Cuatro meses o once. Esa diferencia, aparentemente numérica, condensa uno de los cambios de seguridad más importantes que ha vivido Dinamarca en décadas. Este lunes, 1.600 jóvenes empezaron a servir en las fuerzas armadas danesas bajo un sistema de conscripción completamente renovado: más largo, más exigente y, por primera vez en la historia del país, abierto en igualdad de condiciones a hombres y mujeres.
La reforma era conocida desde 2024, cuando el Ejecutivo danés la aprobó alegando que la guerra en Ucrania y las tensiones en torno a Groenlandia habían cambiado el escenario de seguridad europeo de forma irreversible. Lo que no estaba previsto era la velocidad: el calendario inicial situaba la entrada en vigor en 2027, pero las autoridades decidieron adelantarla un año.
De cuatro a once meses: cómo funciona el nuevo modelo
El nuevo servicio militar danés divide los once meses en dos fases. Los cinco primeros se dedican a la instrucción básica: tiro, primeros auxilios, manejo de equipos, preparación táctica. Una vez superada esa etapa, los reclutas se integran en unidades operativas donde completan el resto del periodo con misiones reales.
Esas misiones pueden incluir el despliegue en Groenlandia —territorio autónomo danés que ha vivido sus propias tensiones geoestratégicas este año—, la misión de la OTAN en Letonia, o la incorporación a unidades de la Armada. Los 1.600 que empezaron esta semana son todos voluntarios, parte del segundo contingente del año. La conscripción por sorteo entra en juego cuando el cupo de voluntarios no se cubre.
El objetivo a medio plazo es elevar el número de reclutas anuales de los 4.500 actuales a entre 6.500 y 7.500. «La extensión del periodo de servicio nos permite incorporar a los reclutas en nuevas funciones dentro de las capacidades operativas», explicó Kenneth Strøm, responsable del programa de conscripción, «lo que se traduce en una fuerza de combate más amplia y con mayor capacidad de respuesta».
La doble presión: Rusia en el Este, Trump en el Oeste
Dinamarca ha citado explícitamente dos vectores de amenaza para justificar la reforma. El primero y más conocido es Rusia: la invasión de Ucrania convirtió la defensa colectiva europea en una prioridad que ya no admite retórica, y la cercanía de Dinamarca al Báltico hace que la amenaza no sea abstracta. Los drones rusos que ya han violado el espacio aéreo de países de la OTAN han dejado claro que la disuasión no es solo teórica.
El segundo vector es más inusual: las tensiones con Estados Unidos por el control de Groenlandia han llevado a Copenhague a tomar en serio la necesidad de proyectar presencia real en ese territorio. Que los nuevos reclutas puedan ser enviados a la isla es, en ese sentido, un mensaje tanto a Moscú como a Washington.
Por primera vez, las mujeres también son reclutas
Una de las novedades más simbólicas de la reforma es la incorporación de las mujeres al sistema obligatorio en igualdad de condiciones. Este año, aproximadamente una de cada cinco personas que empezaron el servicio es mujer. Anteriormente, las danesas podían hacer la mili de forma voluntaria, pero no estaban sujetas a la obligación.
Modelo nórdico: Noruega y Suecia ya aplicaban un sistema igualitario antes que Dinamarca. Finlandia, Estonia, Letonia y Lituania también mantienen alguna forma de conscripción obligatoria para hombres, con distintos grados de extensión a las mujeres.
El giro igualitario no es solo simbólico: responde a una lógica operativa. Con una población pequeña y ambiciones de defensa que crecen, Dinamarca no puede permitirse reservar el reclutamiento a la mitad de la población apta.
El rearme nórdico: Dinamarca no está sola
La reforma danesa no ocurre en el vacío. Suecia acaba de ingresar en la OTAN y ha ampliado sus propios cupos de conscripción. Finlandia, fronteriza con Rusia, mantiene uno de los ejércitos de reserva más grandes de Europa en proporción a su población. Los países bálticos han reforzado sus fuerzas y solicitado presencia permanente de la Alianza en sus territorios.
Para la comunidad de habla rusa que vive en España y en el resto de Europa, estos movimientos tienen una lectura doble. Son señales de que el continente toma la amenaza en serio. También son el recordatorio de que la guerra en Ucrania ha rediseñado, de forma permanente, las reglas de seguridad del continente. La mili danesa de once meses es un síntoma de ese cambio.

