‘El último emperador’ se baja del ring
Quizá deberíamos empezar explicando qué son las artes marciales mixtas,
disciplina poco conocida en España y buena parte de Latinoamérica. Se trata de
un deporte de combate que incorpora técnicas de múltiples diferentes artes
marciales, véanse judo, karate, taekwondo y kick boxing, entre otros. Conviene
aclarar que, aunque con normas orientadas al espectáculo (casi todo vale),
hablamos de una disciplina competitiva, seria, nada que ver con la feria de la
lucha libre americana. La MMA es la principal organización profesional de artes
marciales mixtas en el mundo, precisamente la que Emelianenko dominó con mano de
hierro durante casi una década en la categoría reina de los pesos pesados.
Más allá de su magnífica marca (35 victorias en 40 combates), su leyenda se
forjó en la forma, pues acostumbró a solventar sus combates por KO técnico en
cuestión de minutos, o incluso segundos. De las mencionadas 35 victorias, 23
llegaron por KO en el primer asalto, una superioridad nunca vista hasta la
fecha. En el ring, Emelianenko no exteriorizaba emociones, adoptaba un rictus
frío, distante, estoico… muy ruso. Daba igual que estuviese dominando el
combate o acabase de recibir un croché en la mandíbula, nada cambiaba esa
expresión ausente de su cara que tanto desorientaba a sus rivales.
Las artes marciales mixtas gozan de una amplia popularidad en Estados Unidos,
Japón y América central, donde las veladas se retransmiten por televisión de
pago y acostumbran a llenar pabellones
donde la capacidad se cuenta en 6 dígitos. No así en Rusia. A pesar de
contar con esta gran figura, la disciplina tiene todavía escasa repercusión, a
excepción del área de San Petesburgo. Es más, el propio Emilianenko, célebre en
otras partes del mundo, es poco menos que un desconocido en su patria, a lo que
contribuye en gran medida la sencillez de su estilo de vida y la discreción de
sus declaraciones.
Aunque nacido en territorio de Ucrania todavía en tiempos de la URSS, 1976, su
familia se mudó a Stary Oskol, una pequeña ciudad industrial al sur de Rusia,
cuando Fédor contaba sólo dos años. A pesar de sus importantes ingresos
económicos en la última década, Emelianenko ha mantenido allí su residencia,
llevando un estilo de vida tranquilo, cuasi espartano: le gusta la literatura
ortodoxa y relajarse en la banya (sauna tradicional rusa). Todo un contraste
con la mayoría de sus compañeros de profesión: jóvenes charlatanes llenos de
tatuajes, con el pelo teñido y bronceado de rayos uva. Emilianenko creció en el
seno de una familia sencilla de clase media, de padre soldador y madre maestra.
Desde joven, mostró interés por el deporte: el judo y el sambo, un tipo de arte
marcial originario de Rusia, cuyas siglas significan literalmente “defensa
propia sin arma”. Precisamente, será a través del sambo, como campeón nacional,
como inicia su carrera de élite, en 2002.
Es bien conocida la pasión del presidente Putin por las artes marciales y su
apoyo a las federaciones nacionales deportivas. De hecho, es practicante
habitual: cinturón negro de judo. Con Emelianenko le une amistad sincera que ha
tenido reflejo también en el ámbito político. El luchador apoyó activamente a
Putin en la campaña electoral de marzo y a su vez el presidente le nombró
recientemente miembro del Consejo de Educación Física y Deporte, por otra
parte, un puesto honorífico más que práctico. El día de su último combate,
celebrado en San Petesburgo, la familia de Fédor estaba en primera fila, mujer
y dos hijas, sentadas junto al presidente. Terminada la pelea ante el brasileño
Rizzo, que solventó en sólo 84 segundos, saltaron al ring a abrazar a su padre,
que tomó la palabra: “No me retiro por ninguna oferta fantástica. La razón por
la que no volveré a pelear es mi familia: mis hijas están creciendo sin su
padre, quiero pasar más tiempo con ellas”. Así, como padre de familia, se
despidió la mayor leyenda de la historia de las artes marciales
mixtas.
Los mejores combates de Fédor Emeliánenko


