Un informe del Ministerio de Asuntos Exteriores danés, filtrado a la prensa europea en las últimas semanas, advierte de que las presiones de la administración Trump sobre Groenlandia podrían tener un efecto precedente peligroso para la integridad territorial de otros países europeos, citando expresamente el caso de los territorios españoles de Ceuta y Melilla. El documento, que ha generado una respuesta indignada del Gobierno español, sostiene que si la doctrina de que los enclaves geográficamente distantes del Estado del que dependen pueden ser objeto de reclamación territorial es aceptada para Groenlandia, Marruecos podría utilizarla para presionar con mayor insistencia sobre las ciudades autónomas españolas en el norte de África.
El paralelismo Groenlandia-Ceuta y Melilla
La comparación entre Groenlandia y Ceuta y Melilla es, por supuesto, imperfecta: las circunstancias históricas, geográficas y jurídicas son muy diferentes. Groenlandia es un territorio autónomo de Dinamarca con una población mayoritariamente inuit que ha manifestado en repetidas ocasiones su deseo de una mayor autonomía o incluso la independencia, mientras que Ceuta y Melilla son ciudades españolas con plena ciudadanía europea donde la inmensa mayoría de sus residentes se identifican con España. Sin embargo, el informe danés apunta a que el precedente político de las reclamaciones territoriales basadas en la proximidad geográfica o en argumentos históricos podría ser invocado con mayor fuerza si Trump consigue imponer algún tipo de modificación del estatus de Groenlandia.
El factor ruso
El informe danés conecta estas tensiones con la estrategia geopolítica rusa, señalando que Moscú ha estado atento y potencialmente alentando las disputas territoriales en el seno occidental como forma de debilitar la cohesión de la Alianza Atlántica. Rusia, que mantiene disputas territoriales propias con Ucrania y Georgia, tiene un interés estratégico en normalizar las reclamaciones territoriales unilaterales como instrumento de política exterior, lo que beneficia indirectamente las posiciones de cualquier país que reclame territorios ajenos. Para España, que ya lidia con la presión marroquí sobre Ceuta, Melilla, las islas Chafarinas y el Peñón de Vélez de la Gomera, esta dimensión rusa del problema añade otra capa de complejidad.
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La posición española
El Gobierno español rechazó con energía tanto el contenido del informe danés como cualquier paralelismo entre Groenlandia y sus territorios norteafricanos. El ministro de Asuntos Exteriores recordó que Ceuta y Melilla son territorios españoles desde el siglo XV y XVI respectivamente, que forman parte del territorio de la Unión Europea y cuya soberanía no está en ninguna duda desde el punto de vista del derecho internacional. Sin embargo, la mera aparición de este debate en documentos diplomáticos europeos revela la fragilidad del orden territorial internacional en un momento de profunda revisión de las reglas del sistema multilateral.

