Sin contar a Jesucristo y a Buda, no hay en el planeta Tierra otra persona real a la cual se le hayan erigido tantos monumentos. Efigies del líder del proletariado fabricadas en piedra, hormigón y bronce, llenaron medio mundo y quienes llevan su nombre son legión. ¡Incluso el ejército de terracota del emperador chino se retiraría aterrorizado si todas las estatuas de Lenin se reunieran en el mismo sitio! Es difícil calcular cuántas fueron producidas durante el siglo XX, pero los investigadores que estudian el tema consideran que hoy en día se conservan alrededor de 6 mil monumentos a Lenin. Uno de ellos está incluso en la Antártida, en la estación científica “Polo de Inaccesibilidad”, actualmente en estado de conservación.
La mayoría de las esculturas apuntan con el dedo y en direcciones muy diversas. Aquel gesto fue motivo de innumerables chistes en la URSS. A veces se decía que uno de los Lénines apuntaba con el dedo a la cárcel, el otro fue sorprendido en un intento de enviar al pueblo a un manicomio. También se observaba que uno de los monumentos apuntaba al otro como diciendo “ése es el culpable”. Algunos incluso llegaron a afirmar que existía un plan general, “el código Lenin”, según el cual todos los Lénines del país se apuntaban mutuamente con el dedo, formando una figura misteriosa.
Aparte del “Lenin que apunta con el dedo”, existen otras variantes. A veces el jefe de los bolcheviques rusos se representa meditativo, con las manos metidas en los bolsillos, o caminando orgulloso hacia adelante con su abrigo al viento cual capa de mosquetero, o bien sentado en un árbol talado y escribiendo algo con mucha concentración, o bien abrazando alegremente a unos niños. Por lo general, los escultores vestían a Lenin con un traje con chaqueta y chaleco y le hacían llevar en la mano una boina, porque el líder quería estar más cercano al pueblo trabajador, aunque se rumorea que mientras vivía en Europa Occidental prefería llevar un frac y un sombrero de copa. En la URSS, Lenin se apoyaba en el globo terrestre, en un obelisco egipcio, en una “zorra” ferrocarrilera, en una llave de tuerca enorme e incluso en un pila de libros de producción propia. A veces se le representaba dirigiéndose al pueblo desde la torreta de un carro blindado. Es curioso que políticos soviéticos que rechazaron los ideales comunistas y optaron por la destrucción de la URSS consciente o inconscientemente copiasen a Lenin. Borís Ieltsin, ex miembro del poderoso Buró Político del Partido Comunista soviético y primer presidente ruso, se dirigió al pueblo desde la torreta de un tanque, mientras que el ex alcalde de Moscú, Yuri Luzhkov, no aparecía en público sin su sempiterna gorra.
Los medios de propaganda
En la época soviética, las estatuas del gran revolucionario fueron uno de los medios más importantes de propaganda del nuevo régimen socialista. La gente fue desprovista de su viejo rito, las iglesias ortodoxas quedaron convertidas en almacenes y caballerizas, pero a cambio se les proporcionó un dios nuevo. Los monumentos al fundador del Estado Soviético siempre fueron erigidos “a petición de los trabajadores” en los sitios en los que se llevaban a cabo concentraciones masivas de estos últimos: las plazas centrales, los parques y los jardines, en el territorio de las fábricas y de las instituciones públicas. Los tiempos han cambiado pero los monumentos no han desaparecido y la mayoría de las fiestas y las manifestaciones en toda Rusia se desarrollan ante la astuta mirada de Lenin. A los pies del líder bolchevique quedan los enamorados, se colocan con sus carteles los partidarios de la liberación animal, los médicos y los maestros exigen una subida de sueldos, patinan los adolescentes y hacen caja los vendedores de helados y palomitas.
Sin embargo, las estatuas de Lenin no son un mero vestigio de la época soviética o parte de la herencia cultural de Rusia. Para muchos son el símbolo de la catástrofe social en la que se vio sumido el país, el símbolo de la revolución y de la guerra civil que se cobraron la vida de millones de rusos. Los demócratas occidentalistas exigen que estos monumentos sean destruidos para borrar así el período soviético de la historia de Rusia, como si de algo vergonzoso se tratara y, simultaneamente, debilitar la influencia comunista que sigue vigente en el país. Por su parte, los patriotas rusos también odian estos monumentos soviéticos y los consideran la identificación de todos los males y casi objetos de culto demoniaco.
Una guerra contra las estatuas
Desde finales de los años 80, se está librando una guerra clandestina contra las estatuas de Lenin. Se rompen y se hacen explotar, se les tira pintura y se reciclan como residuos metálicos. Hay que decir que los monumentos a Stalin perdieron esta guerra hace mucho tiempo, ya en los años 60, cuando el país estaba dirigido por Jruschov, el liquidador del “culto a la personalidad de Stalin”. Sin embargo, la “guardia de Lenin”, al ser mucho más numerosa, sigue resistiendo.
El líder del proletariado mundial, que nunca se rindió en vida, está dispuesto a defenderse también después de la muerte. En el pueblo de Kaláshnikovo, región de Tver, un habitante local algo borracho intentó subirse al monumento, no se sabe muy bien para qué, y la estatua se cayó justo encima del infractor, que fue trasladado al hospital gravemente herido. Una situación parecida ocurrió también en la región de Tula. Un joven intentó arrancar un brazo a Lenin. El brazo de piedra se quebró y se desmoronó encima del chico junto con la cabeza de la estatua, matando al joven.
Sin embargo, los ataques a las estatuas persisten. A veces se puede ver la estatua de Lenin con una máscara de conejo, otras con una peluca de mujer, y a veces se le pone una bolsa de basura en la mano extendida. En los criminales años 90, en la ciudad de Oréjovo-Zúievo, región de Moscú considerada casi como capital del crimen organizado, el brazo de Lenin era utilizado para colgar los delincuentes que habían pecado ante la mafia local. En Yaroslavl, el día del cumpleaños de Lenin los jóvenes locales tiraban salchichas a la estatua. Más tarde, al pie del monumento se reunían los perros callejeros y se ponían a aullar. En la ciudad de Najodka, el pedestal de granito fue pintado como un queso.
¡Otra cosa son los bálticos, tan prácticos como siempre! En la ciudad de Liepaia, de un Lenin de bronce se fabricaron 500 campanillas que se venden por 300 dólares unidad. Los ucranianos tampoco dan su brazo a torcer, intentando transformar al odiado líder bolchevique en el monumento a la Madre Ucrania o, como mínimo, en algún obispo histórico de importancia local.
Convertirse en un objeto artístico
Es significativo que, según la estadística, casi dos tercios de la población de Rusia califiquen el papel de Lenin como positivo. En las ciudades de provincia, los recién casados siguen depositando flores ante la estatua del líder (en parte se debe al hecho de que no tengan otro sitio que visitar).
El 90 por ciento de los monumentos hace mucho que no son protegidos por el Estado y son las organizaciones locales de comunistas o veteranos los que se ocupan de cuidarlos, restaurando incansablemente las estatuas que han sido presa del vandalismo.
Las estatuas de Lenin se están convirtiendo últimamente en una especie de objetos artísticos. En la ciudad de Ulán-Udé, a una gigantesca cabeza de Lenin montada sobre un pedestal le pusieron un gorro con orejeras para que no pasara frío. En Krasnoyarsk, durante el día de los museos, se decidió organizar todo un espectáculo y con la ayuda de láseres, se vistió a Lenin con trajes luminosos de Batman y de las tortugas ninja. Bueno, se podría decir que también es una forma de profanación, como la de poner al monumento una peluca o una máscara. Pero los obreros de Sarátov seguro que mantendrán intacto su respeto por el monumento al líder, porque durante las obras de restauración encontraron dentro del pedestal de hormigón una botella de vodka olvidada por la anterior generación de restauradores. Tras haber apurado la botella, los obreros de Sarátov compraron otra y la emparedaron para las generaciones futuras, añadiendo una solemne nota.
¿Cuántas generaciones de rusos crecerán viendo constantemente la imagen de Lenin? Aunque una parte de los monumentos se destruirá con el tiempo, son tan numerosos que algunos quedarán ahí por los siglos de los siglos, como las estatuas de los faraones. Los monumentos al gran faraón ruso Vladímir Lenin permanecerán por siempre jamás.




