La fórmula del espacio común | Rusia Hoy

Fuente: Ricardo Marquina Montañana.

Ayer los representantes del partido gobernante – Viacheslav Níkonov, diputado de la Duma Estatal, y Alexéi Chesnakov, subsecretario del Presidio del Consejo General del partido Rusia Unida – hicieron una declaración sobre la “crisis que está sufriendo la oposición”.  Según afirmó Alexéi Chesnakov al Diario Kommersant, la oposición estaba unificada en su primera etapa debido a la “agenda política extraordinaria” ( es decir, la anulación de los comicios parlamentarios). Sin embargo, estima Chesnakov que ahora la oposición “comenzará a experimentar tendencias centrípetas” debido a que a la agenda política pronto se le añadirá la agenda social, y la agenda social obligará a los participantes de las «Marchas de los Millones» a “recordar sus desavenencias políticas e ideológicas”. Si la oposición no logra elaborar una agenda común que mantenga unidos a los que acuden a las «Marchas de los Millones», el apoyo de la población civil “irá desapareciendo poco a poco”, opinan en el partido Rusia Unida.

Por otra parte, los propios organizadores de las “Marchas” también hablan de la necesidad de introducir transformaciones en el perfil de las protestas. En el último mitin del 12 de junio Iliá Ponomariov, diputado de la Duma Estatal del partido Rusia Justa y uno de los líderes del “Frente de Izquierdas”, declaró que “el tiempo de las palabras ha terminado y ha llegado el momento de entrar en acción”. En el último mitin se decidió sobre la creación de un Consejo Coordinador, que determinará sobre la naturaleza de las futuras acciones. Dentro del Consejo Coordinador no deberá haber políticos que “lleven la carga de los años 90”, enfatizó el diputado, refiriéndose también a Borís Nemtsov, a quien, sin embargo, calificó de “un amigo y un tío legal”. Según Iliá Ponomariov, hacia el otoño la oposición unificada habrá elaborado “un programa articulado”, una de cuyas vertientes clave será la “reforma legislativa”, que será “unificadora para la derecha y la izquierda” puesto que “todos quieren un poder judicial independiente, así como policía y fiscalía normales”.

La gente que acude a los mítines siente una profunda desconfianza tanto hacia los partidos políticos como hacia las organizaciones de la sociedad civil, afirmó el sociólogo de la Iniciativa de la Investigación Independiente de los mítines, Alexandr Bikbov en la entrevista a Víktor Jamraev. Según Bikbov, la gente “confía sólo en los que conoce,  y entre ellos,  en aquellos con quienes se encuentran en los mítines en su barrio o en su patio de vecinos”. Sobre este terreno, añade Bikbov, surgen “muchos proyectos locales, desde la protección de su patio de vecinos hasta las acciones contra la corrupción en su ciudad”. Sin embargo, según explica el sociólogo, “la gente tiene sus preocupaciones y problemas cotidianos que les van dejando poco tiempo para proyectos solidarios”.

El reportaje gráfico de las protestas

Al parecer, “la oposición no parlamentaria, tras una serie de mítines, ha descubierto para sí continentes ya descubiertos”, declaró a Kommersant Serguéi Óbujov, secretario del Comité Central del Partido Comunista de Rusia. Según Óbujov, los comunistas hace mucho que han aprendido “tanto la táctica de las pequeñas acciones, como los actos de protesta”, que vienen respaldando con actividad parlamentaria. En cuanto a la cooperación con la oposición no parlamentaria, el Partido Comunista de Rusia está dispuesto a colaborar “en casos concretos”.

Los opositores pertenecientes a los partidos que se han quedado fuera de la Duma Estatal están por ahora a la expectativa, ya que en los mítines “se han entremezclado de manera estrafalaria tres colectivos políticamente activos”, opina Borís Nadezhdin, ex-miembro del Consejo Directivo de la Unión de Fuerzas de Derecha. Por un lado, a los mítines han acudido los partidarios del activismo civil, del cual, en la práctica, no prescinde ningún partido político. Por otro, se han unido a las protestas los partidos cuyo propósito primordial es luchar por llegar al poder mediante las elecciones. Finalmente, también han salido a protestar los que “están dispuestos a meterse en pelea con el Escuadrón Policial para Propósitos Especiales (OMON)”. Sólo el tiempo dirá cuál de estos tres colectivos resultará ser el predominante, opina el señor  Nadezhdin. Pero aquellos de los participantes de los mítines, que maduren hasta querer luchar por el poder, acabarán afiliándose a algún partido, aunque por ahora no está claro cuál, declaró Serguéi Ivanenko, miembro del Comité Político del partido liberal Yábloko.  En la opinión de Ivanenko, ahora mismo, “la confianza en los partidos políticos como instituciones de la sociedad civil está minada”, aunque no ha desaparecido la necesidad de la existencia de los partidos como tales. Simplemente, “la gente precisa nuevas formas, nuevos símbolos, nuevos puntos de referencia”.

La demanda de un “nuevo partido, que además sea un partido de derecha, se ha concretado en la sociedad”, puntualizó Lev Gudkov, director del Centro analítico Levada. Sin embargo, ninguno de los partidos existentes satisface a aquel sector de la sociedad que acude a los mítines debido a que “son considerados parte del poder político actual” hacia el cual este sector, “que representa a las capas sociales urbanas, siente un arraigado rechazo”. El último mitin del 12 de junio, según la opinión de este sociólogo, “ha fijado definitivamente la separación entre el poder y los grupos de población urbanos”. “En este sector de la población propiamente urbanita lo que provoca este régimen no es odio, sino desprecio”, enfatizó el director del Centro analítico Levada. En la opinión de Gudkov, éste es el resultado más importante del medio año de esta campaña de protestas. “El desprecio hacia el régimen es firme – enfatizó – y las posibles represalias sólo confirmarán la imposibilidad del diálogo.” En consecuencia, los mítines y las protestas “seguirán, aunque con oscilaciones en cuanto a su intensidad y número de participantes”. Según el pronóstico de Lev Gudkov, sobre este trasfondo se irá formando un nuevo partido, cuyo surgimiento, no se producirá hasta dentro de, por lo menos, tres años.