De dónde viene el nacionalismo ruso | Rusia Hoy (América Latina)

La llamada Marcha Rusa fue integrada en su mayoría por jóvenes claramente propensos a la violencia respecto a los forasteros. Foto de Kommersant

En las siete ediciones de la llamada Marcha Rusa, ésta fue integrada en su mayoría por jóvenes claramente propensos a la violencia respecto a los forasteros. Pero esta vez participaron muchos nacionalistas de aspecto respetable, más adultos, que se autodenominaban “moderados”.

Sin embargo, los nacionalistas no llegaron a ir todos juntos y se dividieron en columnas: los cabezas rapadas con máscaras, los fundamentalistas ortodoxos, los jubilados de a pie llevando iconos de santos y padres con hijos, de una apariencia normal y corriente a la primera vista. Al final de la procesión iban los nazis, con una bandera de la división de SS Totenkopf.

Toda esta gente llevaba lemas muy diversos, desde los tradicionales anticaucasianos y las coplillas populares antisemitas al son de las balalaikas hasta lemas en contra de Rusia Unida, el partido en el poder, y la islamización.

La manifestación contaba con una autorización oficial y se llevó a cabo sin violencia. El centro analista SOVA, especializado en el seguimiento de la xenofobia en Rusia, comunicó que durante la marcha se oyeron lemas encaminados a atizar el odio interétnico, algo que es condenado por la legislación. Sin embargo, la policía no ha reaccionado.

El nacionalismo en Rusia: sus orígenes

El sociólogo Liov Gudkov, director del Levada Center afirma que el lema nacionalista de Rusia para los rusos es compartido por hasta un 60% de los rusos, y alrededor del 50% de los habitantes de Moscú están de acuerdo con la idea de limitar la inmigración de personas de origen caucasiano y asiático hacia la capital. “El problema no está en que las tendencias xenófobas se propaguen desde las capas sociales bajas a unas capas más amplias, sino en que se debilita el rechazo de la sociedad respecto de estas tendencias”, puntualiza el investigador social.

El nacionalismo cotidiano en Rusia se inició a fortalecerse a mediados de los años 1990 y se hace muy notable después de la crisis de 1998, cuando el gobierno declaró la suspensión de pagos, muchas personas perdieron su trabajo, negocio y todos los ahorros. “En aquel momento la sociedad perdió la idea de las posibilidades de su desarrollo, y se necesitaron otras bases para la autaoafirmación nacional,” explica el sociólogo Liov Gudkov. Estas tendencias alcanzaron el máximo a mediados de los años 2000, cuando empezaron los porgoms en Kondopoga, Carelia, y en la región de Estávropol, y fueron perpetrados asesinatos crueles por razones étnicas.

Para ello existen varios motivos. Según Ígor Bunin, director general del Centro de Tecnologías Políticas, el primero consiste en que una gran parte de la población está desencantada con lo que hacen las autoridades. Un ejemplo claro es el mitin en 2010 de los hinchas de fútbol que reunió a varios miles de personas en Moscú, en la plaza Manézhnaia. Utilizaron lemas nacionalistas para exigir la instrucción del caso del asesinato de un hincha por oriundos del Cáucaso. “Fue la primera vez que el nacionalismo se fundió con la protesta social.  Fue una reacción ante el sentimiento de injusticia, ausencia de justicia real y posibilidades de influir legalmente en las autoridades,” comenta Gudkov.

El segundo motivo es la incongruente política de inmigración, cuando, teniendo en cuenta la reducción de la población rusa y la carencia de mano de obra, son bienvenidos los flujos de inmigrantes procedentes de regiones pobres del Cáucaso y Asia Central pero, por otra parte, estos procesos no se controlan y muchas veces tienen que ver con la corrupción. Con frecuencia son las propias autoridades quienes promueven ideas nacionalistas. Además, grandes sumas provenientes de la recaudación impositiva que van dirigidas al Cáucaso  se roban o se gastan de una manera poco transparente, lo que provoca el descontento de una parte de los rusos.

Otro motivo que indica el politólogo Nikolái Petrov, del Carnegie Center de Moscú, radica en el problema de la búsqueda de la identidad rusa. Según los datos del Levada Center, a finales de 1980 el nivel de nacionalismo en la Rusia soviética era más bajo que en otras repúblicas de la URSS. “Los rusos (es decir, los habitantes de la República Socialista Federativa de Rusia, que constituía la base de la URSS, nota de la redacción) tenían un tipo de conciencia imperial soviética, que no necesitaba de identidad étnica,” considera Gudkov. La independencia recobrada por las antiguas repúblicas soviéticas se basó en los movimientos de liberación nacional. Así fue en los países bálticos, en el Cáucaso y en Ucrania. Los rusos, por su parte, no tenían de quién liberarse. Además, en Rusia cohabitan 140 etnias, por lo tanto el camino del nacionalismo resulta totalmente contraindicado, afirma Petrov: “Cada etnia en Rusia, a diferencia de los turcos en Alemania, tiene su territorio histórico, por lo tanto el nacionalismo es el camino hacia la desarticulación del país.”

Quién es un ruso

Los sociólogos afirman que un nacionalista típico construye su identidad a través de la no aceptación de otras etnias, logrando con ello su autoafirmación. Entre los nacionalistas rusos una de las cuestiones principales se formula de esta manera: ¿quién es un ruso? Una parte de los que se consideran nacionalistas rusos intentan autoafirmarse a través de conceptos que van más allá de los criterios racistas.

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“El pueblo ruso está conformado por personas que, independientemente de su origen étnico, basan su conciencia en las tradiciones milenarias del Estado ruso, pertenecen a la cultura rusa, hablan la lengua rusa. El que trabaja para el país, es ruso”, declaró en una de sus entrevistas el historiador Yuri Krupnov. Esta interpretación es la que apoya también el estado ruso.

Diferencias de Europa nacionalista

Hoy en día todos los movimientos racistas o discriminatorios están prohibidos oficialmente en Rusia. Alexéi Navalni, un representante de la oposición al Kremlin que participó en la Marcha Rusa con lemas políticos, aseguró sin embargo que “en cualquier organización nacionalista más o menos  importante, si se le otorga la posibilidad de desarrollarse legalmente, aparecen líderes que irán evolucionando de tal manera que no parecerán más radicales que cualquier otro político de derechas en Europa”.

Los que se autodenominan nacionalistas moderados, a los que se han empezando a unir algunos políticos del corte liberal, exponen una permisiva experiencia europea. “Sin embargo –observa Gudkov- en Europa hay instituciones y movimientos sociales que se oponen a ello, hay debates que abarcan toda la sociedad y en una gran medida evitan el carácter agresivo del nacionalismo, mientras que en Rusia no tenemos nada de eso”.

Además, el nacionalismo en Europa pretende limitar los flujos de inmigración. “En Londres, Lisboa o París nadie dice que haya que expulsar a los forasteros,” comenta el sociólogo. Sin embargo, en Moscú, según los datos de Levada Center, hasta el 40% de los moscovitas abogan por la deportación forzada de inmigrantes de otras etnias.

El director del Levada Center considera que después de las manifestaciones nacionalistas en la plaza Manézhnaia, las autoridades sintieron la presencia “de una gran amenaza por parte del nacionalismo” y decidieron controlar las tendencias nacionalistas en la sociedad. “Las autoridades intentan no tanto luchar contra estas tendencias como absorberlas, como ya se hizo respecto de la protesta social”, concluye el sociólogo. El resultado es nulo, de esta manera los problemas no hacen más que persistir o agravarse, asegura Petrov: “Estos problemas hay que debatirlos ampliamente en la sociedad”.