunta que los organismos de montañismo rusos llevan años intentando responder: ¿cuánta regulación es suficiente? El Elbrús no exige guía obligatorio. No tiene cuotas de acceso. Su popularidad crece año a año entre la comunidad de origen ruso y europeo del este que considera esta cumbre parte de su patrimonio cultural. Mientras eso no cambie, la montaña seguirá cobrando su precio.

