
Primero tuvo que poner en práctica todos sus talentos artísticos para el diseño de anuncios. Después deambuló con un paquete de posters y un tarro de pegamento por los edificios de la universidad y las calles pegando los avisos.
Pero antes de eso debió realizar un trabajo burocrático de proporciones titánicas. La Facultad de Humanidades de la Universidad de San Francisco Xavier estuvo de acuerdo con abrir el curso, si se inscribían al menos diecinueve personas.
Se inscribieron veinticinco. Las clases se iniciaron el 25 de septiembre de este año. Natalia Vinokúrova (nacida en Dushanbé, capital de Tadzhikistán y graduada del Instituto Arquitectónico de Odessa, Ucrania) explica su actividad así: “Sucre es el centro no oficial del aprendizaje de lenguas en Bolivia. Aquí hay muy buenos colegios de inglés, francés y alemán. Los cursos de español para extranjeros son de los mejores que se dictan en toda América Latina. No sería lógico que el ruso aquí no se enseñara en absoluto. Además, a mí misma me resulta muy interesante todo esto”, agrega Natalia.
Pasados cuatro meses del comienzo del curso, los estudiantes se familiarizaron con el alfabeto ruso, tan intimidante y en apariencia más complicado que los jeroglíficos chinos. Resultó fácil. Relativamente… Aprendieron a contar hasta cien y leer con facilidad, aunque no siempre entendiendo el significado de lo leído.
Además de la lectura, traducción, resumen y vocalización repetitiva de fonemas impronunciables en español, se aprenden reglas gramaticales, sin saber el por qué ni para qué; pero en los cursos de idioma ruso se ocupan de otra cosa. Muy importante.
–A mis “niños” –asegura Natalia– de los cuales el menor tiene 24 y el mayor tiene mi edad, se les formó una visión de Rusia bastante extraña. Más aún, condicionada por las películas hollywoodenses y los medios occidentales de comunicación masiva : Rusia es una tierra bárbara, de invierno eterno, de sanguinarios monstruos que sólo sueñan con la exterminación de los humanos y beben vodka con osos polares, etc, etc, etc…
Con el objetivo de denunciar estos estereotipos, se ha realizado un trabajo colosal en los cursos extendidos de especialización lingüística que se dictan en la Facultad Humanista de la Universidad Mayor Pontificia San Francisco Xavier de Chuquisaca. Vimos las clásicas películas soviéticas. Sobre el erizo de tierra que iba a visitar a un oso y se perdía en la niebla, sobre la amistad y colaboración entre un perro guardián y un lobo hambriento, sobre los músicos de Bremen…
Luz Lascaro, una estudiante del grupo, realizó un informe dedicado a creencias rusas populares. Por ejemplo, si le pisas un pie a un ruso él te lo pisará de vuelta, no porque sea malo o vengativo sino porque es una superstición. O cuántas veces y en qué circunstancias es necesario escupir por el hombro izquierdo y golpear una maderita. En clase se narran también cuentos rusos. La mayoría de ellos todavía en español, pero los estudiantes ya saben cuántas cabezas tiene el principal dragón ruso, Zmei Gorynich y cómo cortarlas. Conocen también los bandoleros que silban de tal forma que se vuelan las cúpulas de las iglesias, los caballos fieles que son capaces de sacar a sus valerosos jinetes incluso del reino de los muertos. Conocen a Baba Yaga, la principal bruja rusa, con fama de ser devoradora de niños pero que a la hora de la verdad es buena. Y sabe volar.
En las clases de Natalia también se habla de cosas menos interesantes, como por ejemplo la política y la situación socio-económica en Rusia. Hace poco por ejemplo discutían sobre las elecciones en Rusia y sobre Putin… -continúa Natalia-. ¡Es increíble el entusiasmo con que los estudiantes buscan información sobre nuestro país en internet! Incluso en medios de habla rusa. Cómo lo hacen con su nivel de ruso, es un enigma para mí. “Pero les resulta… incluso para mí es nuevo e interesante –concluye-. Francisco encontró un grupo llamado “Zapreshonnoye Barabánshiki” (“Tamborileros Prohibidos”) en el internet ruso. Ni yo he oído hablar de ellos antes…”
Desde el quechua hasta vasco… pasando por mapudungún, idish y ruso
El interés de los estudiantes bolivianos hacia Rusia no es vano. El gobierno de la Federación Rusa concede a los extranjeros talentosos la posibilidad de estudiar en las universidades rusas gratis, y a su vez dispone para los becados una plaza en la residencia estudiantil. Para el 2012 a Bolivia se le asignaron 20 cupos para futuros diplomados y 5 para cursos de post-grado y maestrías. El principal requisito para los aspirantes son la buenas notas. Notas escolares para bachilleres y universitarias para maestrías y post-grado, respectivamente.
Entre los estudiantes de Natalia Vinokúrova hay quienes aspiran a conseguir estos cupos. Francisco (28), nacido en Colombia pero residente en Bolivia, se prepara para hacer el post-grado. “No solamente porque su país es uno de los mejores en mi especialidad (ingeniería química), sino también por la posibilidad de continuar con los estudios. “Desde mi infancia me ha gustado la cultura rusa, los escritores rusos… Tolstoi, Gógol, Maiakovski, pero sobre todo Dostoievski. Su ‘Idiota’ es el libro que más me gusta… ni yo mismo sé cuántas veces lo he leído. Igual que ‘Los Hermanos Karamazov’… he leído más de una vez cada una de sus novelas.”
No es difícil suponer que con estos gustos literarios Francisco quiera estudiar en una universidad de San Petersburgo. Luz Lascaro, mencionada anteriormente como la gran especialista sobre creencias rusas, también es química, tiene 28 años y quiere hacer el post-grado en la Facultad de Química de la Universidad “Lomonósov” de Moscú. No leyó a Dostoievski. Será por eso que prefiere la capital rusa.
El dentista argentino O. Y., el mayor del grupo de estudiantes, se prepara para viajar a Rusia pero no a estudiar sino a vivir… “Yo amo Bolivia y Argentina. Pero siento que mi patria no está aquí sino en Rusia. No sé por qué… mi rusofilia a veces me asusta a mí mismo…” Ahora se empeña en estudiar ruso y se prepara para mudarse, probablemente en 2012, a la tierra de sus antepasados, dejar la odontología y dedicarse a enseñar español. Casarse, comprar un terreno, construir una casa, llegar a obtener la nacionalidad rusa.
El resto del grupo de estudiantes aún no poseen planes a futuro tan bien definidos.
Pero la mitad de los inscritos prefiere ir donde Natalia y no dejar pasar ni una clase de ruso.




