El relevo en las cúpulas dirigentes de Rusia y China y las relaciones bilaterales | Rusia Hoy (América Latina)

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Existen todos los fundamentos para considerar que las relaciones entre los dos gigantes conservarán su estrecho carácter bajo las nuevas conducciones y continuarán su avance y profundización. Es muy posible que los nuevos líderes sean Xí Jìnpíng, actual vicepresidente y miembro del Comité Permanente del Buró Político del PCCh, y el actual primer ministro ruso Vladímir Putin, candidato favorito a un tercer mandato presidencial. Ambos tienen muchas similitudes y seguramente les será fácil encontrar un lenguaje común. Son coetáneos (Xi tiene 58 años y Putin 59) y la carrera de uno y de otro transcurrió en las estructuras partidarias y estatales. Ambos fueron promovidos a líderes por la cúpula más estrecha de la elite. Además, precisamente durante la primera presidencia de Putin Rusia activó significativamente su política asiática, lo que antes que nada se reflejó en la dirección china.

En 2001 fue suscripto el Tratado bilateral base sobre buena vecindad, amistad y cooperación, que remplazó a similares documentos básicos de las relaciones tempranas entre la Unión Soviética de Stalin y la China de Mao. Ese mismo 2001 fue oficialmente conformada la Organización de Cooperación de Shanghái, que además incluyó a las exrepúblicas soviéticas del Asia Central Kazajstán, Kirguizia, Tadzhikistán y Uzbekistán y, con status de observadores, a la India, Pakistán, Irán y Mongolia (los observadores califican a la OCS como la “OTAN” asiática).

En 2004 fue definitivamente cerrado el litigio territorial: por las últimas cuestiones conflictivas en cuanto a la división fronteriza, las partes lograron un compromiso mutuamente aceptable. Las relaciones entre los dos países recibieron el status oficial de “asociación e interacción estratégica”.

La historia de las relaciones ruso-chinas cuenta ya con algo más de 400 años. Durante este tiempo sus modelos fueron distintos. En el siglo XVIII eran relaciones entre potencias aproximadamente equivalentes. En el siguiente siglo China comenzó gradualmente a perder sus posiciones y todos se acostumbraron a verla como un país pobre, subdesarrollado, ocupando muchas veces una postura dependiente.

Incluso en el período de las relaciones “fraternas” registrado en la década del 50 en el siglo XX entre los dos gigantes comunistas, la “amistad fraternal” se interpretaba de diferentes maneras. En idioma ruso, las relaciones “fraternales” tienen el significado de equivalentes. En cambio en chino, como ocurre también en otros idiomas asiáticos, no existe incluso la palabra “hermano” sola, sino “hermano mayor” o “hermano menor”.

La actual asociación estratégica entre Rusia y China conforma relaciones entre sujetos verdaderamente iguales. Su sentido es la cooperación más estrecha que no llega al nivel de unión. Este modelo fue elaborado con esfuerzo por los dos países, lo fueron armando a lo largo de toda la segunda mitad del siglo pasado, se condujo a partir de la normalización de las relaciones, iniciada ya a finales de los años 70, cuando llegó en Pekín al poder una conducción reformista. En 1982, el anciano secretario general del PCUS Leonid Brézhniev, reconoció a China como país socialista, con lo que volvían a ser “pares” y declaró que Rusia no tenía ninguna pretensión territorial con Pekín. Este proceso recibió su culminación con la visita histórica a China de Mijaíl Gorbachov en 1989, luego de la retirada soviética de Afganistán. Entonces, en mayo de ese año, Dèng Xiăopíng, el otro envejecido líder de China que pese a todo había conducido el inicio de una profunda transformación en su país, pronunció una sabia frase: “cerrar el pasado, abrir el futuro”.

La historia demostró que casi son imposibles los intentos de unión entre los dos gigantes continentales. Distintos gobierno de Rusia (o la URSS) y China propusieron este tipo de relaciones por lo menos en tres oportunidades: a finales del siglo XIX, en 1945 y en 1950. Cada vez la unión resultó inefectiva y perdió su contenido real mucho antes de la extinción formal de la vigencia del correspondiente tratado. Basta con decir que a finales de la década de los 60, cuando en la frontera soviético-china estallaron varios sangrientos conflictos, todavía regía el tratado de amistad, unión y ayuda mutua soviético-chino suscripto en 1950 para treinta años.

Al mismo tiempo la cooperación estratégica entre Moscú y Pekín, sin llegar al nivel de unión, tiene promisorias perspectivas ya que su base no está en la unión ideológica o en la similitud de los sistemas políticos (factores que, como lo evidencia la historia, pueden cambiar con frecuencia), sino en los reales intereses geopolíticos y económicos. Rusia necesita tener buenas relaciones con China tanto por motivos políticos como económicos. China es un socio estratégico fundamental de Rusia. Gracias precisamente a los lazos con ella (al igual que con otros países de Asia) la política rusa está capacitada para ser menos unilateral y adquirir su propia imagen. Rusia, de tal modo, se convirtió en uno de los centros de influencia mundial. China es uno de los más importantes socios económicos de Rusia. La cooperación con ella es imprescindible para el desarrollo de Siberia y del Lejano oriente. China es un socio regional importante para Rusia. En el marco de la OCS, en forma conjunta ambos países inciden en la resolución de tareas comunes para Asia Central: la lucha contra el fundamentalismo religioso y el terrorismo, el respaldo a los regímenes seculares de la región, al desarrollo económico y social de los Estados de la misma. Tiene una gran significación la cooperación con China en el nuevo y dinámico grupo de países BRICS.

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China, por su parte, también necesita a Rusia como socio geopolítico y económico en el plano estratégico. China está interesada en una Rusia estable y fuerte (aunque posiblemente no demasiado), capaz de convertirse en un independiente centro de fuerza. Una Rusia así le interesa a Pekín como un determinado contrapeso en sus complejas relaciones societarias y competitivas con los EE.UU. y con Europa Occidental. Como uno de los garantes en la instrumentación de una política exterior “independiente y autónoma”. La situación estable en las fronteras con Rusia, como con los demás vecinos, es importante para el desarrollo económico de China, es decir para la realización del objetivo central planteado por la actual conducción china. Por último, Rusia es para China una fuente primordial de algunos recursos que ella no puede adquirir en otros países ya sea en forma total (por ejemplo armamento) o en una medida insuficiente (por ejemplo hidrocarburos, madera y otras materias primas). Por eso precisamente Pekín durante los últimos años procura tenaz y constructivamente la resolución de problemas: fronterizos, migratorios y del comercio bilateral.

Pese a las eventuales discordancias de posiciones en determinadas cuestiones, algo natural en las relaciones entre dos grandes Estados independientes, a la competencia también natural entre determinadas compañías de ambos países, incluso grandes, que luchan activamente por los mercados, todo lo antedicho conforma una real y sólida base de asociación estratégica, que no pueden hacer tambalear problemas aislados. Por eso, precisamente, esta asociación está condenada a un desarrollo incesante, sea quien fuere el que se erija como líder en Moscú o en Pekín.

Alexánder Lukin es vicerrector de la Academia Diplomática de la Cancillería rusa