El destino de los “molokanes” en México | Rusia Hoy (América Latina)

Los molokanes. Imagen de Wikipedia

En México estos emigrados del Imperio Ruso, que se declaraban pertenecientes a los cristianos espirituales, se convirtieron en el centro de atención por su laboriosidad y honestidad, pero más que nada por sus costumbres religiosas. Ellos rechazaban muchos ritos religiosos establecidos, no reconocían los iconos, los templos, la autoridad de los sacerdotes ni la de los jerarcas de la iglesia. Se mostraban escépticos ante la canonización de la persona que fuere. Preferían comunicarse con Dios en sus casas de oración. Los molokanes se consideraban personas pacíficas, que ni siquiera tocan un arma. Fieles al principio “no matarás”, rechazaban el reclutamiento y eran enemigos de cualquier tipo de guerra. Llevaban una vida abstemia. Lo importante para ellos era hacer cosas buenas en consonancia con los preceptos cristianos. 

Las fuentes de la doctrina de los molokanes tienen sus raíces en el remoto pasado, pero en la segunda mitad del siglo XVIII sus partidarios empezaron a agruparse en grandes comunas en las regiones centrales y del sur de Rusia. Esto se produjo gracias a los predicadores ambulantes, que conocían profundamente la Biblia y la interpretaban de manera algo diferente que la iglesia oficial. Este movimiento religioso recibió el nombre de Cristianos Espirituales. “Los molokanes”. Era un fenómeno singular que surgió en Rusia sin ningún tipo de influencia eurooccidental, si bien las reuniones de oración de los molokanes son similares a las de las comunidades protestantes. 

El gran escritor ruso León Tolstoi valoraba a los malokales por su librepensamiento, por la disputa con la iglesia oficial, por el valor en las relaciones con las autoridades, por la pureza del alma y por su humildad. En la región de Samara asistía a las reuniones y oraciones, participaba en las charlas sobre el Evangelio, comía junto con los hospitalarios dueños de casa. “Los molokanes son personas interesantes en sumo grado” – escribía León Tolstoi. No en vano en su novela Resurrección introdujo como personajes a los campesinos molokanes, para transmitir al lector con mayor contraste los pensamientos sobre la búsqueda de la resurrección moral. 

Hasta los últimos días de su vida el escritor defendió la secta en su enfrentamiento con la iglesia y el poder. León Tolstoi seguía atentamente el creciente conflicto del gobierno con los molokanes por su rechazo al servicio militar obligatorio. Pero a principios del siglo XX se produjo un brusco viraje en la vida de los molokanes del Cáucaso del Sur. La mayoría de ellos en sus reuniones se pronuncian a favor de su traslado a los EEUU, donde no existía el servicio militar obligatorio. Más de la mitad de los miembros de la comuna recibieron pasaportes rusos. A las demás familias se les negó la salida del país porque tenían hijos grandes que debían hacer el servicio militar. Entonces, allende el océano zarparon entre 4 y 5 mil miembros de la secta. La mayoría de los molokanes se asentaron en la costa occidental de EEUU, en California. Grupos menores se dirigieron a América del Sur, fundamentalmente a la Argentina y Uruguay. 

En 1906 cerca de un centenar de familias de molokanes, mayoritariamente del Cáucaso del Sur, se trasladaron a México. Allí, en el Estado de Baja California, en el valle de Guadalupe, a 60 millas al sur de la frontera con EEUU, compraron tierras baldías a bajo precio. Las primeras casas fueron construidas de forma conjunta y junto a ellas se hacían jardines y huertos. En los campos cultivaban alfalfa, cebada, trigo.

Los primeros colonos guardaban celosamente las costumbres de los antepasados. Ellos mismos preparaban el pan, hacían comidas rusas, confecionaban ropa rusa, en casa hablaban únicamente en ruso e intentaban impedir los matrimonios con mexicanos. Sin embargo, en 1931 Masha Rudometkina fue la primera muchacha rusa en romper la tradición, contrajo matrimonio por la iglesia católica con un mexicano. Los jefes de la colonia dominaron su incontenible ira y se resignaron a los matrimonios mixtos, que empezaron a celebrarse cada vez con más frecuencia. El puñado de “peregrinos de Rusia”, tal como se denominaba a los molokanes en un libro sobre ellos, se iban asimilando poco a poco a la sociedad mexicana.

Un periodista del diario moscovita “Novy Izvestia” se llevó impresiones muy curiosas de un reciente encuentro con los descendientes de los molokanes en el valle de Guadalupe.

“Me dirigí al pueblo Francisco Zarko, nombre que lleva hoy la aldea de los molokanes. Allí en una tienda anexa al restaurante ruso de Iván Samarin vendían pan ruso, vino ruso y matrioshkas. El menú del establecimiento constaba únicamente de platos rusos: borsch (sopa con remolacha, col y otras verduras), empanadas, albóndigas. Pero en ese lugar confortable y hospitalario no hablaban en ruso. Allí mismo había un cartel colgado con la imagen de la Catedral de San Basilio en la Plaza Roja de Moscú y una inscripción en inglés: ‘Degusten el vino de David Bibáiev – el mejor vino de todo México’. 

“David Bibáiev era un hombre robusto y alto, llevaba un enorme sombrero. Según él, en el pueblo quedaban unos 10 rusos de pura cepa. Las personas con sangre eslava seguramente son más de un centenar. ‘Pero nosotros no nos olvidamos de nuestras raíces –prosiguió-. Con gran éxito usamos la ´marca rusa’ en nuestro negocio. ¿Acaso está mal? Mi vino, por ejemplo, es bien conocido en México y en la California norteamericana, y a la gente le gusta’. 

“Los Bibáiev enseñan a los turistas su hacienda vitivinícola y también les muestran con orgullo el museo casero, que relata la historia de los colonos molokanes. En él se guardan debajo de un cristal reliquias familiares: desde documentos y fotografías hasta la ropa que usaron los abuelos y abuelas”.

Se han escrito libros sobre la peculiar colonia rusa en México, pero podría decirse que las muestras museísticas permiten entrar en contacto con su historia. Parafraseando el título de una conocida novela de James Fenimore Cooper, de los actuales rusos del valle de Guadalupe se puede decir lo siguiente: “Los últimos molokanes”. Entre los actuales molokanes no existe el otrora aislamiento comunal, no todos se aferran a las vetustas tradiciones, muchos jóvenes hace ya mucho tiempo que no siguen los pasos de sus padres y encuentran otros caminos en la vida.