Un violín por los derechos del artista | Rusia Hoy (América Latina)

La violinista rusa Alfia Gubaidúllina – una integrante de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires. Foto de Ana Nóvikova

El credo

Llegó en 1984 desde una Unión Soviética por desintegrarse y se encontró con la Argentina de Alfonsín, eufórica por recuperar la democracia. Venía a conocer a sus suegros: en Rusia se había casado con un pianista argentino que estudiaba en el Conservatorio de Moscú.

Claro que salir del país todavía no era nada fácil. Recuerda que para hacerlo necesitó dos intentos: de entrada había sido rechazada por “inmadurez política”, diagnosticada durante la primera entrevista con agentes del KGB. ¿Razones? No se acordó del patronímico de uno de los numerosos integrantes del Comité Central del Partido Comunista. En las dos semanas posteriores tuvo que “madurar” memorizando los nombres completos de todos los jeques políticos sin perderse ninguno…

Eran tiempos confusos -evoca Alfia-. Los dirigentes arraigados en el poder se morían uno tras otro por viejos, mientras la gente común se sentía tensionada por la incertidumbre. Debe ser por eso que mis primeras impresiones de Argentina fueron como una especie de shock: acá se respiraba libertad, todo el mundo sonreía y se veía contento.”

Músicos del Teatro Colón expusieron su protesta en frente al teatro con un concierto público

Las experiencias marcan. Pero Alfia dice que la política – rusa o argentina – no está entre sus prioridades. Sólo quiere hacer música y contar para ello con unas condiciones de trabajo adecuadas. Es como tiene que ser en un país democrático.

Colón v/s Bolshoi

 Alfia habla por Facebook con sus colegas sobre el Teatro Bolshoi de Moscú. Se cuentan anécdotas, intercambian experiencias personales, descubriendo juntos las diferencias y similitudes – que son muchas – entre los dos grandes teatros.

Convertidos en prioridades nacionales por parte de los respectivos Estados, tanto el Bolshoi como el Colón han sido reconstruidos recientemente con una gigantesca inversión de recursos y esfuerzo por mantener las condiciones únicas de sonido. En los dos casos el trabajo de restauración se valió no solamente de los últimos avances de la ciencia, sino también del conocimiento de artesanos, traspasado de generación en generación. Los dos proyectos tardaron varios años y las ceremonias de reapertura se convirtieron en un acontecimiento de gran envergadura para cada país.

Documental sobre el Plan de Obras del Teatro Colon. Parte 1. Vea la segunda parte aquí.

Pero en los dos casos el proceso registró problemas administrativos, irregularidades financieras y… algunas cosas que al parecer no resultaron tan bien como se esperaba. Tanto el público argentino como el ruso quedaron encantados por el aspecto de sus tesoros nacionales, sin embargo los artistas que trabajan en su interior han presentado reclamos en cuanto al funcionamiento de la infraestructura. Así Nikolai Tsiskaridze, uno de los más famosos bailarines del Bolshoi, se ha quejado del diseño en la sala de ensayos y la falta de ventanas en los nuevos camarines. Los correspondientes del Colón, a su vez, no habían sido terminados hasta hace poco y eso, según Alfia Gubaidúllina, complicaba bastante a los artistas. Cuenta también, que las dependencias del 1-er subsuelo se sacuden demasiado con el movimiento del subte: “Cada vez que pasa un tren parece un mini terremoto. Antes no era así.”

Pero aún más complicado es el tema de mantenimiento de los instrumentos de cuerdas en el Colón: por ejemplo, un contrabajista debería cambiar todas las cuerdas una vez al mes. Pero el valor de una sola cuerda es aproximadamente de 100 dólares y eso no queda cubierto por el subsidio que, si bien existe, apenas llega a 234 USD anuales. Después de las protestas los músicos empezaron a recibir mensualmente 327 dólares más… el resto de todas maneras lo tendrán que poner de sus bolsillos. “En el Bolshoi les suministran las cuerdas. No son las mejores, pero al menos las costea el teatro”, – explica Alfia.

Pasión por la música

Claro que no todo es lucha. La violinista, oriunda de la ciudad tártara de Kazán, le agradece al Teatro Colón las oportunidades que tuvo para compartir el escenario con los grandes músicos que han pisado el suelo argentino en calidad de artistas invitados. Con mucho respeto habla de sus colegas de la Filarmónica y destaca su excelente nivel: entre ellos, el contrabajista Daniel Falasca y los violinistas Julio Perelsini y Humberto Ridolfi.

Hablando del público argentino, Alfia insiste en que “…es  culturalmente muy inquieto. La gente lee mucho, va al cine, al teatro, asiste a los conciertos. Es muy abierta y receptiva. Además, creo que en el nivel popular la música clásica rusa es tan querida por los argentinos como el tango por los rusos.”

En cuanto a la formación profesional de los músicos, la diferencia entre Rusia y Argentina, según Alfia, consiste en que la enseñanza musical empieza para los chicos rusos más temprano: “Ya sabes, allá se dice que si entras a una escuela especializada a los 8 años, ya es tarde. Normalmente los padres inscriben a sus hijos a los 5-6… Yo misma empecé a los 5.”  

Volviendo al tema de la participación del estado, Alfia cree que, en los tiempos que corren, tanto en Rusia como en Argentina las autoridades deberían destinar a la cultura más recursos. “Es otro tipo de rentabilidad. Un estado funciona mejor educando a unos ciudadanos íntegros y no a consumidores de show barato.”