
Foto de: ITAR-TASS
La idea principal de su alocución se basó en que, para prosperar, Rusia necesita libertad y no que le aprieten las tuercas y, respecto a la perspectiva histórica, no fueron ni Nicolás I ni Stalin los que resultaron tener razón, sino el zar liberador Alejandro II, que llegó a superar «la jerarquía militar y la burocracia del poder».
Sin embargo, advierten los expertos, el estilo de Putin consiste en no descubrir al candidato hasta el último momento, así que puede que nos esperen muchas más revelaciones de este orden.
«No se puede dejar la libertad ´para después‘, no hay que tener miedo a que las personas libres puedan luego utilizar su libertad de un modo inadecuado. Es una postura que no lleva a nada», dijo Medvédev. Afirmó que la nación era «un organismo vivo y no una máquina, y no podía mantenerse sólo reproduciendo ideas preconcebidas o apretándole las tuercas». «Un régimen demasiado rígido y un número excesivo de inspectores normalmente no llevan al triunfo del bien o, si me expreso con un estilo más moderno, no ayudan a superar la corrupción sino a fortalecerla, degradan el sistema administrativo en vez de desarrollarlo», consideró el presidente.
El jefe del Estado asegura que la sociedad necesita una oportunidad para organizarse a sí misma, mientras que la administración necesita tener voluntad para hacer cambios que deben «pensarse bien y ser racionales, paulatinos pero constantes». Además, la administración «no tiene que olvidar que el Estado no es el objetivo del desarrollo, sino su instrumento», mientras que la modernización siempre está encaminada a «ampliar el espacio de la libertad, tanto en la sociedad como en la vida de cada persona».
«Estar libres del miedo, de las humillaciones, la pobreza y las enfermedades; libertad para todos: este es, a mi parecer, el objetivo de nuestro desarrollo actual.
No son sólo palabras altisonantes. Es la necesidad de cualquier persona razonable. La envoltura puede variar, pero es eso en lo que pensamos todos los días», afirmó el presidente.
Konstantín Símonov, titular del Centro de Coyuntura Política de Rusia, no cree que «Medvédev esté pensando las 24 horas del día en la futura campaña electoral, ni que todas sus palabras vayan encaminadas sólo a esta campaña».
«Es muy del estilo de Putin eso de no descubrir hasta el último momento quién será propuesto para el cargo de presidente», dice Símonov. “Así que en los próximos meses todo el mundo se armará con una lupa para buscar pistas sobre el futuro candidato en las intervenciones de Medvédev, Putin e incluso en las de otros políticos, como por ejemplo, Kudrin. La intervención en el foro de Yaroslavl, el mensaje a la Asamblea Federal, esta conferencia dedicada al 150 aniversario de la abolición del régimen de servidumbre, en todos estos eventos Medvédev dice algo que todo el mundo percibe como el inicio de la campaña electoral. Habrá muchas intervenciones más de este estilo. Teniendo interés, uno puede ver en todo esto un indicio de que Medvédev quiere presentarse por segunda vez a las elecciones presidenciales».
El rumbo correcto
El presidente advirtió que los enemigos eternos del desarrollo libre eran la intolerancia, el extremismo y el terrorismo y recordó que fue precisamente la bomba del terrorista Grinevitski la que le quitó la vida a Alejandro II el 1 (13 según el nuevo calendario) de marzo de 1881. «El terror como fenómeno, como un enorme problema para nuestro país, surgió simultáneamente con las grandes reformas. La libertad se convirtió en un gran valor por primera vez en la historia de Rusia. La persona que la trajo acabó dando por ella su vida». El zar liberador heredó un país de servidumbre, paralizado por la jerarquía del poder militar y burocrático. «Detrás del poder aparente del imperio, porque siempre hemos sabido aparentar, supo ver la debilidad y la inviabilidad de estas instituciones», subrayó el presidente.
Hoy en día, dice Medvédev, Rusia sigue el rumbo establecido hace 150 años. La trágica historia del país en el siglo XX no fue la consecuencia de una «fallida vacuna de libertad». Según el presidente, no resultaron viables las fantasías sobre el «rumbo especial» ruso ni el experimento soviético, sino el proyecto de un régimen normal y humano ideado por Alejandro II. «A fin de cuentas, históricamente fue él quien resultó tener razón y no Nicolás I o Stalin», dijo Medvédev.
Durante la conferencia el presidente entregó a Alexandr Sokolov, director del Archivo Histórico Estatal de Rusia, los originales de los decretos impresos sobre la anulación de la servidumbre y también estudió la variante manuscrita del Altísimo Manifiesto del 19 de febrero de 1861. A pesar de los años, el decreto sigue conservándose «brillantemente», señaló Medvédev.




