Prioridad polar | Rusia Hoy (América Latina)

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Buscando petróleo y gas en las plataformas marinas, los países de la cuenca del Ártico tienden a internarse cada vez más hacia el norte. Sin embargo, la extracción de hidrocarburos en la zona no sólo sale más cara sino también conlleva más riesgo para la naturaleza. En particular, hoy en día no existen tecnologías para la eliminación de vertidos de petróleo bajo el hielo. “Por ejemplo, después del accidente del petrolero Exxon Valdez (Alaska en 1989), el petróleo vertido no se descompuso y permanece en las profundidades hasta nuestros días”, recuerda el director de WWF Rusia, Ígor Chestin. En aquella ocasión fueron contaminados alrededor de 2.000 kilómetros de la costa de Alaska.

Es por eso por lo que los ecologistas consideran que habría que prohibir la extracción de hidrocarburos en el Ártico, al menos hasta que se disponga de tecnologías de respuesta ante emergencias. Las autoridades han hecho caso a los ecologistas. “El presidente ruso ha determinado que en el Ártico sólo podrán llevarse a cabo proyectos petrolíferos de empresas que puedan demostrar que disponen de medios para eliminar posibles vertidos”, recuerda Chestin. “Lamentablemente, ninguno de los proyectos que se llevan a cabo hoy responde a estos requisitos”. 

 Las zonas de extracción y transporte del petróleo interfieren en el hábitat y en las vías de migración de los animales nórdicos. Los ecologistas proponen buscar un compromiso constructivo entre las intenciones de las corporaciones petroleras y de gas y las tareas de conservación de la naturaleza. Sobre todo, teniendo en cuenta que los hidrocarburos árticos salen mucho más caros que los que se extraen en latitudes medias. “No se trata de tiempo sino de principios Alexéi Kokorin  -considera Alexéi Kokorin, coordinador del programa de WWF “El clima y la energía”-. Si la extracción en latitudes altas sale demasiado cara, habría que otorgar prioridad a la protección de la naturaleza”.

Svetlana Yurmánova, directora del Departamento de política estatal y regulación en materia de protección ambiental y seguridad ecológica del Ministerio de Recursos Naturales, está de acuerdo en que es preciso mantener un equilibrio. Ha señalado que hay que desarrollar la cooperación internacional para prevenir posibles situaciones de emergencia en el Ártico, destacando que resulta mucho más importante prevenir los accidentes que luchar más tarde con sus consecuencias.

Las situaciones de emergencia en el Ártico pueden estar relacionadas no sólo con accidentes ocurridos durante la exploración y extracción del petróleo y del gas. El Ártico es un camino corto para transportar distintos tipos de cargas. La vía marítima del Norte, que hasta hace poco parecía una opción extrema ahora, debido al cambio climático y a la situación con el hielo, ya se la considera casi como una vía de transporte de pleno derecho. “La superficie de los glaciares en el Océano  Ártico está disminuyendo año tras año, alcanzando en 2012 su mínimo histórico desde 1972, cuando empezó a monitorearse a través de satélites”, dice Kokorin. Por su parte, el volumen de los glaciares durante el verano se ha reducido a la tercera parte desde 1979.

Kokorin señala que existen varios modelos que explican la evolución de la capa helada del Ártico. Según uno de ellos, hacia el año 2060 el Ártico quedará completamente libre de hielo durante los veranos. “Pero existen otros modelos, más alarmistas”, dice el representante de WWF. “Según el más pesimista, esto podría ocurrir unos 30 años antes, hacia 2030”.

Cualquiera que sea el modelo, la probabilidad de que los barcos choquen contra un iceberg no hará más que aumentar. Las placas de hielo no sólo se están destruyendo en la Antártida Occidental y en Groenlandia. “En el Ártico habrá menos hielo pero a la vez habrá más icebergs. En estas condiciones hay que andar con mucho cuidado, se necesitará un buen sistema de control y un sistema de prevención de choques contra icebergs”.   

En el Norte existe otro problema que también está relacionado con el cambio climático, y es la estabilidad de las estructuras y los edificios construidos sobre el permafrost (terreno de congelación perpetua). Incluso hasta el 40% de estas construcciones se encuentra actualmente muy dañado, sobre todo en las zonas relacionadas con el termokarst. “El termokarst puede ser comparado con el queso roquefort -explica Kokorin-. En los bloques de hielo entra agua y éstos se derriten. Además, el termokarst se suma a nuestra desorganización: casi siempre hay alguna que otra fuga y en un momento dado la fuga lleva a la destrucción”.

Además, se hace cada vez más patente la erosión costera: según algunas valoraciones, el territorio de Rusia disminuye 30 kilómetros cuadrados anualmente. Puede parecer que una superficie así sea insignificante en comparación con el tamaño del país, pero es precisamente en esta línea costera, sometida a una constante amenaza por las olas, donde se sitúan muchas infraestructuras: construcciones portuarias, faros (incluidos los que funcionan con pilas radiactivas) y estaciones meteorológicas.

En otoño de 2012 tendrá lugar el III Foro Ártico Internacional dedicado a la problemática ambiental en la región. Es posible que para entonces ya se puedan resumir los primeros resultados del Año del Ártico: creación de nuevos territorios protegidos, introducción de estándares únicos de actividad en él para todos los países, cuestiones relacionadas con la seguridad en los barcos y métodos para minimizar las situaciones de emergencia.

La versión íntegra del texto se encuentra en la página web:  http://www.mn.ru/society_eco/20111220/308819236.html