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La escritora Elvira Bariákina Foto de Bradford Ronge |
Se ha hecho famosa en la red gracias, sobre todo, al exitoso proyecto online “La guía del escritor”. ¿Cree que realmente cualquier persona es capaz de aprender a escribir?
Creo que cualquier persona medianamente capacitada en lo intelectual puede aprender a exponer sus ideas de una manera correcta. Otra cuestión es qué tipo de ideas serán y hasta qué punto la gente puede estar interesada en leerlas.
Mi tarea consiste en explicar qué características tiene que tener un texto para que sea admitido por una editorial. Además, cuento los métodos que ayudan a un autor a promocionarse.
Cualquier talento necesita ser pulido: los actores aprenden el arte de actuar, los pintores y los escultores invierten años y años en perfeccionar su maestría… En la literatura ocurre lo mismo: no va a salir nada bueno si no se conoce la teoría y si no se practica.
¿Cómo surgió la idea de crear una página web para escritores noveles?
Estuve estudiando teoría de la literatura, dándole a todas las observaciones y las conclusiones forma de artículos que, con el tiempo, llegaron a ser tantos que podían conformar una página web. En este mismo sitio, incluí cosas sobre la publicación y la promoción de los libros tanto en Rusia como en los Estados Unidos. Poco tiempo después, la guía fue publicada también en papel y desde entonces sigue siendo uno de los manuales más vendidos de su nicho.
¿Qué puede aprender un escritor novel al estudiar esta guía?
Todos los métodos los aplico, en primer lugar, conmigo misma. De momento, los resultados son estos: en marzo de 2010 se dijo de mi novela “Shanghái blanco” que era el libro más importante de una de las principales editoriales rusas. Tuvo mucha prensa y los bloggers lo están destripando desde hace año y medio. Los derechos de adaptación cinematográfica fueron adquiridos de inmediato y dos de las principales agencias literarias de Nueva York se interesaron por su traducción al inglés.
¿Por qué entre todos los géneros ha elegido precisamente la novela histórica?
La novela histórica permite estudiar paralelamente las relaciones humanas y los mecanismos ocultos que dirigen nuestra sociedad.
La novela histórica es, en general, el género literario más difícil porque supone un serio trabajo de investigación. Aunque leo muy rápido, tan sólo el estudio de las fuentes me suele llevar aproximadamente medio año.
¿Cómo recoge información para sus novelas?
Para escribir una novela hay que estudiar unas 150-200 fuentes diferentes. Además, considero que un escritor tiene que ver con sus propios ojos el país que describe en la novela, por eso viajo al sitio donde se desarrollan los acontecimientos para pasear por “aquellas mismas piedras” y respirar “aquel mismo aire”.
Antes de escribir “Shanghái blanco” estuvo un tiempo en China para conseguir la máxima verosimilitud histórica. ¿Para “El Argentino”tuvo la oportunidad de visitar Argentina? ¿Qué es lo que más le ha sorprendido de este país?
Buenos Aires es mi gran amor. Es difícil explicar por qué me atrae tanto. Puede que sea la belleza de la gente y de los edificios antiguos, su cocina exquisita y su atmósfera única… Intenté transmitir eso mismo usando las palabras del protagonista de “El Argentino”: en los momentos más duros recordaba esta ciudad y soñaba con volver allí.
¿De qué trata su próximo libro? ¿No tiene ganas de escribir una novela sobre la Rusia contemporánea?
Estoy escribiendo una novela que se titula “El príncipe soviético”, una continuación de “El Argentino” y “Shanghái blanco”. La acción se desarrollará en el Moscú de 1927-1928 y Klim Rógov se dispone a contemplar cómo el país se va sumiendo irremediablemente en el totalitarismo. Quiero hablar de los “millonarios rojos” de la URSS, los extranjeros que se pusieron de acuerdo con el gobierno soviético para abrir empresas concesionarias, sobre los periodistas extranjeros obligados a luchar contra la censura estalinista, sobre los “lishentsy”, es decir los antiguos aristócratas que se vieron rebajados hasta el estatus de personas que no eran de segunda, sino de tercera categoría… Será un relato de por qué el pueblo soviético aceptó a Stalin con su colectivización y su terror y de cómo la URSS fue minada con una bomba provista de un mecanismo que acabaría por estallar matando a esa gran potencia.
Creo que no estoy dispuesta a escribir una novela sobre la Rusia contemporánea. Lo grande se ve desde lejos, así que para valorar los acontecimientos contemporáneos y sacar algún tipo de conclusiones, tiene que haber pasado tiempo. Dejemos esta tarea para la siguiente generación de escritores.
¿Quién es el Argentino?
Los acontecimientos que tuvieron lugar en Rusia a principios del siglo ХХ, la Revolución y la Guerra Civil, se ven con los ojos de una persona ajena tanto a los bolcheviques como a la guardia blanca: un argentino, un inmigrante ruso que vuelve a casa después de una larga ausencia. Para los rusos, Argentina era “el fin del mundo”, mientras que en Argentina muy pocos se daban cuenta de qué era lo que ocurría en el otro hemisferio, así que el viaje de Klim Rógov a Rusia en 1917 parecía bastante lógico.La novela estuvo gestándose durante mucho tiempo, la reescribí cinco veces, de la primera a la última página. La abandonaba sufriendo porque volvía a salir mal, así que abría los ficheros de nuevo. Los personajes no me dejaban tranquila.
La continuación de esta historia es la novela “Shanghái blanco”, sobre la suerte de los inmigrantes rusos en China.
TramaKlim Rógov llega a la soberbia Buenos Aires sin nada en los bolsillos y sin conocer una sola palabra de español, para acabar convirtiéndose en un periodista brillante y popular. De día le esperaba la redacción bulliciosa y exigente y por la noche el tango en las aceras llenas de sol y de vino. En mayo de 1917 recibe un telegrama: en Nizhni Nóvgorod,su ciudad natal, le han dejado una herencia. Klim llevaba diez años sin pasar por su casa y entendía poco sobre las cosas que ocurrían en el hemisferio norte. No reconoció Rusia; el país estaba lleno de mentiras, de confusión y se había dejado dominar por unos timadores con el ridículo nombre de “bolcheviques”… Había que volver rápidamente a Argentina, pero, ¿cómo se iba a ir si allí se quedaba Nina Odintsova, alguien que le producía tanto desasosiego como confusión en el corazón?





