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Según Dmitri Peskov, portavoz de Putin, el primer ministro escribió el programa a mano durante las vacaciones navideñas “basándose en las sugerencias de los ciudadanos de todas las regiones de Rusia” y exponiendo “la nueva filosofía relacionada con un mundo cambiante”.
En el programa no se menciona ni una sola vez a Rusia Unida (RU), que propuso formalmente la candidatura de Putin para la presidencia. Muchos analistas con anterioridad suponían que en el período electoral el primer ministro se distanciaría del “partido en el poder”, comprometido a los ojos de los electores por el fraude en los resultados de las elecciones de diciembre pasado. Al parecer, tenían razón.
En el primer capítulo del programa, titulado “Resultados de una década y desafíos futuros”, Putin recuerda los males que Rusia había heredado de la URSS y los que surgieron en los “turbulentos años noventa”, así como subraya que muchos de estos males fueron superados. Vuelve a afirmar que ha sido “la estabilidad política lograda” la que “nos permitió tener un período de crecimiento económico”. Ello generó el crecimiento del PIB y la capacidad adquisitiva de la población, la reducción del desempleo, la inflación y la mortalidad. Putin no menciona los altos precios de los hidrocarburos como un factor de crecimiento económico.
“Hemos entrado en el club de países que se desarrollan rápidamente”, escribe Putin. “A partir de una economía medio destruida como la de los años noventa, Rusia ha pasado a ser la sexta economía mundial”. Pero también admite que “Rusia se queda atrás respecto de los países líderes en cuanto a productividad laboral y eficiencia energética, que en Rusia es dos o tres veces menor”. La receta que propone para combatir este retraso no es nueva: “la modernización de la economía y el aumento de la actividad empresarial”.
El capítulo “La espiritualidad y la unión del pueblo ruso”, en particular, está dedicado a los medios de comunicación e internet. Reconociendo la importancia cognitiva y didáctica que ellos tienen, Putin promete “luchar contra los intentos de utilizar el espacio informativo para hacer propaganda de la crueldad, el nacionalismo, la pornografía, la drogadicción, el tabaco y el alcoholismo”.
El candidato dedica en su programa mucha atención al desarrollo regional de Rusia. Promete que el centro federal ayudará a las regiones. Sin embargo, Putin no menciona el proyecto de ley presentado ante la Duma Estatal por el presidente Dmitri Medvédev para restablecer la elegibilidad directa de los gobernadores.
Una parte importante del programa está dedicada a cuestiones relacionadas con la vivienda y los servicios comunales. Este tema fue el que más preguntas suscitó durante su aparición en directo en la televisión en diciembre pasado. “En este ámbito se han acumulado muchos problemas, mientras que la responsabilidad es poca”, admitió. La solución según Putin pasaría principalmente por “crear condiciones favorables para atraer inversiones privadas al sector”.
La idea principal de la parte económica del programa consiste en hacer crecer las inversiones “al menos, hasta el 25% del PIB para mediados de la década, en comparación con el 20% actual”. Para ello Putin promete, en particular, favorecer el desarrollo del sector energético, la industria transformadora, la agricultura y, por supuesto, las telecomunicaciones, las biotecnologías y otros sectores de alta tecnología. El candidato a la presidencia garantiza a los empresarios “la protección ante cualquier tipo de atentados contra la propiedad privada”.
“La reducción de los tipos de interés servirá de estímulo para las inversiones en el sector real de la economía –escribe-. Conseguiremos este objetivo en primer lugar controlando la inflación y desarrollando el mercado financiero nacional gracias a los instrumentos del llamado ‘dinero a largo plazo’. El año pasado, según los datos de la Agencia Rusa de Estadística Rosstat, la inflación en Rusia fue del 6,1%, cifra mínima récord desde 1991”.
Putin también promete apoyar a los exportadores rusos de mercancías con un alto grado de valor agregado y estimular la innovación “para conseguir avances cualitativos en la economía y aumentar la competitividad nacional”.
En cuanto a los asuntos internacionales, para Putin sigue siendo prioritaria la actividad en el territorio de la antigua URSS. “La Unión Aduanera de Rusia, Bielorrusia y Kazajstán ya está en funcionamiento. Desde 2012 se va haciendo realidad el Espacio Económico Único que supone un nivel más alto de integración. Seguiremos avanzando hacia la creación de la Unión Euroasiática que será la encargada de abrir una nueva etapa en las relaciones dentro del espacio post-soviético”, escribe.

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En el plano internacional general, Putin pretende ampliar la influencia económica y cultural de Rusia así como proteger los intereses políticos y económicos del país.
“Las acciones unilaterales de nuestros socios que no tengan en cuenta la opinión y los intereses de Rusia, serán valoradas adecuadamente y tendrán la correspondiente respuesta”, advierte anticipando los últimos párrafos del programa en los que se habla sobre la modernización de las fuerzas armadas y la mejora de su capacidad de combate.
Los expertos han discrepado en sus valoraciones sobre el programa de Putin. Según el doctor en ciencias políticas Serguéi Cherniajovski, uno de los apartados más importantes del documento es el referido a las obligaciones sociales del Estado ante los ciudadanos, tenidas en mayor consideración que las tareas relacionadas con el desarrollo de la economía en sí. “Los puntos clave son el enfoque hacia la transformación de la base tecnológica de la sociedad, la idea de que el poder tiene que obedecer al control del pueblo y que es al pueblo al que corresponde decidir cómo tiene que ser el país”, señala Cherniajovski.
Gleb Cherkásov, director del departamento de política del periódico Kommersant, por el contrario, no ve nada nuevo en el programa de Putin. “Es un programa clásico, que aboga por todo lo bueno y contra todo lo malo. Se puede apreciar que ha sido escrito de manera que después se puedan rellenar los bloques con algo más concreto. Digamos que es como una especie de almacén de misiles sin cabezas de combate”, se explaya Cherkásov.




