
Tatiana Vasílieva. Foto del archivo personal / Felix Broede / Flickr.com
La manera de pronunciar algunas palabras, la forma de reírse un poco más fuerte y vivaz que lo aceptable en esta afectada Moscú descubre en Tatiana a una siberiana. Empero, con la imagen de una franca e ingenua provinciana no concilia su programa de conciertos. Más que un programa es el sueño de cualquier gerente de aerolínea: Moscú-Viena-Buenos Aires-Varsovia-Gavle en Suecia-Tokio-Kémerovo en Siberia-París-Geven en Alemania-Cannes…
Tatiana se relaciona tranquila con esta forzada marcha musical, aunque algunos de estos periplos le dejaron impresiones no demasiado agradables. Su actuación en Venezuela, por ejemplo, es memorable no sólo por la maestría de la orquesta local y su director Claudio Abbado. En Caracas tenía permiso, al igual que los otros músicos, para moverse sólo entre el hotel y la sala de conciertos y además acompañada por una guardia armada. En cambio en San Paulo, durante un ensayo se encontró con una compañera de colegio de Novosibirsk, que había emigrado en los 90 y se casó con un músico de la Orquestra Sinfônica do Estado de São Paulo.

Entre bastidores
Tatiana llega por primera vez a la Argentina, trayendo consigo el concierto de Dmitri Shostakóvich. “Para mí, esta música tiene un significado especial –dice-. Rostropóvich estaba ya gravemente enfermo cuando interpretamos este concierto en su última gira. Pero de todas formas seguía siendo el más exigente oyente que se podría una imaginar. Shostakóvich le dedicó precisamente a él su concierto (compuesto en 1959). Recuerdo que en el ensayo me aprestaba a tocar una complicadísima cadencia a media máquina. Pero él no sólo no me lo permitió, sino que me obligó a interpretar el concierto dos veces más y ya sin orquesta. ¡Espero que mi ejecución no desencante al exigente público argentino!”. A propósito, Mstislav Rostropóvich fue condecorado dos veces por la República Argentina con la Orden de Mayo y la Orden de la Libertad, al igual que en Venezuela con la Orden de Francisco Miranda en 1° grado y en Ecuador con la Orden Nacional al Mérito. La Orquesta Filarmónica de Buenos Aires será dirigida por el chileno Maximiano Valdés.
Con maestro Mstislav Rostropóvich
Sobre el nuevo violonchelo que trae a Buenos Aires Tatiana cuenta casi con felicidad infantil. “Este instrumento me lo compró mi abuelo todavía en mi infancia pero nunca toqué en él. En casa se decía que era ‘italiano’ aunque mucho no le creíamos. Un día mamá me dice ‘ve a venderlo, ocupa un lugar inútil’”, cuenta. Por el camino hacia el negocio comisionista musical Tatiana resolvió mostrar el instrumento a un conocido maestro. “De momento no se sabe quién lo hizo, si Amati o Goffriller, pero en cualquier caso en un viejo instrumento italiano de finales del siglo XVII, me dijo. Con él encontré mi sonido ideal”. Vasílieva no oculta su felicidad ni su orgullo. Pero al instante agrega: “Por desgracia, a mediados de los años 50 fue sometido a una restauración por ineptos. Gracias a Dios, todo el año pasado se ocupó de él uno de los mejores luthiers del mundo, el francés Shmidt, de Lyon.

Foto de Mark Theiss / Flickr.com
Tatiana vuelve con nostalgia a su infancia en Novosibirsk, en los años 80, cuando había que hacer largas colas para lograr un paquete de arroz. “Recuerdo cómo en 1988 cambiamos un departamento de 3 ambientes en el centro de Novosibirsk por uno de dos ambiente en los suburbios de Moscú. Nos mudamos allí con mamá y mis abuelos. En la primera tarde no más apareció la vecina de abajo, por supuesto con un niño de brazos. ‘¡Por Dios, paren!’. Perdón, le contestamos, no pararemos y no vuelva más. La vez siguiente trajo a su hija para tomar clases. Mamá trabajaba de pedagoga en una escuela musical”, cuenta entre sonrisas Tatiana.
Pese a los seguros lazos familiares –todos los mayores en la familia eran músicos- su vida cambió de verdad, según sus palabras, luego que se mudó a Alemania. Al principio a estudiar en Colonia y luego al estudio de una artista independiente en Berlín. Surgieron las victorias en los concursos y los auténticos contactos creativos. Una vez en una velada les propuso a músicos de la Orquesta Filarmónica de Berlín tocar juntos. Desde entonces, dos semanas al año ellos brindan conciertos con su Quinteto Filarmónico de Cuerdas de Berlín. Dentro de un año confía en actuar en el festival de su natal Novosibirsk, por primera vez en todo este tiempo. En realidad, Tatiana se vuelve loca con el idioma japonés, que estudia por un manual, y por Japón, donde puede que comience una nueva etapa de su vida. Por ahora, termina de tomar su té y se marcha al aeropuerto.
Interpretando Bach juntos con bailarín japonés Saburo Teshigawara





