De hecho, la fundación de Perm está relacionada precisamente con esas montañas y con la severa frontera entre Europa y Asia. A principios del siglo XVIII se fundó una de las primeras plantas de fundición de cobre de los Urales. El poblado empezó a crecer con el desarrollo de la producción,, de forma que poco después la emperatriz Catalina II firmó el decreto de fundación de la ciudad, tomando la fábrica como punto de referencia. A lo largo de siglos la ciudad se fue desarrollando como centro industrial, por lo que no es de extrañar que el proletariado de Perm acogiera con entusiasmo la revolución bolchevique. En 1940 la ciudad fue rebautizada con el nombre de Mólotov, pero esta situación duró muy poco tiempo y a finales de los años 50 recuperó su nombre original. Hoy en día Perm es una de las ciudades rusas líderes en industria pesada.
Sin embargo, en los últimos años la ciudad ha hecho todo lo posible para quitarse de encima esta imagen de capital industrial y obtener otro título: el de capital cultural. Pero, ¿puede una potente ciudad industrial, llena de fábricas, convertirse de golpe en una floreciente capital del ocio fashion, la música y el arte contemporáneos? Los habitantes de Perm confían en sus fuerzas y se emplean a fondo con todo lo que tienen su alcance; sean motivos tradicionales (entre otros, los dioses de madera y los medallones de bronce adornados con figuras de animales) o el arte moderno, que ya tiene su sede en la Estación Fluvial, convertida en museo.
Pintores y músicos viajan a Perm para dar conciertos y conferencias. Cada dos años se celebran en la ciudad las “Temporadas Diáguilev”, un festival clásico en memoria del famoso maestro. . El nombre no es por casualidad; el creador de las famosas “Temporadas rusas” de París vivió mucho tiempo en Perm e incluso terminó aquí sus estudios secundarios. Asimismo, este año se ha celebrado por primera vez el festival multicultural “Las noches blancas”, que ha durado todo un mes. Las autoridades esperaban que el festival atrajera a cientos de miles de turistas, pero lógicamente, se acercaron bastantes menos. Estos números se pueden achacar a la mala promoción del festival, y a la ausencia de infraestructuras turísticas convenientes: puntos de información, hoteles y hostales económicos, servicios de alquiler de bicicletas, e incluso, aseos públicos.
Sin embargo, Perm intenta emular a los líderes. Siguiendo el ejemplo de otras grandes ciudades rusas, en junio abrió una calle peatonal, el “Arbat de Perm”. Por ahora resulta algo descuidada y provinciana, quedan retazos de asfalto, hay algún que otro vendedor ambulante desocupado, un par de artesanos y un parque infantil. Sin embargo, “la peatonal” ya es parte obligada del itinerario turístico que abarca todo el centro. Este itinerario se llama “Línea Verde” y une todos los edificios históricos del casco antiguo: las casas de los mercaderes, los templos, los monumentos. En esta ruta se incluyen también los museos, como el destacado Museo Regional, situado en el lujoso palacio del mecenas Meshkov, antiguo benefactor de la ciudad. Este impresionante edificio con columnas y molduras se erige a orillas del río Kama. En sus depósitos y salas se reúnen todos los tesoros de la multisecular historia de Perm. Un poco más allá del río está el Museo de Antigüedades, en el que se puede ver una rica colección paleontológica: esqueletos de dinosaurios de la zona, que dieron su nombre a uno de los períodos del paleozoico, así como el legendario mamut de Perm. Hace poco apareció también una ruta turística alternativa, “La Línea Roja”. El color de la pasión marca los lugares de los dramas sentimentales más destacados.
Sin embargo, la ciudad no sólo resulta interesante por las obras de arte u otros monumentos de piedra. Debido a su excepcional historia y a su ventajosa situación geográfica, en Perm han nacido muchas personalidades destacadas, que se han convertido en verdaderos monumentos de la ciudad.
Por ejemplo, Alexéi Bessónov. Se trata de un conocido comunista en Rusia, activo blogger e incansable activista social. Le encanta correr varios kilómetros por la mañana y su excelente salud le permite estar siempre dispuesto para defender los ideales del Partido Comunista. En numerosas ocasiones este político ha impulsado iniciativas inesperadas. Entre otras, convertir el edificio de la administración municipal en cárcel preventiva, u organizar grupos de guerrilleros para luchar en contra de las reformas culturales. Los medios locales siguen de cerca la actividad de Bessónov, y hace ya mucho que el propio personaje se ha convertido en un leyenda urbana. Se le puede ver en cualquier sitio: por la mañana corre por las calles del centro, y durante el día aparece con una pancarta frente del edificio de la administración, o bien encabeza alguna manifestación.

Alexéi Bessonov. Foto de permoboz.ru
Por otro lado tenemos el caso de Alexánder Zhunev, un artista local de street-art con dos carreras, pero no de Bellas Artes sino de Economía y Geología. En 2008 hizo su primer graffiti y descubrió para qué había venido al mundo. Actualmente, los amantes de la pintura callejera vienen de todas partes para ver sus obras. Si veis un retrato del poeta Yesenin del tamaño de un edificio de 10 plantas o a Bob Esponja en una estación eléctrica o teléfonos públicos en forma de cabezas de peces o gatos, podéis estar seguros de que por allí ha pasado Sasha Zhunev. Y por donde él ha pasado, ¡merece que nosotros también pasemos!

Alexándr Zhunev
Sin embargo, Mijaíl Shmákov odiaba Perm desde pequeño. La ciudad le parecía gris y siniestra. Esta sensación lo agobiaba, así que quiso irse lo más lejos posible junto con su mujer. Emprendieron una vuelta al mundo. La pareja ya ha recorrido África y América del Sur. Pero ahora, Misha confiesa que no quiere abandonar su ciudad natal. “Es una paradoja: después de visitar miles de ciudades, me di cuenta de la suerte que había tenido al nacer en Perm”, confiesa. “Toda la vida he odiado esta ciudad y sólo ahora empiezo a quererla por su acogedora tranquilidad, su carácter provinciano, su especificidad y su naturaleza salvaje”.

Mijaíl Shmákov
De hecho, la fundación de Perm está relacionada precisamente con esas montañas y con la severa frontera entre Europa y Asia. A principios del siglo XVIII se fundó una de las primeras plantas de fundición de cobre de los Urales. El poblado empezó a crecer con el desarrollo de la producción, de forma que poco después la emperatriz Catalina II firmó el decreto de fundación de la ciudad, tomando la fábrica como punto de referencia. A lo largo de siglos la ciudad se fue desarrollando como centro industrial, por lo que no es de extrañar que el proletariado de Perm acogiera con entusiasmo la revolución bolchevique. En 1940 la ciudad fue rebautizada con el nombre de Mólotov, pero esta situación duró muy poco tiempo y a finales de los años 50 recuperó su nombre original. Hoy en día Perm es una de las ciudades rusas líderes en industria pesada.
La naturaleza salvaje a la que Misha se refiere con tanto cariño está muy presente. La ciudad está rodeada por tupidos bosques de los Urales; las aguas del río Kama, que divide Perm en dos, son profundas y oscuras. Pero actualmente no sólo la ciudad está dividida en dos por el río, también sus habitantes se han dividido en dos bandos. Algunos esperan que que la ciudad se convierta en una capital cultural, mientras que otros prefieren conservar la ciudad industrial de toda la vida. ¿Qué hacer para que unos queden contentos y otros, satisfechos? No nos concierne. Lo único evidente es que en Perm teniendo lugar procesos muy activos, que resultan muy interesantes.




