«Contenía un regalo.» Eso fue lo que dijo la mujer cuando el agente de seguridad del restaurante Balzi Rossi le pidió que abriera la caja. El guardia sospechó de todos modos. Cuando empezó a inspeccionarla, la bomba detonó. El agente murió en el acto. La mujer también. Y con ellos, otro de los asistentes al evento que se celebraba en una de las salas más exclusivas de Moscú. Al final del sábado, el balance de muertos ascendía a cinco.
La bomba que nunca llegó a su destino
El objetivo de la operación era Alexander Chayko, comandante en jefe de las Fuerzas Aeroespaciales Rusas, que celebraba su 55 cumpleaños en el restaurante italiano Balzi Rossi, situado a los pies de uno de los edificios más reconocibles de Moscú — una de las llamadas Siete Hermanas, los rascacielos estalinistas que dominan el horizonte de la capital. En el escenario del local había una inscripción: «Alexander 55».
El artefacto contenía metralla y tenía una potencia equivalente a un kilogramo de TNT. Fue detonado a distancia, según fuentes de la investigación citadas por el diario ruso Kommersant. La mensajera, según los indicios disponibles, probablemente no sabía lo que transportaba. La explosión se produjo a las 20:10 hora local — las 19:10 en España — en la entrada del restaurante, sin que el artefacto llegase hasta el salón donde se encontraban los invitados. Entre estos había altos mandos militares y cargos políticos, protegidos por el FSO, el servicio encargado de la seguridad del presidente ruso.
El número de víctimas ascendió a cinco el domingo: dos heridos murieron en el hospital. Al menos seis personas permanecían en estado grave. Entre ellas podría figurar María Chayko, hija del general, de 25 años, con un traumatismo craneoencefálico abierto, según el medio ruso independiente Verstka, que la vinculó a una paciente ingresada en ese estado. Su marido, Daniil Peredriy, de 27 años, aparece en algunas fuentes entre los fallecidos. Las autoridades rusas no han confirmado ni desmentido ninguno de estos datos.
«Ucrania lo relaciona con las operaciones militares en la zona de Bucha, donde más de 400 civiles fueron asesinados durante la ocupación rusa a principios de 2022.»
¿Quién es Alexander Chayko?
Chayko lleva tiempo en la lista negra de Kiev. Al inicio de la invasión rusa a gran escala, en febrero de 2022, dirigió las fuerzas del Distrito Militar Oriental desplegadas en el norte de Ucrania durante el intento de avanzar hacia Kiev. Bajo su mando operaron unidades que ocuparon Bucha y participaron en las llamadas operaciones de «limpieza», durante las cuales fueron asesinados centenares de civiles. Las imágenes de esos cuerpos —en las calles, atados, con señales de torturas— se convirtieron en uno de los símbolos más impactantes de la guerra.
Hace pocos meses fue nombrado comandante en jefe de las Fuerzas Aeroespaciales Rusas, un ascenso que situó a la comunidad de inteligencia ucraniana ante un objetivo de primer nivel. Las autoridades rusas no han confirmado que Chayko se encontrara en el restaurante en el momento de la explosión. Ucrania, por su parte, no ha reivindicado el ataque ni ha hecho ningún comentario público.
El patrón que se repite: Rusia como campo de operaciones
El atentado del Balzi Rossi no es un hecho aislado. En los ataques atribuidos a los servicios ucranianos dentro de Rusia se repite una firma: cargas relativamente pequeñas ocultas en objetos cotidianos, activadas por detonación remota cerca de un objetivo concreto. En algunos casos se han utilizado colaboradores dentro de Rusia; en otros, intermediarios que desconocían el encargo real.
La lista de objetivos alcanzados es abultada. Daria Duguina, hija del ideólogo ultranacionalista Alexander Duguin, murió en agosto de 2022 por una bomba en su coche. El propagandista Vladlen Tatarski fue asesinado en abril de 2023 con un explosivo escondido en una estatuilla. El escritor ultranacionalista Zajar Prilepin sobrevivió a un atentado similar en mayo de ese año. En diciembre de 2024, el general Igor Kirillov —jefe de las tropas rusas de defensa radiológica, química y biológica— fue asesinado con una bomba bajo su vehículo.
Chayko sobrevivió al sábado. Pero la larga mano de la guerra ha vuelto a llegar al centro de un conflicto que no da señales de moderarse. Para los más de 150.000 ciudadanos de habla rusa en España — muchos de los cuales conocen Bucha no como un titular sino como una herida — este atentado en Moscú tiene una resonancia muy particular.

