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En los últimos años, baja la popularidad de los abetos naturales en vísperas de las fiestas navideñas. Estos datos son publicados por la Dirección de Economía Forestal de Moscú y de la Región de Moscú. “Es el mercado el que regula el número de árboles”, señaló Alexéi Iermólenko, vicedirector del Departamento de Economía Forestal del Distrito Federal Central. En 2010, el Departamento de Comercio y Servicios de Moscú calculó que se vendería medio millón de abetos naturales. El número de puestos de venta en vísperas de 2011 alcanzó la cifra de 420. Leonid Ivákin, portavoz del Departamento, comentó que este año no existen por ahora previsiones oficiales de ventas, pero en la capital serán abiertos más de 200 puestos, aproximadamente la mitad que el año pasado.
Vadim Gúsev, vicedirector del Departamento, afirma: “Las personas toman conciencia respecto del bosque y prefieren poner abetos artificiales”. Esta tendencia es saludada tanto por la Dirección como por el Departamento de Economía Forestal del Distrito Federal Central. Para tener un abeto destinado a las fiestas de fin de año, se necesitan de cinco a ocho años. Los funcionarios forestales consideran que a pesar de que la sección forestal disponga de plantaciones especialmente destinadas para ello y que la parte principal de los bosques no se ve amenazada, cualquier tipo de tala causa daños.
Los árboles navideños son plantados en terrenos a los largo de gasoductos, oleoductos y líneas de alta tensión. En una hectárea se plantan alrededor de 10 mil árboles. La mayoría de los abetos vendidos en Moscú crece en la misma región. Además, hay árboles traídos de Briansk, Yaroslavl, Vladímir, Tver y Riazán e incluso desde el extranjero (por ejemplo, de Dinamarca). Según Iermólenko, la elección del sitio de origen depende de los empresarios, porque los árboles de Navidad son vendidos en la capital por empresas privadas. Comprar un abeto directamente al Estado sólo es posible apersonándose en una sección forestal.
Según Vladímir Borísov, especialista en relaciones públicas de la empresa Iolki (Abetos), que en diciembre pretende vender su producto en 46 puestos de la capital, este año las ventas de medio millón de unidades serán una cifra cercana a la realidad. Sin embargo, según las observaciones de la empresa, el número de personas que desean adquirir un abeto natural en Moscú no disminuye, al contrario. Ello se refiere tanto a los abetos rusos, que de momento prevalecen en nuestro mercado, como a los de importación, cuyo porcentaje continúa creciendo.
Nikolái Shmatkov, coordinador de proyectos de política forestal de WWF Rusia, afirma: “Si se observan todas las normas y las ventas se llevan a cabo de una manera legal, la naturaleza no sufre daños. Los árboles son un recurso natural renovable, de esta manera estamos apoyando el uso sostenible de este recurso”. El ecologista asegura que son los abetos artificiales los que en realidad dañan la naturaleza. “Está mal comprar un abeto artificial en vez de uno natural”, señala el ecologista. “De esta manera apoyamos una industria contaminante. Al poco tiempo sustituimos este árbol comprando un modelo que esté más de moda. Un abeto artificial tirado a la basura tardará miles de años en descomponerse en la naturaleza”.




