
Alexánder Ankvab, nuevo líder de la república de Abjasia. Foto de ITAR-TASS
El 26 de agosto de 2011 en Abjasia se celebraron elecciones presidenciales extraordinarias. Su preparación tuvo muchas connotaciones simbólicas. En primer lugar, se trataba de una campaña electoral extraordinaria que tuvo lugar tres años y medio antes de lo previsto, debido a la muerte del presidente de la república, Serguéi Bagapsh. Por ello, estas elecciones plantearon muchos problemas a la élite política de Abjasia, que tuvo tan sólo dos meses para movilizarse y llevar a cabo la campaña teniendo en cuenta que en la república no existían líderes comparables al difunto presidente. En segundo lugar, las elecciones del nuevo líder abjasio se celebraron el día del aniversario del reconocimiento de la independencia de la república por parte de Rusia. Hace tres años, el 26 de agosto de 2008, el decreto del presidente ruso Dmitri Medvédev inauguró el proceso de la legitimización internacional de la soberanía abjasia.
La coincidencia de la fecha de la votación con el aniversario del reconocimiento de la independencia confería un significado especial a este acontecimiento. Unas elecciones extraordinarias, incluso para un país miembro de las Naciones Unidas, siempre constituyen un acontecimiento de suma importancia. Mientras, en el caso de Abjasia, cualquier campaña electoral se convierte en una competición encubierta con Georgia. En realidad, si las elecciones del sucesor de Serguéi Bagapsh fuesen acompañadas de conflictos o incluso de oposición entre varias fuerzas sociales, aquello daría pie a que el Tbilisi oficial y sus defensores en Estados Unidos y Europa se pusieran a hablar del fracaso total o parcial del proyecto abjasio. En esta situación, Georgia obtendría un argumento adicional para fundamentar sus derechos respecto a este territorio de litigio. Pero las elecciones extraordinarias no concedieron a los adversarios de Abjasia nuevos datos que confirmasen las fobias o los tópicos de estos últimos. La campaña empezó con la firma de la Carta para las Elecciones Honradas y todos los candidatos obtuvieron las mismas horas de emisión para llevar a cabo sus campañas electorales en televisión. Los periodistas podían plantear las cuestiones más agudas ante quien quisieran.
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Aquí podríamos recordar una interesante polémica entre Izida Chaniya, redactora jefe del periódico Núzhnaia Gazeta, con Alexánder Ankvab, uno de los candidatos y futuro ganador de la carrera a la presidencia. Hasta el último día de la maratón electoral era prácticamente imposible predecir quién llegaría primero. Claro que no se pudieron evitar escándalos o intentos de calumniar a los candidatos. Basta con mencionar la aparición de un artículo sobre las presuntas relaciones de Ankvab con los servicios secretos georgianos. ¿Pero es que este tipo de cosas no ocurren hoy en día en las principales democracias mundiales? Además, el ataque informativo sobre el tema georgiano no tuvo ningún impacto importante en la polémica electoral. Incluso los que eran sospechados de haber organizado este ataque intentaron demostrar que no tenían nada que ver con el mismo. El mismo resultado de las elecciones es destacable. Es verdad que Ankvab fue líder ya desde la primera vuelta con el 54% de los votos. Pero el potencial del conjunto de sus dos oponentes, Serguéi Shamba y Raul Jadzhimba constituía casi el 40%. Por lo tanto, el ganador de las elecciones tendrá que tener muy en cuenta la posición de los ciudadanos que no querían verle como presidente.
Estas elecciones no hicieron más que definir quién sería el nuevo líder de la república. Por sí solas no han podido resolver ninguno de los enrevesados problemas que se plantean hoy en día ante la sociedad y las autoridades abjasias. Los comicios no garantizan el éxito de la lucha contra la delincuencia, algo sin lo cual resulta imposible el desarrollo de Abjasia como región turística. Difícilmente van a abrir las puertas de la ONU ante la república o a atraer inversiones generosas. Sin embargo, estas elecciones son sumamente importantes como un paso hacia la madurez política. Demostraron que incluso sin Bagapsh, por más importante que hubiera sido este político para la república, Abjasia es capaz tanto de llevar a cabo un procedimiento democrático, como de seguir luchando por el reconocimiento de su soberanía.
Las elecciones extraordinarias también se han convertido en una prueba para las relaciones entre Rusia y Abjasia. Después del reconocimiento de la soberanía de esta antigua región autonómica de Georgia, sus relaciones socioeconómicas y geopolíticas con Rusia se intensificaron. Aumentó el volumen de la ayuda financiera. Los pacificadores fueron sustituidos por militares y guardafronteras. Todo eso, por un lado, ayudó a resolver antiguos problemas. Hoy en día en Tbilisi incluso los nacionalistas más radicales no plantean recuperar Abjasia por medios militares. Al contrario, se oyen voces que proponen involucrar a la república en proyectos comunes, estableciendo un diálogo, si no con las autoridades, al menos con la sociedad. En este sentido, es interesante señalar que las autoridades georgianas, que durante muchos años rechazaban la idea misma de que los habitantes de Abjasia tuvieran un pasaporte neutro como señal de apoyo al separatismo, ahora la defiendan activamente. Aparecieron las perspectivas de la llegada de inversores importantes. No es una casualidad que últimamente se hayan empezado a mover por allí gigantes del mundo empresarial ruso de la talla de Rosneft. Teniendo en cuenta los Juegos Olímpicos de 2014 en la vecina ciudad de Sochi, Abjasia tiene muchas opciones prometedoras. Pero por otra parte, existe el peligro de que un exceso de recursos financieros y geopolíticos rusos devalúe la independencia abjasia, debido a que el control de los sectores estratégicos de la economía de la república puede quedar en manos del capital ruso. Todo ello creaba ciertos temores respecto a la posible intromisión del Kremlin en la lucha electoral. Sobre todo, porque Abjasia recuerda los intentos torpes de Moscú de apoyar “al candidato adecuado” durante la maratón electoral de 2004.
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Sin embargo, en 2011 las autoridades rusas no volvieron a repetir los errores del pasado. Entre otras cosas, le ayudó el comportamiento de los tres candidatos a la presidencia. Ninguno de ellos hizo alarde de su amistad con Vladímir Putin o Dmitri Medvédev, ni intentó utilizar las relaciones que cada uno tenía con Moscú como arma para luchar en contra de sus oponentes. Finalmente, Rusia pudo quedar como un observador objetivo, dispuesto a colaborar con el líder que obtuviera el apoyo de los electores. Esta estrategia de comportamiento era la única adecuada, porque con todas las diferencias interiores, que son muchas, tanto Ankvab como Shamba y Jadzhimba se posicionaban como partidarios de una asociación geopolítica con Rusia. Posiblemente el programa de Jadzhimba contuviera algo más de crítica, pero no tanto hacia Moscú como hacia la élite abjasia, por falta de visión estratégica propia para el desarrollo de la república. Sin embargo, las autoridades rusas tienen que tener en cuenta que Alexánder Ankvab no es un socio fácil. Lo demostró durante toda la historia de los años 1990 y 2000. En su momento se arriesgó incluso a desafiar al líder carismático del movimiento nacional abjasio de la época de la perestroika, el primer presidente de Abjasia Vladislav Ardzinba. Hoy en día el tema principal del nuevo líder de la república es la lucha contra la corrupción y la delincuencia. Pero no es ningún secreto que muchos funcionarios corruptos de Abjasia tienen contactos en Sochi y en Moscú. Si las autoridades rusas ayudan al nuevo presidente a llevar a cabo esta iniciativa, ello fortalecerá no sólo sus posiciones dentro de Abjasia, sino también sus intereses en todo el Gran Cáucaso.
En cualquier caso, las elecciones de 2011 no se reducen a las relaciones entre Sujumi y Moscú. Provocan la reacción de otros jugadores interesados. Por ejemplo Victoria Nuland, portavoz del Departamento de Estado de EE. UU., declaró que Washington no reconocía las elecciones abjasias. En la declaración del Secretario General de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, se subraya que la celebración de las elecciones “no ayuda a resolver la situación en Georgia de una manera pacífica y a largo plazo”. La pregunta que surge es, en este caso, ¿qué es lo que ayudaría a esta solución? ¿Un caos, una lucha de todos contra todos? ¿Una intromisión militar por parte de Tbilisi? ¿Es que un procedimiento democrático es peor que la conversión de una soberanía, aunque sólo parcialmente reconocida, en una “federación de guerrilleros”? Una valoración más ponderada y correcta fue emitida por la Alta Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Catherine Ashton, según la cual Europa no reconocía “el marco jurídico” de las elecciones abjasias. Por lo tanto, la campaña electoral extraordinaria en Abjasia ha vuelto a demostrar que la república vive en dos dimensiones geopolíticas paralelas. Por una parte, constituye un “territorio invadido” y una parte de Georgia. Por otra, es un estado soberano de pleno derecho, cuyo presidente recientemente elegido recibe felicitaciones desde Moscú, así como desde las capitales de los otros cuatro países que reconocen la independencia de Abjasia.
Es posible que el “marco jurídico” de las elecciones en la república realmente pueda provocar muchas protestas. Se puede hablar, por ejemplo, del derecho discriminatorio para los candidatos a la presidencia. Según el artículo 49 de la Constitución de Abjasia, sólo puede ser candidato un abjasio étnico y no cualquier ciudadano de la república. Tampoco está del todo claro el estatus de la población georgiana de la región de Galski, ya que muchos de sus habitantes no tienen nacionalidad abjasia y encuentran muchas dificultades para integrarse en la vida social y económica del país. Pero sea como sea, desde hace 20 años, contando a partir del momento de la finalización del conflicto armado entre Georgia y Abjasia, Abjasia vive fuera de Georgia. Fuera de su espacio jurídico, político, social, informativo, educativo y, finalmente, lingüístico. No sólo vive, sino que elige a sus presidentes, a su parlamento y a sus autoridades locales. Probablemente sea un hecho a tener en cuenta para todos los que lleven a cabo acciones estratégicas en el Gran Cáucaso y en el espacio postsoviético en general. Existe un país llamado Abjasia, independientemente de si a uno le gusta o no y es imposible ignorarlo.
Serguéi Markedónov es investigador invitado del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington, Estados Unidos




