
El director del Instituto de América Latina habla sobre las perspectivas de las relaciones entre la Argentina y Rusia luego de la reelección de Cristina Fernández de Kirchner. Foto del archivo
En declaraciones a Rusia Hoy, Davydov agregó que ese paso es “más lógico en comparación con muchos otros países. Primero, porque la Argentina participa en el G-20 y su postura en la reciente cumbre de Cannes es coincidente con la de los países BRICS, que tratan de promover su plataforma común referente al cambio de la arquitectura financiera y económica internacional. Segundo, porque la Argentina es el socio más cercano del Brasil, país que desde el mismo inicio forma parte del grupo, siendo junto con Rusia uno de sus fundadores. Tercero, por supuesto puede añadir su considerable peso específico, representando al mismo tiempo esta nueva visión latinoamericana que se evidencia tanto en el MERCOSUR como en la UNASUR y otras organizaciones regionales”.
RUSIA HOY: ¿Es posible pensar en el ingreso más o menos inmediato de la Argentina a los BRICS?
VLADÍMIR DAVYDOV: A mi juicio, el grupo BRICS está actualmente en un proceso de búsqueda de un modus vivendi adecuado al potencial de los cinco países miembros y al nuevo perfil de la economía mundial y de la política internacional. Pienso que el fenómeno BRICS no tiene precedentes. Por eso necesita desarrollar su propio modelo institucional. En virtud de estas circunstancias, no es recomendable a mi juicio su expansión a corto plazo.
Estos argumentos de alguna manera coinciden con la postura varias veces señalada por la presidenta argentina y que sin duda continuará siendo eje fundamental de su política internacional.
No se puede excluir un tipo de vinculación que diseñe una política internacional de transversalidad, que asocie en las grandes definiciones políticas a bloques como el MERCOSUR, la futura Unión Euroasiática de Putin o la Organización de Shanghái. Al fin y al cabo, ella es capaz de llenar una parte del vacío surgido en el campo de la regulación global al agotarse la eficiencia de los mecanismos de Bretton Woods. Pero se requiere un mayor grado de maduración y compatibilidad de los intereses estratégicos entre los países que se asocien a esta política. Las agrupaciones regionales y subregionales de diferente índole pueden cumplir un importante papel proyectando una nueva institucionalidad al nivel global.
¿El inicio de una nueva etapa en las centenarias relaciones entre la Argentina y Rusia, marcado tanto por la presidenta argentina como por el presidente Dmitri Medvédev en estos últimos años, podrá profundizarse si Vladímir Putin gana las elecciones en marzo de 2012?
Es lógico esperar tanto la ampliación como la profundización de nuestras relaciones. Las empresas argentinas quieren estar más presentes en el mercado ruso. Las empresas rusas, a su vez, buscan nuevos espacios en la Argentina. Esta misión comercial rusa preparada para fines de noviembre con la participación de grandes empresas de mi país es un claro ejemplo de ello. Pienso que se ha conformado una sólida plataforma común para nuestras seculares relaciones económicas. Ya existen tradiciones en este sentido, tenemos experiencias de colaboración en diferentes campos y ahora existe también un entendimiento político entre ambas partes. Y por supuesto, no podemos excluir de nuestros “cálculos” las emociones personales de los líderes nacionales. Como yo entiendo, el interés de Vladímir Putin hacia la realidad política, económica, cultural latinoamericana, abarcando desde luego la Argentina, su curiosidad y su inquietud por conocer las realidades del mundo latinoamericano favorecerán el desarrollo de las relaciones bilaterales entre nuestros países, su fortalecimiento y su enriquecimiento.
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¿Cuáles serían, a su criterio, las principales líneas de ese desarrollo y profundización en la relación económica entre la Argentina y Rusia?
Como ya le dije, tenemos antiguas tradiciones en la colaboración entre los dos países. Desde los tiempos soviéticos son bien conocidos en la Argentina nuestros equipos generadores para centrales hidroeléctricas. Nuestra tecnología coheteril antigranizo fue utilizada ampliamente y con gran éxito en varias zonas rurales de Argentina. Tanto en materia energética como en la protección de la agricultura de su país ante fenómenos meteorológicos, las posibilidades que brinda nuestra tecnología deberían ser muy requeridas.
Nuestras empresas y profesionales participaron activamente en la construcción portuaria de Bahía Blanca. Actualmente Rusia puede proponer una variedad de rubros en el área de transporte. El suministro de helicópteros rusos altamente competitivos, como los recién adquiridos por su Fuerza Aérea, es un sector sumamente promisorio de nuestras relaciones bilaterales. Se puede proponer el ensamblaje en la Argentina de camiones del tipo de los Ural o los KAMAZ, ya conocidos en la Argentina por anteriores colocaciones e incluso por la triunfal participación en el Dákar, para venderlos en el mercado argentino o en el espacio del MERCOSUR. Existen desarrolladas negociaciones sobre renovación y equipamiento ferroviarios. Son factibles, a mi juicio, asistencias de empresas rusas en los campos de la energía hidroeléctrica y nuclear, de la prospección geológica desde satélites y de otros servicios aero-espaciales.
A su vez, las empresas argentinas tienen buenas perspectivas en el mercado ruso ampliando la nomenclatura de productos alimenticios que ya se venden con éxito en nuestro país. No se excluye la venta de equipos para tratamiento de suelo y cosechas, el asesoramiento de profesionales argentinos en la transmisión de la avanzada tecnología argentina en el cultivo o cría del ganado así como en el procesamiento industrial de materia prima agropecuaria. En este campo son viables emprendimientos conjuntos en el territorio ruso.
¿Es posible pensar en acciones conjuntas en un plano político como, por ejemplo, el nuevo Tratado Antártico?
Es posible tomando como base metodológica las consultas bilaterales y multilaterales. La renovación del Tratado tiene que estar en la agenda internacional. Pertenece a los asuntos más impostergables actualmente en el derecho internacional, teniendo en cuenta la agudización de la carrera en la que están empeñados muchos países con el fin de lograr un mayor acceso a los recursos naturales básicos. Rusia y Argentina hace decenios colaboran en el estudio del continente antártico. Ambas tienen experiencia y conocimientos que sientan premisas para mantener una presencia activa en esta parte del mundo.
Durante largos años el ILA ha sido uno de los más destacados “faros” latinoamericanos en Rusia. ¿Es posible pensar en una integración académica y científica entre el ILA e instituciones similares en la Argentina?
Numerosas universidades rusas participaron recientemente en la Expo-Universidad, en Buenos Aires, y plantearon la posibilidad de un incremento sustancial en ese intercambio en el que, inevitablemente, debería participar el ILA. El ILA está dispuesto a todo tipo de colaboración que esté al alcance de sus posibilidades: canje, fellowship, simposios y proyectos conjuntos. Nuestro Instituto coopera con docenas de centros científicos extranjeros. Pero el contenido, la envergadura de esta cooperación son asuntos concretos. Dependen de los intereses y las posibilidades de las partes, de cada socio. Por supuesto estamos abiertos a nuestros colegas argentinos. Como regla ellos tienen un alto nivel profesional y pueden hacer un aporte considerable a la colaboración científica bilateral.




