Los jardineros de la región de Moscú llevan semanas viviendo una situación que pocos habrían imaginado: miles de babosas originarias de la Península Ibérica arrasan huertos y jardines sin que apenas existan formas naturales de frenarlas. Lo irónico de la situación es que se trata de la misma especie que los hortelanos de España conocen bien desde hace décadas. La conexión entre España y Rusia toma esta vez una forma muy inesperada.
La protagonista es la Arion vulgaris, conocida como babosa española o babosa ibérica. Originaria de la Península Ibérica, lleva décadas extendiéndose por Europa de la mano del comercio de plantas, tierra y materiales de jardinería. La red DAISIE, respaldada por la Unión Europea, la incluye entre los 100 peores invasores del continente. Este verano, la región de Moscú se ha convertido en su último y devastador frente.
El molusco ibérico que arrasa los huertos rusos
La Arion vulgaris no es una babosa corriente. Puede alcanzar hasta 15 centímetros de longitud y tiene un apetito que no distingue entre cultivos: devora pepinos, tomates, fresas, hojas ornamentales y rásacea con la misma voracidad. Lo que la convierte en una especie invasora especialmente peligrosa, sin embargo, es su capacidad reproductiva.
Es hermafrodita, lo que significa que puede aparearse con cualquier otro ejemplar de su especie que encuentre. El resultado: hasta 400 huevos por individuo y una nueva generación lista en apenas dos meses. Una sola babosa puede iniciar una infestación que se multiplica de forma exponencial antes de que el jardín reaccione.
El daño no se limita a los cultivos directos. La especie transmite esporas de fitóftora y de podredumbre gris, patógenos que afectan a las plantas circundantes. También puede portar larvas de nematodos peligrosos para mascotas que entren en contacto con el molusco. Los especialistas insisten en un punto práctico: nunca tocar las babosas con las manos desnudas.
Un verano perfecto para la invasión
La explosión de 2026 tiene dos causas claras. La primera es climática: un verano especialmente lluvioso y fresco en la región de Moscú ha creado las condiciones ideales para la reproducción del molusco. La segunda es estructural: en Rusia, la Arion vulgaris carece de depredadores naturales eficaces.
«En Moscú, este verano ha reunido todo lo que la babosa española necesita: humedad constante y prácticamente ningún enemigo natural que la frene.»
— Ilya Rybalchenko, ecólogo del Consejo Científico del Operador Ecológico de Rusia
En su zona de origen ibérica, la Arion vulgaris está controlada de forma natural por erizos, ranas y escarabajos carábidos. En Rusia, estos aliados son insuficientes o están ausentes. Los expertos del Jardín Botánico de la Universidad Estatal de Moscú ya han reconocido lo que muchos temían: la erradicación completa de la especie ya no es posible. El objetivo ahora es el control de su expansión.
Algunos vecinos de la región han optado por medidas drásticas: abandonar parte de sus cultivos o sustituir la vegetación por superficies de piedra. Una rendición práctica ante una especie invasora que ha llegado para quedarse.
Métodos probados para combatir las babosas españolas
Los expertos recomiendan una estrategia combinada que evite en lo posible la química agresiva:
- Recogida manual al atardecer: el método más eficaz. Las babosas están activas al caer la noche; recogerlas y colocarlas en agua salada las elimina directamente.
- Trampa de cerveza o levadura: una botella cortada con 3 cm de cerveza, enterrada a ras del suelo. El aroma a malta atrae a las babosas, que caen y no pueden escapar.
- Cinta de cobre: colocada como barrera alrededor de bancales, genera una microdescarga al contacto que hace retroceder al molusco.
- Biogranulados de fosfato de hierro: seguros para personas y mascotas, letales para babosas. Distribuirlos de forma puntual y renovarlos después de cada lluvia.
- Eliminar refugios: retirar tablas, plásticos viejos, acolchados y hierba alta donde las babosas se esconden durante el día.
Para una defensa sostenible a largo plazo, los expertos recomiendan crear condiciones para sus depredadores naturales: una pequeña charca para atraer ranas o refugios para erizos pueden marcar la diferencia con el paso del tiempo.

