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Antes de las protestas que tuvieron lugar en el centro de Moscú luego de las elecciones, algunos medios de comunicación, blogs y redes sociales rusos fueron obstruidos o atacados por piratas informáticos. Cuatro días antes de las masivas manifestaciones en la plaza Bolótnaia, los activistas sostienen que el FSB presionó a Pável Dúrov, fundador del sitio web social VKontakte, para que ayudara a obstruir a la oposición. Dúrov afirmó que la policía secreta rusa había exigido que su sitio prohibiese a los grupos opositores brindar apoyo a protestas luego de las elecciones, así como al conocido bloguero anti-corrupción Alexei Navalny, a quien habían arrestado con anterioridad durante las manifestaciones cercanas a la estación de subterráneo Chistie Prudý. Sin embargo, Dúrov se negó a prohibir a los grupos opositores e, incluso, publicó una copia de la orden policial.
Dúrov fue citado por un fiscal. Luego, pareció que la oficina de prensa de Vkontakte bajó el tono de las afirmaciones iniciales de Pável y expresó que la policía secreta tan sólo había hecho algunos «requerimientos de rutina». En caso de que hubiera algo “que no cumpla con nuestros principios o sea contrario a la ley”, la empresa tiene el derecho de negarse a acceder a dichos requerimientos, manifestó Vladislav Tsyplujin, secretario de prensa para las redes sociales. En verdad, añadió, el FSB pidió que sólo fueran prohibidos aquellos grupos que generasen violencia y malestar en las calles.
“Esta no es la primera vez que se ejerce presión sobre las redes sociales”, afirmó Alexánder Morózov, renombrado bloguero. “El verano pasado, fuimos testigos de cómo Yandex [el mayor motor de búsquedas ruso] enfrentó los mismos problemas. EL FSB solicitó los datos relativos a la cuenta personal de Alexéi Navalny y todas sus transacciones».
Según Morózov, el rechazo público de Dúrov respecto de la prohibición de grupos opositores fue el tipo de respuesta que beneficia económicamente a la empresa. Considerando el interés de inversores extranjeros en los proyectos web rusos y su relevancia internacional, esta movida sencillamente atraerá a inversores extranjeros y tendrá consecuencias positivas para su capitalización. “Es esencial para los inversores extranjeros que los proyectos web rusos tengan algún tipo de salvaguarda ante la indeseable intervención del FSB», manifestó Morózov. Agregó que «el FSB tiene el derecho de controlar algunos procesos de los medios sociales relacionados con el extremismo pero, por otro lado, no puede abusar de su poder e interferir en actividades ciudadanas (tales como la organización de manifestaciones pacíficas a través de internet) sin traer aparejadas consecuencias negativas».
El Gobierno ruso puede monitorear la correspondencia privada y en línea siempre que existan sospechas de que tales comunicaciones podrían provocar inestabilidad. El llamado sistema de medidas de investigación operativa (SORM-2), presentado en el año 2000, es un programa que permite a las agencias federales de seguridad rusa forzar a los proveedores de servicios de internet para que instalen dispositivos especiales que permitan el rastreo de mensajes de correo electrónico y correspondencia privada en las redes sociales.
Las redes sociales fueron utilizadas en diciembre de 2010 como una herramienta para coordinar la insatisfacción popular que se dio cita en la plaza Manezh, cuando cerca de 10.000 nacionalistas y extremistas tomaron las calles en respuesta al asesinato de un hincha de fútbol ruso. Dichas protestas dieron a los mandatarios un motivo para modificar la legislación penal rusa relativa a la divulgación de información extremista en la web.
Las modificaciones propuestas por la Duma Estatal al Código Penal podrían complicar la vida de la mayoría de los usuarios de internet, ya que extenderían el alcance de dicha legislación no sólo a los medios masivos inscriptos, sino también a los blogs que no estén inscriptos, entre los que se incluyen las redes sociales. Esta movida despertó el temor a que el Kremlin impusiera mayores restricciones a la libertad de expresión en internet antes de los comicios legislativos de 2011 y la campaña presidencial de 2012.
Morózov defendió el proyecto de ley como una herramienta eficaz para prevenir la expansión de contenido extremista en la web y, al mismo tiempo, lo criticó como una probable herramienta de censura. “Sin dudas, los blogueros deberían responsabilizarse de su instigación a la violencia y al extremismo en las redes y los foros sociales que están colmados de retórica agresiva y nacionalista –aseveró-. Pero el castigo debería ser justo para aquellos responsables de divulgar contenido extremista y no debería convertirse en una censura política”.
Yuri Korguniuk, miembro del grupo de expertos Indem, de Moscú, manifestó que los esfuerzos del Gobierno por interferir en la actividad de las redes sociales antes de las protestas del 24 de diciembre esta vez no serán eficaces. “El pedido de las autoridades de monitorear las redes sociales ante protestas masivas ha sido moneda corriente en nuestro país –afirmó-. No es una práctica nueva y es poco probable que se modifique. Pero no tendrá resultados positivos”. Señaló que el Gobierno debería proponer medidas más razonables para entablar diálogos con la población.
“No creo que las redes sociales constituyan una amenaza para la sociedad -expresó Morózov-. La mayoría de los usuarios registrados pertenece a una joven audiencia compuesta por estudiantes de secundaria y grupos con diversos intereses y etnias”. La red social Vkontakte no se involucra en actividades subversivas o extremistas que pueden socavar la estabilidad, afirma. “Debemos comprender que por más que un grupo de personas que pertenecen a la red social compartan algunas opiniones radicales o agresivas, como el nacionalismo, no debería prohibirse, ya que dichas comunidades son legales y sus miembros no necesariamente cometen tales delitos. La Policía debería ocuparse de las personas que promueven la violencia y el delito, no de las redes sociales”.
Morozov añadió que las medidas gubernamentales no impedirán que la gente se reúna en futuras protestas y espera que las próximas manifestaciones convoquen a más gente que las últimas.




